Mi?rcoles, 11 de noviembre de 2009

Artículo semanal del Padre Fernando Lorente, o.h. publicado en EL DÍA  el miércoles 9 de Noviembre de 2009 en la sección CRITERIOS bajo el epígrafe “Luz en el Camino”. 

LUZ EN EL CAMINO FERNANDO LORENTE, O.H. *

 El dinero 

CUANDO SE EMPLEA el dinero con normalidad se hace de él un medio de vida que le beneficia a uno mismo y a los demás. Pero desde siempre, y sobre todo actualmente en el interior de una sociedad de consumo, el dinero ha sido y está siendo un medio de disfrute, de materialización de la vida, y también de dominio. Está en el fondo de todas las prostituciones; no sólo cede la prostitución vulgar, sino más profundamente en la raíz de esa alienación que empuja al ser humano a la satisfacción de las necesidades de una vida sin alma. En este sentido, es injusto, sumamente peligroso, emplear así el dinero. 

El dinero justo es el que, ganado honradamente, procura lo necesario para una vida holgada, El dinero se vuelve perjudicial para aquellas personas que lo convierten en el medio de satisfacer la vanidad, el orgullo, la lujuria, el egoísmo, el poder. O también -el engaño más corriente- el de la presunción de gozar de puestos sociales que no les corresponde con los recursos normales que reciben por el trabajo de su profesión. Ese es el terreno de la injusticia denunciada por el Evangelio. Ese terreno es posible transformarlo en terreno de caridad canalizando el dinero hacia los que están en la necesidad o simplemente administrándolo con justicia. Cuando se tiene mucho dinero, ¿no es porque, en muchos casos, otros no tienen lo que les corresponde? Por eso, qué bueno es plantearse esta pregunta: ¿por qué el dinero se vuelve tan pronto un mal amo? Porque el amor sólo al dinero es en realidad el amor a sí mismo; el culto del dinero es el culto del egoísmo. No se pueden llevar adelante la adoración a Dios y el culto de sí, del propio disfrute, del propio dominio orgulloso. El dinero, sin dejar de reconocer el valor social que tiene, cuando se emplea rectamente, debe quedar en algo exterior a nosotros, no es nuestro bien total. Pero si lo administramos de forma útil, según las exigencias de la justicia y de la caridad, entonces se nos dará nuestro verdadero bien, el bien del que Dios dispone. 

Se ha escrito de Cristina Onassis, la gran millonaria de su tiempo, esta afirmación suya: "Soy tan pobre que sólo tengo dinero". Al que sólo tiene dinero o aspira a más le faltan muchas cosas para ser una persona en plenitud: feliz, serena, formada, sociable, sensible y solidaria social y cristianamente. La calidad humana de una persona no la proporciona el dinero. La calidad del ser humano surge del corazón del mismo y éste es grande en la medida que es abierto y generoso en hacer el bien con el dinero, nunca en malgastarlo o en conseguirlo injustamente. 

* Capellán de la clínica S. Juan de Dios


Publicado por verdenaranja @ 22:39  | Espiritualidad
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