Domingo, 25 de octubre de 2009

Comentario a las lecturas del domingo treinta del Tiempo Ordinario B publicado en el Diario de Avisos el domingo 25 de Octubre de 2009 bajo el epígrafe “DOMINGO CRISTIANO”.

Camino del gol

Daniel Padilla

He sido un negado para el deporte, lo confieso. Pero, sin embargo, soy admirador del fútbol creativo, rompedor, de imagi­nación, el que trata de sortear todos los sistemas defensivos y todos los cerrojos, con tal de llegar a meta y chutar a gol. Opino, por tanto, que "la mejor defensa es un buen ataque".

No voy a hacer una crónica depor­tiva. Simplemente quiero decirles que me gusta Bartimeo, el hijo de Timeo. Porque, rompiendo toda la presión que le hacían -"le querían hacer callar"-, burlando los cerrojos contrarios, grita que te grita, se llegó a la meta (Jesús) y chutó a puerta: "Jesús, hijo de David, ten compasión de mí".

Tengo el convencimiento de que, en nuestro camino cristiano, quien no adopte esa táctica de valentía, de riesgo, de lanzarse a burlar barreras y ataduras -juego destructivo, en defini­tiva, que es el que impera- no llegará nunca a la luz. Lo más que conseguirá es aclimatarse a una dorada medianía, de perfiles turbios, en donde esca­searán los criterios sólidos y las volun­tades recias. Vivirá en un constante "empate a cero".

Y eso no le pega a un cristiano de verdad. El cristiano ha de ser, por definición, un buscador de Dios. La fe no es la posesión tranquila de la verdad, una recitación y aceptación obedien­cial del dogma y las normas, sin más. Lo primero, porque el dogma y las nor­mas pueden ser cada vez mejor expli­cados. Y lo segundo, porque cual­quiera de nosotros, aunque creamos en Jesús, no lo conocemos suficiente­mente. Hay muchos estratos de su ser, de su mensaje, a los que no hemos lle­gado. Por eso recitaba el salmista: "Tu rostro buscaré, Señor, no me escondas tu rostro".

Como Bartimeo, por tanto, hay que salir cada día al camino. A ver si nos llega más luz de ese "Jesús que pasa". El haber descubierto a Jesús no es el final de una búsqueda, sino el comienzo. "No me buscan si no me hubieran encontrado", decía Pascal. Y Cabodevilla, comentando estas cosas, advierte: "Las verdaderas creencias, más que respuestas aquietadoras, son preguntas inquietantes", porque "bucamos respuestas y hallamos nuevas preguntas". Eso mismo le pasaba a aquel buscador de Dios que fue San Agustín: "Lo buscamos para encon­trarlo [a Dios]; pero tenemos que bus­carlo también después de haberlo encontrado. Él está oculto para que, antes de encontrarlo, lo busquemos. Y, como es inmenso, lo busquemos también una vez encontrado".

Ahora bien, en una búsqueda, igual que Bartimeo, hemos de encontrar obstáculos y presión de oposición. Dentro de nosotros, ante todo. Por ejemplo, el comodismo. ¡Se vive tan bien en la nube del dulce no hacer nada! ¡Es tan confortable la evasión! Por ejemplo también, el miedo al riesgo y al compromiso. Lo confesaba también San Agustín: "Temo al Jesús que pasa".

Obstáculos de fuera, en segundo lugar. Sepan bien los Bartimeos de hoy que van a ser muchos -amigos y ene­migos, familiares y conocidos- los que les van a decir "que no griten su fe, que no es prudente hacerlo, que hoy no se lleva y que lo mejor es seguir la corriente". Es la prevalencia del juego destructivo sobre el creativo. La resig­nación al empate a cero por encima del juego creativo. Lo nuestro es pro­clamar y avanzar.


Publicado por verdenaranja @ 9:32  | Espiritualidad
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