Viernes, 16 de octubre de 2009

Carta de monseñor Juan Rubén Martínez, obispo de Posadas para el vigésimo séptimo domingo durante el año. (AICA)
 (4 de octubre de 2009)

Mes de las Misiones 

Este mes está especialmente dedicado a las misiones, a la oración y reflexión sobre la dimensión misionera que es la razón de ser de la misma Iglesia. El próximo domingo de hecho celebraremos la Jornada Mundial de las Misiones y el Santo Padre cada año nos envía un mensaje que este año se denomina: “Las naciones caminarán en su luz” (Ap. 21,24).

En estos domingos reflexionaremos sobre este tema de las misiones tomando algunos de los textos del Papa y también de la riquísima Carta pastoral de los obispos argentinos con ocasión de la Misión Continental, donde reflexionamos sobre este tema ligado a como vivir más hondamente el mandato del Señor: “Vayan y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a cumplir todo lo que les he mandado. Y yo estaré siempre con ustedes hasta el fin del mundo” (Mt. 28,18-20). Este mandato hemos experimentado especialmente en Aparecida en 2007, que nos necesita a los cristianos, a todos, como discípulos y misioneros de Jesucristo, el Señor.

El Santo Padre reflexiona sobre porque la Iglesia misiona: “Las naciones caminarán en su luz” (Ap 21,24). Objetivo de la misión de la Iglesia es en efecto iluminar con la luz del Evangelio a todos los pueblos en su camino histórico hacia Dios, para que en Él tengan su realización plena y su cumplimiento. Debemos sentir el ansia y la pasión por iluminar a todos los pueblos, con la luz de Cristo, que brilla en el rostro de la Iglesia, para que todos se reúnan en la única familia humana, bajo la paternidad amorosa de Dios.

Es en esta perspectiva que los discípulos de Cristo dispersos por todo el mundo trabajan, se esfuerzan, gimen bajo el peso de los sufrimientos y donan la vida. Reafirmo con fuerza lo que ha sido varias veces dicho por mis venerados Predecesores: la Iglesia no actúa para extender su poder o afirmar su dominio, sino para llevar a todos a Cristo, salvación del mundo. Nosotros no pedimos sino el ponernos al servicio de la humanidad, especialmente de aquella más sufriente y marginada, porque creemos que “el esfuerzo orientado al anuncio del Evangelio a los hombres de nuestro tiempo... es sin duda alguna un servicio que se presenta a la comunidad cristiana e incluso a toda la humanidad” (Evangelii Nuntiandi, 1), la cual “está conociendo grandes conquistas, pero parece haber perdido el sentido de las realidades últimas y de la misma existencia” (Redemtoris Missio, 2).

El Papa señala la necesidad que la humanidad tiene de Dios, que en el silenciamiento, omisión u oposición a su creador se desdibuja hasta la misma maravillosa dignidad humana: “La humanidad entera tiene la vocación radical de regresar a su fuente, que es Dios, el único en Quien encontrará su realización final mediante la restauración de todas las cosas en Cristo. La dispersión, la multiplicidad, el conflicto, la enemistad serán repacificadas y reconciliadas mediante la sangre de la Cruz, y reconducidas a la unidad”. En este sentido podemos señalar que cuando en diversos espacios, como en el ámbito científico, educativo…, se lo pretende eliminar a Dios, se niega la necesaria dimensión religiosa que hay en todo hombre, varón y mujer, y se toma una postura ideológica por una visión  materialista del hombre. El Papa Benedicto en Aparecida señalaba que analizar la realidad sin Dios, que es la causa fundante de la misma realidad, siempre llevó a conclusiones erróneas que terminan siendo motivo de sufrimiento para la humanidad.

En la acción misionera la Iglesia tiene su misma razón de ser: “La misión universal debe convertirse en una constante fundamental de la vida de la Iglesia. Anunciar el Evangelio debe ser para nosotros, como lo fue para el apóstol Pablo, un compromiso impostergable y primario.

La Iglesia universal, sin confines y sin fronteras, se siente responsable del anuncio del Evangelio a pueblos enteros. Ella, germen de esperanza por vocación, debe continuar el servicio de Cristo al mundo… La Iglesia busca transformar el mundo con la proclamación del Evangelio del amor, “que ilumina constantemente a un mundo oscuro y nos da la fuerza para vivir y actuar”

Al ahondar sobre la dimensión misionera en este mes de octubre, no dudamos en tener conciencia que desde este anuncio se juega un servicio clave a la cultura de nuestro tiempo.

¡Un saludo cercano y hasta el próximo domingo!

Mons. Juan Rubén Martínez, obispo de Posadas 


Publicado por verdenaranja @ 22:51  | Hablan los obispos
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios