Mi?rcoles, 18 de noviembre de 2009

Reflexión para sacerdotes en una mañana de retiro en el arcipretazgo de La Orotava - Tenerife, Noviembre 2009. 

Servidores...
en el mundo
 

“Ustedes me llaman Maestro y Señor; y tienen razón, porque lo soy. Si yo, que soy el Señor y el Maestro, les he lavado los pies, ustedes también deben lavarse los pies unos a otros. Les he dado el ejemplo, para que hagan lo mismo que yo hice con ustedes. Les aseguro que el servidor no es más grande que su señor, ni el enviado más grande que el que lo envía. Ustedes serán felices si, sabiendo estas cosas, las practican”. (Jn 13, 13-17) 

“Pero ahora voy a ti, y digo esto estando en el mundo, para que mi gozo sea el de ellos y su gozo sea perfecto. Yo les comuniqué tu palabra, y el mundo los odió porque ellos no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo. No te pido que los saques del mundo, sino que los preserves del Maligno. Ellos no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo. Conságralos en la verdad: tu palabra es verdad. Así como tú me enviaste al mundo, yo también los envío al mundo”. (Jn 17, 13-18) 

En este segundo momento, les invito a contemplar el mundo, entendido globalmente como conjunto de la creación y del que no podemos ausentarnos totalmente, desde un doble aspecto: lugar en el que "estamos" y lugar al que hemos sido "enviados". El segundo aspecto está claro desde la perspectiva sacramental, tal y como atestiguan los textos anteriores pues el Maestro pide que repitamos sus "gestos salvíficos" a todos aquellos con los que nos tropecemos en el ejercicio de nuestro ministerio. 

Pero no podemos ser ingenuos y creernos inmunes del ambiente en el que "vivimos", pues la ingenuidad conseguirá que no evitemos riesgos y que seamos testigos del derrumbe de nuestras seguridades personales y, porque constitutivamente somos sacerdotes, contemplaremos, simultáneamente, el derrumbe de "otro Cristo", no al estilo del grano de trigo que muere para dar fruto, sino más bien como aquel que se estropea y no sirve para sembrarlo. 

Por eso, describamos nuestra sociedad y descubramos lo que en ella nos afecta a partir de la reflexión de Monseñor Juan María Uriarte, Obispo de San Sebastián, que ofreció en el Encuentro de Delegados y Vicarios para el Clero, celebrado entre los días 27 y 29 de mayo de este año. 

Quizás no hayan elementos radicalmente novedosos, pero sí creo que son claros, concretos y descritos con cariño. Elementos indispensables para que sus palabras no hieran, sino más bien ayuden a diagnosticar las heridas y sirvan de bálsamo que nos sostengan hasta que logremos curarlas del todo. Adentrémonos, de la mano de Mons. Uriarte, en la complejidad del tejido social en el que nos movemos y, terminemos aportando alguna solución ante un gigante frente al cual seguimos siendo el David que, con la onda de la oración en la mano, venceremos...  

(REFLEXIÓN A PARTIR DEL TEXTO DE MONS. JUAN MARÍA URIARTE)
(
MATERIAL ANEXO) 

Ante esto, ¿qué hacer? Seguro que todos nos hemos visto reflejados en alguno de los puntos que plantea Mons. Uriarte. Seguro, además, que ya lo hemos contrastado con nuestros acompañantes espirituales y, seguro igualmente, que estamos esforzándonos por vivir el ministerio en medio de contradicciones. Pero me parecía sugerente terminar el retiro no con el texto de una "radiografía de la cultura actual", sino con elementos espirituales útiles para dar respuesta a los retos que esta cultura nos plantea porque en ella están los rostros y los nombres de aquellos y aquellas a quienes hemos sido enviados... iA SERVIR! Por eso, que sean también las palabras de Mons. Uriarte, recogidas en una obra que lleva por título: Ministerio presbiteral y espiritualidad, las que nos vuelva al "estilo" de un retiro sacerdotal en el que se pretendía que la oración, el contacto con el Maestro, sirviera de oasis en medio del erial en el que a veces lo anunciamos y lo hacemos presente. De ahí que sea preciso saber orar, a partir de lo que somos y hacemos, a partir de nuestra realidad de presbíteros en medio del mundo, Mons. Uriarte llama a esta oración, la "Oración apostólica" y cuando la describe afirma lo siguiente: 

"La oración apostólica tiene cuatro características fundamentales: 

1. Es una oración que tiene su origen, su cantera, en la Escritura. No en la liturgia, sino en la lectura creyente de la realidad. La vida real de la gente, de nuestra gente, de la sociedad y de la Iglesia.

2. La lectura creyente que da origen a la oración apostólica del cura es realizada con ojos de pastor. [...] La oración del pastor ha de ser sensible a todas las dimensiones de la vida de su gente. Pero ha de ser singularmente sensible a su situación de fe.

3. Es una oración intensa y frecuente, muchas veces desde la brevedad del instante. Dice Lyonnet: `Prepara, acompaña e incluso releva a la acción apostólica cuando ésta no es posible'. 

4. Es una oración cuyos dos sentimientos fundamentales son el gozo de ver los signos de la acción liberadora y salvadora de Cristo en la gente y el deseo de verlos crecer y desplegarse en toda su comunidad. [...] El deseo que anima nuestra oración se concreta en formas diferentes: 

a. Orar 'con el corazón lleno de nombres'. Confiar al Señor la vida, los problemas
y la suerte de cada una de las personas y grupos de nuestra comunidad.
b. Orar desde la impotencia pastoral que con tanta frecuencia experimentamos.
c. Orar desde las dificultades de nuestro ministerio.
d. Orar cargado con los problemas de la gente como el Siervo de Vahvé, cargado por el peso de sus hermanos.
e. Una oración que confía al Señor y a su Espíritu el futuro de la Iglesia.  

[...]También sería recomendable hacer, diariamente, una lectura creyente de la propia vida. Tiene mucho que ver con el examen de conciencia y en el fondo [...] se trataría de dedicar unos minutos a ver el paso de Dios por nuestra vida y por la vida de los nuestros. [...] Es sorprendente recoger, al final de la jornada, las llamadas de Dios a las que, al estar en tantas cosas, no hemos podido atender explícitamente." 

«La mayor desgracia para nosotros los párrocos es que el alma se endurezca" (S. Juan María Vianney)


Publicado por verdenaranja @ 22:43  | A?o Sacerdotal
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