Viernes, 23 de octubre de 2009

Puntos para una mañana de reflexión a la luz de la Carta del Papa al inicio del Año Sacerdotal.

AÑO SACERDOTAL
PRIMER RETIRO DEL CURSO 2009-10

Fidelidad de Cristo. Fidelidad del sacerdote. Una llamada a la renovación interior, para que su testimonio evangélico en el mundo de hoy sea más intenso e incisivo.

"Estamos ante un Año Sacerdotal en el que nosotros somos los primeros destinatarios y, consecuentemente, los protagonistas principales. Será un año para redescubrir, nosotros y el pueblo de Dios, la belleza y la importancia del sacerdocio. Será un tiempo de gracia para renovación interior, para impulsar la vivencia alegre de nuestro ministerio, para profundizar en la fraternidad sacerdotal y en relación con el Obispo" (Carta de nuestro Obispo a los sacerdotes, el 1 de junio de 2009).

Fidelidad de Cristo. "Firme es su misericordia con nosotros. Su fidelidad dura siempre" (Salmo 116.) Moisés habla al Faraón en nombre del "Que es". "Dad gracias al Señor, porque es eterna su misericordia" (Salmo 117). "El Señor lo ha jurado y no se arrepiente: tú eres sacerdote para siempre" (Salmo 119).

"El sacerdocio es el amor del corazón de Jesús" (Santo Cura de Ars). Esta expresión nos lleva a contemplar con admiración el gran don, que supone para la Iglesia y para la humanidad entera, el sacerdocio:

- Los sacerdotes que cada día se identifican a las palabras y gestos de Cristo que repiten cada día.
- Fidelidad entusiástica de los sacerdotes que, a pesar de las dificultades e incomprensiones, perseveran en su vocación de "amigos de Cristo".
- Situaciones de sufrimiento por participar de la experiencia humana del dolor y la incomprensión.
- Sufrimiento de la Iglesia por la infidelidad de algunos de sus ministros. En estos casos, es el mundo el que sufre el escándalo y el abandono.

El método pastoral del Santo Cura de Ars.

1.  En primer lugar, su total identificación con el propio ministerio.

"En Jesús, Persona y Misión tienden a coincidir...De modo análogo y con toda humildad, también el sacerdote debe aspirar a esta identificación".

2. Una vida centrada en la Eucaristía.

El Santo Cura de Ars enseñaba con su testimonio de vida: sus fieles aprendían a orar al verlo y a través de sus constantes invitaciones a hacerla.

"Dicha educación de los fieles en la presencia eucarística y en la comunión era particularmente eficaz cuando lo veían celebrar. Les decía: "Todas las buenas obras juntas no son comparables al Sacrificio de la Misa, porque son obras de los hombres, mientras la Misa es obra de Dios".

Estaba convencido de que todo el fervor en la vida del sacerdote dependía de la Misa: "La causa de la relajación del sacerdote es que descuida la Misa. Dios mío, "qué pena el sacerdote que celebra como si estuviese haciendo algo ordinario".

3. Del altar al confesionario: "el diálogo de salvación".

Los sacerdotes no deberíamos resignarnos nunca a ver vacíos los confesonarios ni a limitarnos a constatar la indiferencia de los fieles hacia este sacramento.

Los sacerdotes podemos aprender del Santo Cura de Ars, no sólo una confianza infinita en el sacramento de la Penitencia, que nos impulse a ponerlo en centro de nuestras preocupaciones pastorales, sino también en el método del "diálogo de salvación" que en él se debe entablar.

El Cura de Ars consiguió en su tiempo cambiar el corazón y la vida de muchas personas porque fue capaz de hacerles sentir el amor misericordioso del Señor.

Las almas cuestan la sangre de Cristo y el sacerdote no puede dedicarse a su salvación sin participar personalmente en el "alto precio" de la redención.

4. Un vigoroso testimonio evangélico.

"El hombre contemporáneo escucha más a gusto a los que dan testimonio que a los que enseñan, o si escucha a los que enseñan, es porque dan testimonio". (Pablo VI).

Para que no nos quedemos existencialmente vacíos, debemos preguntarnos constantemente: ¿Estamos realmente impregnados por la palabra de Dios? ¿Es ella en verdad el alimento del que vivimos, más que lo que pueda ser el pan y las cosas de este mundo? ¿La conocemos? ¿La amamos? ¿Nos ocupamos interiormente de esta palabra hasta el punto de que realmente deja una impronta en nuestra vida y forma nuestro pensamiento? Así como Jesús llamó a los Doce para que estuvieran con Él (cf Mc 3,14), y sólo después los mandó a predicar, también en nuestros días los sacerdotes estamos llamados a asimilar el "nuevo estilo de vida" que el Señor Jesús inauguró y que los Apóstoles hicieron suyo...

5. Colaboración con los laicos, formando un único pueblo sacerdotal.

El Concilio Vaticano II recomienda encarecidamente a los presbíteros a "reconocer sinceramente y promover la dignidad de los laicos y la función que tienen como propia en la misión de la Iglesia... Deben escuchar de buena gana a los laicos, teniendo en cuenta sus deseos y reconociendo su experiencia y competencia en los diversos campos de la actividad humana, para poder junto con ellos reconocer los signos de los tiempos".

6. Íntima comunión de los presbíteros con su Obispo.

El ministerio ordenado tiene una radical "forma comunitaria" y sólo puede ser desempeñado en la comunión de los presbíteros con su Obispo.

7. El modelo de Pablo.

Finalizado el Año Paulino, nos pueden quedar como recuerdo estos pensamientos del Apóstol como programa sacerdotal: "Nos apremia el amor de Cristo, al considerar que, si uno murió por todos, todos murieron. Cristo murió por todos, para que los que viven, ya no vivan para sí, sino para el que murió por ellos" (2 Co 5, 14-15)

8. Confiados a María, madre de los sacerdotes.

"Confío este Año Sacerdotal a la Sanísima Virgen María, pidiéndole que suscite en cada presbítero un generoso y renovado impulso de los ideales de total donación a Cristo y a la Iglesia que inspiraron el pensamiento y la tarea del Santo Cura de Ars".

A pesar del mal que hay en el mundo, conservan siempre su actualidad las palabras de Cristo a sus discípulos en el Cenáculo: "En el mundo tendréis luchas; pero tened valor: yo he vencido al mundo" (Jn 16,33) La fe en el Maestro divino nos da la fuerza para mirar con confianza al futuro. Queridos sacerdotes, Cristo cuenta con vosotros. A ejemplo del Santo Cura de Ars, dejaos conquistar por Él y seréis también vosotros, en el mundo de hoy, mensajeros de esperanza, reconciliación y paz.

A la luz de los objetivos del Año Sacerdotal y de los puntos expuestos: ¿Qué espera el Señor de mí, en este año, respecto a retiros, ejercicios espirituales, preocupación de las vocaciones, acontecimientos de la vida ordinaria de los compañeros y celebraciones diocesanas, especialmente las referentes a los sacerdotes...?


Publicado por verdenaranja @ 21:11  | A?o Sacerdotal
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