Martes, 01 de diciembre de 2009

Texto del micro radial de monseñor José María Arancedo, arzobispo de Santa Fe de la Vera Cruz, emitido por LT 9. (AICA)
(14 de noviembre de 2009)

JORNADA NACIONAL DEL ENFERMO 

En la vida de Jesucristo el tema de la enfermedad ocupa un lugar destacado, o mejor dicho la vida del enfermo. A la enfermedad la podemos estudiar como fenómeno sanitario y social, al enfermo, en cambio, por ser una persona la debemos atender y amar. Esta distinción nos ayuda a definir una actitud y, también, a examinar nuestra conducta frente al enfermo que tenemos cerca. Es bueno acostumbrarnos a ser jueces de nosotros mismos, de nuestras actitudes, sobre todo en aquellos temas que predicamos y que exigimos a los demás. Preguntarnos por nuestra atención al enfermo, puede ayudarnos a crecer en nuestro estilo de vida humana y espiritual.

Cuál es la actitud cristiana frente a la enfermedad y al enfermo? En primer lugar diría no negarla y, además, poner todos los medios para evitarla, como disminuir su mal o curarla. Esto es lo que Dios quiere, pensemos en el alcance que tiene el 5° Mandamiento, que no es sólo no matar sino cuidar la vida, también cuidar nuestra propia vida. Qué importante es poner todos los medios para conservar el don de la vida y de la salud, ellas son nuestra mayor riqueza.

En segundo lugar diría, saber que la enfermedad, como expresión de nuestra condición humana, es una posibilidad real. No podemos creernos dioses o vivir pensando en el mito de la eterna juventud. Esta actitud cuántas veces quita paz y alegría, porque no se alimenta de la verdad de nuestra existencia. Maduramos y crecemos espiritualmente cuando sabemos asumir los límites que nos presenta la propia vida. Esto no es pasivismo, sino que supone una actitud positiva frente a nuestra fragilidad. Qué importante es la fe cuando nos descubre ese horizonte de plenitud que es la eternidad. El hombre, en cuanto ser espiritual nunca muere, ama su presente en este mundo pero no vive encerrado en sus límites. Es protagonista y peregrino. Cuando se pierde de vista esta dimensión de lo humano es el hombre quién se empobrece.

En tercer lugar hablaría de nuestra actitud frente al enfermo, que es alguien que necesita de nuestra presencia y compañía, sea por la acción, por la palabra o, incluso, por nuestro silencio. Nuestra presencia tiene mucho de providencia para él, es decir, presencia de Dios que no abandona a sus hijos. Dios llega al hombre a través del hombre. Creo que lo importante es sentirnos responsables de una palabra, de una respuesta frente al enfermo. Él, desde su fragilidad, debe ser una pregunta para nosotros. Su sensibilidad, además, percibe el modo y la calidad de nuestros gestos, que para él adquieren un valor único. “Bonum, bene”, decía san Agustín, es decir, al bien hay que hacerlo bien, no de cualquier manera. Qué pobre el gesto de nuestra ayuda, cuando el enfermo no percibe esa cualidad de amor que lo eleva y lo hace sentir bien.

Deseándoles un buen fin de semana en compañía de sus familias, amigos, y porque no de sus enfermos, reciban de su Obispo mi palabra de afecto junto a mis oraciones y bendición. 

Mons. José María Arancedo, arzobispo de Santa Fe de la Vera Cruz


Publicado por verdenaranja @ 23:18  | Hablan los obispos
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