Mi?rcoles, 25 de noviembre de 2009

Homilía de monseñor Carmelo Juan Giaquinta, arzobispo emérito de Resistencia para el trigésimo segundo domingo durante el año. (AICA)
(25 de octubre 2009)


La lógica “ilógica” del Evangelio 

1. El Evangelio de hoy, Mc 12,38-44, contiene dos escenas y enseñanzas profundamente relacionadas. La primera: los escribas ostentosos y ávidos de riquezas. La segunda: la viuda pobre, capaz de dar todo lo que tiene.  

I.“Una viuda humilde dio todo lo que poseía”

2. La liturgia nos invita a prestar atención a la segunda escena. Para ello propone como primera lectura un pasaje del primer libro de los Reyes, en el que otra viuda amasa un pan para el profeta Elías con el último puñado de harina que le queda. En este caso hubo un efecto maravilloso: “el tarro de harina no se agotó ni se vació el frasco de aceite” (1 Re 17,16). En el caso de la viuda del Evangelio lo hubo también: “ha puesto más que cualquiera de los otros, porque… ella, de su indigencia, dio todo lo que poseía” (Mc 12,44). 

II. Cuando “mucho” es poco, y “poco” es mucho

3. Jesús nos hace descubrir una lógica distinta de la que conocemos. Según él, “mucho” puede ser “poco”, como en el caso de “los ricos que daban en abundancia”. Y “poco” puede ser mucho, como en el caso de la viuda pobre que “colocó dos pequeñas monedas de cobre”. Ello es así porque Dios no mira a los números sino al corazón.

La lógica del Evangelio es ilógica. La enseña Jesús permanentemente, y aparece en múltiples pasajes de los Evangelios. Por ejemplo, cuando enuncia las dichas y las desdichas del hombre con criterios contrarios a los usados comúnmente: “¡Felices ustedes los pobres, porque el Reino de Dios les pertenece… ¡Ay de ustedes los ricos, porque ya tienen su consuelo!” (Lc 6,20.24). San Pablo era muy consciente de ello cuando evangelizaba al mundo griego. Por ello habla de “la locura de la predicación” (1 Co 1,21). No menos conciente de ello era el apóstol San Pedro predicando en la Roma de Nerón: “Dichosos ustedes si tienen que sufrir por la justicia… Estén siempre dispuestos a defenderse… Pero háganlo con suavidad y respeto, y con tranquilidad de conciencia” (1 Pe 3,14-16).

4. Me pregunto si también los cristianos modernos somos conscientes de ello. Y si inspiramos nuestra conducta en la lógica del Evangelio. Si no fuese así, ¿qué sentido tendríamos para existir en el mundo? Jesús planteó esto bien claramente: “Si ustedes aman solamente a quienes los aman, ¿qué recompensa merecen? ¿No hacen lo mismo los publicanos? Y si saludan solamente a sus hermanos, ¿qué hacen de extraordinario? ¿No hacen lo mismo los paganos?” (Mt 5,46-47).  

III. La lógica del Evangelio al servicio de la paz

5. En estos días pasados, mientras estudiaba la historia del Tratado de Paz y Amistad entre la Argentina y Chile, del que se cumple el 25º aniversario el próximo 29 de noviembre, me sorprendió gratamente cómo Juan Pablo II basó su propuesta de paz en criterios evangélicos. En vez de que dos naciones acudan a la guerra para solucionar sus conflictos, que opten por la cooperación e integración entre ellas. Para participar mi alegría a los lectores, transcribo algunos párrafos del primero de sus principales discursos a las delegaciones argentina y chilena:

6. “Me parece conveniente transmitiros algunas ideas que me ha sugerido el examen de los aspectos controvertidos del diferendo…  Parece que convendría planear las negociaciones buscando, en primer lugar, los puntos de convergencia entre las posiciones de ambas Partes; aunque la controversia aparezca bastante complicada, no debe ser imposible encontrar tales puntos... Insistir en este aspecto,… no será inútil, en cambio será provechoso.

Considero también oportuno que reflexionéis sobre las posibilidades que vuestras Naciones tienen de colaborar en toda una serie de actividades, dentro e incluso fuera de la zona austral. Del desarrollo de esas actividades pueden derivarse ventajas indudables para el bienestar de ambos Pueblos y también - ¿por qué no? - para otras Naciones. Creo que el descubrimiento y la preparación consiguiente de amplios sectores de cooperación crearían condiciones favorables para la búsqueda y el hallazgo de la solución completa para las cuestiones más complicadas del diferendo: solución completa y definitiva a la que es menester llegar. Es necesario restablecer, afianzar y corroborar un clima de confianza mutua, desterrando, por consiguiente, incluso la sospecha o el temor de miras de una Parte que podrían ser perjudiciales para la otra; este clima de confianza mutua debe ser la savia que vivifique a todos los interesados, es decir a todos los que de alguna manera se ocupan de la mediación o simplemente viven en vuestras Naciones. Teniendo, como vuestras dos Naciones tienen, una indiscutible identidad radical por la lengua, por la fe y por los sentimientos religiosos, no parece al Mediador fuera de lugar el contemplar la posibilidad de extender esa comunidad sustancial - tan antigua como ellas - a otros terrenos (económicos, industriales, comerciales, turísticos, culturales...): son muy numerosas las circunstancias que lo hacen deseable y recomendable (Discurso, 27 septiembre 1979).

Mons. Carmelo Giaquinta, arzobispo emérito de Resistencia 


Publicado por verdenaranja @ 23:01  | Homil?as
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios