Jueves, 29 de octubre de 2009

La Argentina necesita de hombres coherentes.
Buenos Aires, 23 Oct. 09 (
AICA) 

Pbro. Alberto Bustamante, presidente del CONSUDEC

El presidente del Consejo Superior de Educación Católica (CONSUDEC), presbítero Alberto Bustamante, consideró que la Argentina necesita padres, sacerdotes, docentes, jóvenes, alumnos y ciudadanos “coherentes”, al advertir que “nuestro pueblo humilde y trabajador, aquel del cual decía Leopoldo Marechal que ‘siempre recoge del mar las botellas con mensajes de naufragio’, está harto de incoherentes, harto de chicaneros, de mentirosos, de soberbios, de aquellos que ponen cara de poner y lo único que hacen es sacar. Harto de contemplar el espectáculo dantesco de dirigentes intelectualmente mediocres, espiritualmente empobrecidos y éticamente corrompidos”.

     En su habitual editorial, que reproduce AICA, el sacerdote lamentó que “nuestra querida Patria, de cara al Bicentenario, se encuentra transitando por laberintos de incoherencias que le impiden proyectarse hacia un futuro de realización, de grandeza”, y destacó, por el contrario, la fiesta de la coherencia que significó la entrega de las distinciones Divino Maestro.

    “Por eso festejamos el testimonio de estos hermanos nuestros que sembraron vida coherente, convencidos de que el camino para la realización colectiva es que cada uno decida sembrar el bien”, explicó.

Texto del editorial

     “Cuando Jesús llegó con sus discípulos a una propiedad llamada Getsemaní, les dijo: «Quédense aquí, mientras yo voy allí a orar». Y llevando con él a Pedro y a los dos hijos de Zebedeo, comenzó a entristecerse y a angustiarse. Entonces les dijo: «Mi alma siente una tristeza de muerte. Quédense aquí, velando conmigo». Y adelantándose un poco, cayó con el rostro en tierra, orando así: «Padre mío, si es posible, que pase lejos de mí este cáliz, pero no se haga mi voluntad, sino la tuya»…
    Se alejó por segunda vez y suplicó: «Padre mío, si no puede pasar este cáliz sin que yo lo beba, que se haga tu voluntad»…
     Nuevamente se alejó de ellos y oró por tercera vez, repitiendo las mismas palabras.” (Mateo 26,36-44)

     Con gozo, espíritu fraterno y familiar, Consudec ha celebrado una vez más la entrega de la distinción Divino Maestro.

     Ha querido reconocer a aquellos docentes que a lo largo de su peregrinar educativo han gritado con su vida el Evangelio de la coherencia.

     Cristo es el Gran Coherente, “no se haga mi voluntad sino la tuya” dirá en el momento de la suprema entrega. Coherencia en la obediencia de aquel que sabiéndose llamado camina según ese llamado.

     “Cristo piensa coherentemente porque piensa lo que siente y lo que hace. Siente coherentemente porque siente lo que piensa y lo que hace. Obra coherentemente porque hace lo que siente y lo que piensa. Coherencia obediencial, coherencia transparente, coherencia que no tiene nada que ocultar, coherencia que es pura bondad y que vence al mal con ese bien coherente de haberse ofrecido para hacer la voluntad del Padre.” (Cardenal Jorge Bergoglio)

     Homenajeamos a todos aquellos que han querido ser coherentes.

     A todos aquellos que obedecieron al llamado de Padre y entregaron su vida en la siembra educativa.

     A todos aquellos que decidieron poner su carne en el asador y avalar con ella y con su vida aquello que predicaron.

     A todos aquellos que descubrieron que la coherencia no se estudia, no se compra sino que se va labrando en un corazón orante y humilde que se deja cincelar por Dios.

     A todos aquellos que decidieron caminar junto a sus alumnos en la escucha, en la comprensión, en el capacitarse para servirlos cada día mejor.

     A todos aquellos que fueron mucho mas allá del estatuto y el frío cumplimiento “de lo que me corresponde hacer”.

     A todos aquellos que decidieron hacerse cargo sin andar esperando que otros lo hagan primero.

     A todos aquellos que no enterraron especulativamente su talento sino que lo pusieron a disposición.

     A todos aquellos que no preguntaron para asistir si la reunión era obligatoria, daba puntaje o descontaban el día.

     A todos aquellos que optaron por no mentir, por no chicanear, por no engañar

     ¡Cómo necesitamos ser coherentes!

     Nuestro pueblo humilde y trabajador, aquel del cual decía Leopoldo Marechal que “siempre recoge del mar las botellas con mensajes de naufragio”, está harto de incoherentes, harto de chicaneros, de mentirosos, de soberbios, de aquellos que ponen cara de poner y lo único que hacen es sacar. Harto de contemplar el espectáculo dantesco de dirigentes intelectualmente mediocres, espiritualmente empobrecidos y éticamente corrompidos.

     Nuestra querida Patria, de cara al Bicentenario, se encuentra transitando por laberintos de incoherencias que le impiden proyectarse hacia un futuro de realización, de grandeza.

     Por eso festejamos el testimonio de estos hermanos nuestros que sembraron vida coherente, convencidos de que el camino para la realización colectiva es que cada uno decida sembrar el bien.

     Necesitamos padres coherentes, sacerdotes coherentes, docentes coherentes, jóvenes coherentes, alumnos coherentes, ciudadanos coherentes.

     Sabemos que esto no es fácil. Solo Jesucristo pudo unir con plenitud ser el mensaje y el mensajero. Solo él es la coherencia en plenitud.

     Nosotros tenemos que tratar, con la Gracia de Dios, de acortar esa brecha. Decía el Papa Pablo VI: “Una necesidad de coherencia nos obliga a salir de la mediocridad, de la tibieza, de la superficialidad, del doble juego de la adhesión positiva al Evangelio que hemos prometido, y de una concesión permisiva … que nos hace traicionar la cruz…Nosotros, que tenemos la fortuna y la responsabilidad de ser bautizados, sabremos deducir de este hecho decisivo y maravilloso el estilo y la energía de una vida fuerte y nueva. La austeridad de la cruz no deberá hacernos retroceder ante un compromiso cristiano valiente, sino atraernos al mismo. Eduquemos de nuevo nuestra conducta de acuerdo con el carácter genuino y viril del seguidor de Cristo; de esta forma daremos autenticidad y vitalidad a nuestra profesión cristiana y, con la ayuda de Dios, nos capacitaremos para llevar a nuestro mundo el mensaje renovador y beatificante del reino de Cristo» (Catequesis del 19 de septiembre de 1973)

     Suenan proféticas las palabras de los Obispos Argentinos en el documento “Iglesia y comunidad nacional” cuando nos invitaban, precisamente, a llevar a nuestra Patria el mensaje renovador del evangelio: “Hemos de reanudar el esfuerzo de recuperarnos a partir de la inspiración del humanismo cristiano que nos ha dado origen, de una identidad forjada a lo largo de más de cuatro siglos, y de una renovación de nuestro propio ser, que nos permite crecer y madurar.”(197)

     En los homenajeados con la distinción del Divino Maestro, en definitiva hemos reconocido “la inspiración del humanismo cristiano que nos ha dado origen”, humanismo hecho coherencia, que anhelamos se contagie para bien de nuestra querida Nación.+


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