Mi?rcoles, 02 de diciembre de 2009

Comunicado de los Obispos del Salvador  titulado “Beatos los afligidos, porque serán consolados” con el que informan de la trágica situación que está viviendo el país. El Salvador ha sido golpeado por una enorme tragedia la noche entre el 7 y el 8 de noviembre, tras el paso del huracán Ida que causó terribles inundaciones a causa de las lluvias torrenciales.

BIENAVENTURADOS LOS QUE LLORAN PORQUE ELLOS SERAN CONSOLADOS MT 5,5 

Desde el Monte de las  Bienaventuranzas junto al mar de Galilea, en Israel, los Obispos de El Salvador, unidos a los Obispos de América Latina, con quienes nos encontramos participando de un gran Encuentro Episcopal Latinoamericano. Aunque lejos por la distancia geográfica, sin embargo, hemos vivido muy de cerca los tristes acontecimientos del sábado 7 y domingo 8 de noviembre recién pasados, los deslaves e inundaciones causados por la depresión “Ida”, la cual ha dejado como consecuencia buen número de difuntos y muchas familias damnificadas. Nos conmueve la ciudad de San José Verapaz y los demás lugares que han  sido afectados. Hemos orado todos (los 170 obispos que participamos del encuentro) por nuestros hermanos difuntos y por los damnificados de este grave acontecimiento. Con ansias esperamos estar pronto en el país, para ayudar más de cerca. 

Un acontecimiento como este debe ser visto con fe. “En todas las cosas interviene Dios para bien de los que lo aman” Rm 8, 28. Las personas que murieron ya están en la presencia de Dios y en Él son verdaderamente felices. Las personas damnificadas nos ofrecen la oportunidad de ayudarles y son en verdad una  manifestación de Dios, que se nos presenta en los más pobres  y necesitados, ofreciéndonos la oportunidad de hacerles el bien, para luego recompensaros con creces el bien que les hagamos como si a Él mismo se lo hemos hecho.  Por eso el Señor Jesús nos ha prometido que en último día oiremos de sus labios: “Vengan benditos de mi Padre, reciban la herencia del Reino preparado para ustedes desde la creación del mundo. Porque tuve hambre, y me dieron de comer; tuve sed, y me dieron de beber, estuve sin techo, y me acogieron; estuve desnudo, y me vistieron: estuve enfermo y encarcelado, y me visitaron” Mt 25, 34-36.  

Por otra parte las personas que sufren al recibir la ayuda de sus hermanos experimentan la mano de Dios que viene a su encuentro y se les manifiesta bondadosa, no solo para ayudarles en este momento crítico, sino además, como una muestra  de la perenne bondad de Dios a favor de los que sufre. En efecto Jesús ha prometido: “Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados” Mt 5,5.  

Felicitamos y agradecemos la generosidad y la prontitud con que se ha manifestado la comunidad nacional e la comunidad internacional ayudando a las víctimas de dichos desastres naturales que se han sufrido; nos orgullece el inmenso sentido de solidaridad de nuestros hermanos. Todos ellos pueden estar seguros que Dios les  recompensará con creces su bondad. Es necesario seguir  ayudando a nuestros hermanos damnificados, que por cierto son siempre los más pobres, son los que viven en las zonas más vulnerables. Pedimos al Gobierno de la República, a la sociedad salvadoreña e incluso a la comunidad internacional, la bondad de seguir ayudando a las víctimas de este grave siniestro natural, la depresión Ida. Es necesario además,  fijar la atención en las zonas de alto riesgo y vulnerabilidad en las que viven tantas familias salvadoreñas, verdaderamente pobres, para darles la debida solución; pues año con año tienen que padecer situaciones terribles, que  ponen en grave peligro sus vidas. Es urgente que todos unidos busquemos dar solución a tan graves males. Es de desear que se afrente este problema con mucha preocupación solidaria, como un gran problema de nación sin intereses políticos partidistas sino por el bien común; una sola vida humana vale más que todo el oro del mundo, y merece todo el esfuerzo de la nación para salvarla. 

A nuestros muy amados hermanos damnificados les animamos a ser fuertes poniendo su total confianza en Dios. El Señor es fiel y nunca nos defrauda, por el contrario, nos auxilia siempre y nos da más de lo que le pedimos. El Apóstol de las gentes nos invita a esa confianza con sus hermosas palabras: “Sé de quien me he fiado, y no me fallará” 2 Tim 1,12. Esto se cumple en todos los que confían en Dios. Confíen siempre en el amor de Dios y serán objeto de su gran misericordia.  

Invitamos a todos a unirnos en oración suplicando a Dios misericordia, para que estos acontecimientos naturales negativos sean ocasión de grandes bendiciones de Dios para todos.  

En el mes de la Reina de la Paz con amor filial suplicamos su intercesión ante el  Divino Salvador, para que bendiga  nuestra nación. 

Con nuestra bendición: 

(Firmas de los obispos que estamos en el encuentro)  

Casa de Galilea, Israel, 10 de noviembre de 2009.           


Publicado por verdenaranja @ 22:27  | Hablan los obispos
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios