Viernes, 27 de noviembre de 2009

Subsidio litúrgico para la celbración del domingo primero de Adviento - C, ofrecido desde el Área de Pastoral Social de la Diócesis de Tenerife.
29 de noviembre de 2009

MONICIÓN DE ENTRADA:

Hermanos y hermanas: Un año más, hoy comenzamos el Adviento. Durante este tiempo ejercitamos la espera, la esperanza, las actitudes propias de quien espera en la promesa. En este caso la promesa de que Dios  estará con nosotros.

Nuestra esperanza no puede ser un motivo de evasión hacia el futuro, pensando que es la única salida porque el mundo en que vivimos no nos ofrece seguridades.

         La venida de Jesús, para la que nos preparamos durante estas cuatro semanas, es un signo de esperanza, una llamada a la resistencia en un mundo injusto e intolerante. Así leían los textos que escucharemos en esta Celebración del primer domingo de Adviento, las primeras comunidades cristianas, muchas veces perseguidas y oprimidas por los poderosos de su tiempo.

El mensaje de Jesús indica que estas situaciones no son definitivas, ni tampoco se ha de esperar a la otra vida para que cambien. Dios está junto a quienes sufren; hay que resistir, es posible la esperanza. Se nos invita a comprometernos para hacer un mundo más justo.

Los que estamos llamados a ser testigos de Jesús y creemos en lo que Él afirmó: “se acerca la liberación de todos ustedes”, hemos de  acoger personalmente esta gran noticia e implicarnos en colaborar  para que sea, también, acogida por las personas que no lo conocen  y por aquellas otras que se han alejado de Él y de la comunidad, por los motivos que sean.

Nos ponemos en pie, para recibir al sacerdote que va a presidir la Celebración, cantado.  

ACTO PENITENCIAL

Tú, Señor, has plantado tu tienda entre nosotros para construir el nuevo mundo donde haya justicia, la nueva sociedad de hermanos, hijos de un mismo Padre. Señor, ten piedad.

Tú, Señor, nos llamas a estar atentos y vigilantes, interpretando los signos de los tiempos para que todos alcancemos tu salvación. Cristo, ten piedad.

Tú, Señor, nos enseñas a no tener miedo, a superarlo confiando en ti, a mantenernos en pie ante ti mientras llegas con gloria y con poder. Señor, ten piedad.

 El Señor, que nos enseña sus caminos, tenga misericordia de nosotros, perdone nuestros pecados y nos lleve a la vida eterna. AMÉN.

MONICIÓN A LA PRIMERA LECTURA (Jer. 33, 14-16)

        El profeta Jeremías es un apasionado de la justicia y anhela  los días del Señor. Sufrió en su propia carne los efectos de una violencia ciega y fanática. Pero confía y espera, porque vienen días  en que llegará el JUSTO y todo lo llenará de justicia. Escuchemos con atención la Palabra.

MONICIÓN A LA SEGUNDA LECTURA  (1 Tes 3,12-4,2)

         San Pablo nos recuerda en este fragmento de su carta a la comunidad cristiana de Tesalónica que uno de los aspectos fundamentales de la vida del cristiano es la justicia, percibida como don de Dios, no como puro esfuerzo de voluntariedad. En Jesús la justicia va mucho más allá de los derechos. Escuchemos.

MONICIÓN AL EVANGELIO  (Luc 21, 25-28; 34-36)

Los días, anunciados en el texto evangélico que vamos a escuchar,  son los de Jesús, el Mesías, y son también los nuestros. Pero hemos de estar bien despiertos, nunca adormitados, para poder descubrirle y acogerle. Despertemos nuestro corazón para escuchar.

CUESTIONES PARA LA REFLEXIÓN EN LOS MOMENTOS DE SILENCIO ORACIONAL  DESPUÉS DE LA HOMILÍA

¿De qué necesito que me libere Jesús?

Contemplando a las personas que me rodean y mi propia vida, la liberación que Jesús nos trae ¿viene a dar respuesta a aquello de lo que creemos que tenemos que liberarnos? ¿A qué?

¿Qué llamadas me hace el Señor hoy a través de su Evangelio?

¿Cómo voy a responder a estas llamadas?

ORACIÓN DE LOS FIELES

Sacerdote: Solidarios con los deseos y esperanzas de todos los hombres y mujeres, presentamos  al Padre las súplicas de la iglesia. a cada invocación, respondemos:  ¡VEN, SEÑOR JESÚS!

Para que  todos colaboremos en la renovación del mundo entero, globalizando “el derecho y la justicia”, y  que todos los pueblos vivan en paz. Oremos

Para que la Iglesia y todas las comunidades cristianas, sean signo y anticipo del mundo que esperamos. Oremos.

Para que sepamos descubrir aquí y ahora, preocupados por tantas crisis y amenazas, “los signos de los tiempos” y la acción del Espíritu. Oremos.

Para que los más pobres y los que más sufren no desfallezcan en la esperanza y alcancen lo que tanto necesitan. Oremos

Por nuestra comunidad  parroquial. Para que en este proceso de camino al encuentro con Jesucristo en la celebración de la Navidad, todos y cada uno nos acerquemos a los demás, mostrando el rostro misericordioso de Dios que se acerca en su Hijo para liberarnos. Oremos.

Para que nosotros mismos celebremos el Adviento rebosando de Amor y trabajando a favor de la justicia, donde quera que estemos. Oremos.

OREMOS: Ven, Señor Jesús, y restaura con el poder de tu gracia nuestra débil condición humana. 

PRESENTACIÓN DE OFRENDAS – Lenguaje de los signos

Corona de Adviento  (Después de presentarla en el momento del ofertorio, se enciende la 1ª vela)

Te presentamos, Señor, esta corona de Adviento. Con  ella, queremos expresar  nuestra disposición  de ir encendiendo sus velas, cada semana, con nuestros gestos y compromisos de acercamiento a los demás,   a favor de la justicia,  la paz, la vida y el amor.

Cártel con las letras de Adviento

Queremos que no se pierda ninguna letra de ADVIENTO, que se escriba:

Con la A, de admiración.
Con la D, de deseo, que ya es don.
Con la V, de verdad.
Con la I de ilusión e ideal.
Con la E de esperanza.
Con la N de novedad.
Con la T de trabajo a favor de la justicia.
Con la O de oración, que vence la oscuridad. 

Colecta

Te presentamos este dinero, signo de los dones que nos has dado y que queremos poner al servicio de los hermanos más necesitados, de modo especial en este Adviento 

Pan y vino

Te presentamos este pan y vino para que Tú lo transformes en tu Cuerpo y Sangre que nos acompañará en el camino que hoy comenzamos hasta celebrar el Misterio de tu Nacimiento entre nosotros. 

ACCIÓN DE GRACIAS, DESPUÉS DE LA COMUNIÓN

Gracias, Padre, porque has puesto  en nosotros una fuerza secreta  que nos hace triunfar sobre la depresión y el desierto y nos ayuda a abrirnos a tu liberación.

Gracias Jesús, porque cuando todo se derrumbaba,  la fidelidad de una mujer, la fidelidad de la Virgen María,  tu Madre, a la voluntad de Dios Padre,  hizo posible que Tú te hicieras uno de nosotros y vinieras a ofrecer la Salvación.

Gracias, Espíritu Santo, que nos animas y empujas a vivir respondiendo con un Sí a lo que Tú esperas de nosotros.


Publicado por verdenaranja @ 23:18  | Liturgia
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