Jueves, 03 de diciembre de 2009


Desgrabación de la homilía de monseñor Marcelino Palentini, obispo de Jujuy en la catedral basílica en la misa concelebrada por la visita de la reliquia del Corazón Sacerdotal Incorrupto de San Juan María Vianney, en el marco de la peregrinación por la Argentina. (AICA)
(18 de noviembre de 2009)
 

Queridas hermanas y hermanos,

Queridos sacerdotes que hoy han venido de otros lugares también dejando otras ocupaciones para acompañar este momento de fe tan importante que es este encuentro con el corazón del Cura de Ars. Sencillamente quisiera compartir en primer lugar con los sacerdotes en este año sacerdotal unas breves reflexiones a partir de las lecturas que hemos escuchado, y con todo el pueblo de Dios, pueblo sacerdotal también, un pueblo que va creciendo día a día en este esfuerzo de fidelidad al Señor.

En primer lugar me parece lindo poder compartir lo que Pablo decía a Timoteo, que partiendo de una realidad suya, partiendo de una realidad de dolor que él estaba viviendo en la cárcel por fidelidad a ese Cristo que le había aceptado, conocido y anunciado, justamente le pide a Timoteo que renueve, que reavive el don de Dios que ha recibido por la imposición de las manos, porque «el espíritu que Dios nos ha dado no es un espíritu de temor sino de fortaleza, de amor y sobriedad, no te avergüences del testimonio de nuestro Señor, ni tampoco de mí, que soy su prisionero. Al contrario, comparte conmigo los sufrimientos que es necesario padecer por Evangelio, animado con la fortaleza de Dios». Empieza dando gracias a Dios por este llamado a ser servidores, y termina invitando a esta fidelidad hasta dar la vida. Yo creo que si esto lo miramos a través de la vida del Santo Cura de Ars vemos como él también fue fiel a esta vocación, no solamente ha escuchado el llamado a una edad jovencito, no solamente se ha esforzado de aprender, aunque tenía dificultades intelectuales, pero lo que no le faltaba era un corazón lleno de amor. Y ese corazón lleno de amor y fiel a Dios le ha permitido después recibir esa imposición de las manos que renovaba todos los días en ese encuentro eucarístico, en esa adoración eucarística desde la mañana bien temprano, en esa administración de los sacramentos y sobre todo del sacramento de la reconciliación estando disponible para atender a la gente que se le acercaba para encontrar esa paz que necesitaba cada uno en el sacramento, este sacerdote santo, modelo de todos nosotros los sacerdotes, que sabía dedicar horas a la oración quitándosela al sueño muchas veces para poder ser fiel hasta el final al Señor. Él también tenía sus tentaciones, la historia relata como en algunos momentos el mismo diablo se le aparecía para tentarlo. Al final de su vida también, poco antes de morir, él lo rechaza diciendo: “Vete lejos porque yo hice una opción definitiva para Dios”.

En nuestra vida también de sacerdotes tenemos evidentemente nuestros momentos difíciles, los momentos en los cuales tenemos que, como decía Pablo, reavivar el Don de Dios. Necesitamos volver a decirle al Señor: SI. Y lo hacemos no sólo en lo que hacemos como actividad pastoral, sino sobre todo en nuestro encuentro personal con Jesús. Ojalá el ejemplo del Cura de Ars nos estimule a todos nosotros, sacerdotes de una manera particular, pero a todos los fieles también a encontrar nuestro tiempo de diálogo profundo con el Señor, ese tiempo de estar con Él para compartir las alegrías y las penas, como nos enseñaba Pablo, y para poder nosotros también vivir después para Dios, porque también nuestra vida viene de Dios y está a Él orientada.

Además, me parece lindo lo del evangelio de hoy también. Que no es indiferente que nos pongamos a pensar los dones que Dios nos ha dado. Justamente el evangelio nos hablaba de los talentos, de las cualidades que cada uno tiene, y de las cuales tiene que rendir cuenta. Cada uno ha tenido y tiene su vocación, su llamado de Dios, y este es el gran talento que tenemos como laicos, como sacerdotes, como religiosos, y vale la pena que nos preocupemos qué hacemos con nuestros talentos. ¿Los estamos usando bien? ¿Estamos esforzándonos cada día más de ser generosos para ayudar a todos a acercarse al Señor.

A mí me impresiona en la vida del Cura de Ars el tiempo que le dedicaba al servicio de los demás. De alguna forma lo encontramos reflejado también en nuestro gran sacerdote, en la Argentina, que es el Cura Brochero, que ha trabajado incansablemente en Traslasierra, un hombre muy intelectual que sabía ser tan sencillo en medio de la gente de campo, allá perdido en la montaña. Clarísimo que no porque uno tenga títulos y sea muy capaz tiene que estar en los lugares privilegiados, sino en los lugares más necesitados. Clarísima la presencia del Cura Brochero como del Cura de Ars, estaba en un pueblito de 250 habitantes; uno podía decir qué desperdicio, ¿no? una santidad tan grande allá con un pueblito tan chico, el otro una persona tan capaz, tan intelectual: Traslasierra, lejos, donde había que ir a caballo, a mula, para poder llegar. Es que el lugar de la santidad donde Dios nos pone no son los lugares humanamente privilegiados sino los lugares que para Dios son importantes, para que allí vayamos construyendo el reino de Dios, trabajemos para construir el Reino de Dios.

Y el tema de los talentos siempre vale la pena preguntarnos, a mí personalmente me inquieta mucho, me hace hacer mi examen de conciencia, y creo que a todos. Como obispo, como sacerdotes cada uno, como laicos, ¿aprovechamos al máximo los talentos que el Señor nos da? ¿O por ahí nos dejamos ganar por la comodidad, por la indolencia, por una postura de esta época del hacer lo que a uno le gusta solamente, o sentimos esa inquietud permanente de dar el máximo sabiendo que Dios nos va a pedir cuenta de lo que hayamos hecho por Él.

Y la conclusión es bastante interesante, ¿no?. Con estos siervos, el primero que le dio las cien monedas de plata han producido cinco veces más, el otro también ha producido, y el último, cómodo, no le ha dado nada. Y entonces el reproche del Señor. Bueno, yo pienso que en nuestra vida de sacerdotes, de laicos, religiosos, tenemos que preguntarnos siempre ¿estamos produciendo siempre todo lo que el Señor espera? ¿Estamos viviendo esta vocación de discípulos misioneros con todo el ardor y entusiasmo que el Señor nos exige? Porque no es un problema de leyes, de órdenes que vienen de arriba, o de una disposición externa, sino que es fruto de un corazón abierto a la acción de Dios.

Interesante tener acá este corazón del Cura de Ars. Un hombre que ha amado, y porque ha amado mucho, llegó a ser un gran santo. Porque ha amado a Dios y ha amado al prójimo ha tenido sus prioridades: Dios en primer lugar, los pobres y los pecadores. Yo quiero pedirle al Señor por todos nosotros, especialmente por los sacerdotes los invito a ustedes a rezar también juntos para que tengamos este espíritu apostólico de estar donde Dios nos pone, en el rinconcito donde sea, pero con este corazón grande que tiene sus prioridades: Dios a quién amamos, a quién servimos, a quién adoramos en la adoración Eucarística, con quién dialogamos en nuestro diálogo personal de la oración. Dios en primer lugar, porque lo tenemos que amar de todo corazón.

Los pobres, los marginados, los excluidos, los que están afuera de las grandes posibilidades, a veces, no sólo económico-sociales sino a veces hasta religiosas, Los que están en las periferias. Y allí tenemos que llegar y estar presente nosotros. Porque es fácil estar con una ovejita y tenerla al ladito y lavarla con champú, peinarla, perfumarla y estar ahí acariciándola. Lo importante es ir embarrándonos con las que están lejos, con los que se han alejado por cualquier razón. Como nos pide Aparecida, con corazón maternal acercarnos a los que se han alejado, a los que nunca se han acercado y a los que no conocen para nada a Dios. Estos son y deben ser nuestra prioridad siempre como pastores y como pueblo de Dios que estamos cerca del Señor.

Y, por fin, esta opción que debemos hacer de decirle: “Señor, mi corazón es para vos, mi corazón quiere latir para vos, mi corazón quiere ser totalmente tuyo”. Que no haya otros enamoramientos humanos que impiden que nuestro corazón sea totalmente el corazón para Dios, y un corazón que le hemos consagrado en nuestra ordenación sacerdotal. Por lo tanto yo invito a toda la comunidad a que recemos por esto y por todas las otras intenciones que tengamos, y unirnos en acción de gracias. Dar gracias al Señor por todos los que ha acompañado nuestra vida personal como sacerdotes, desde el que nos ha bautizado, los que nos han ayudado en la evangelización, en la catequesis, los sacerdotes que hemos conocido ocasionalmente o habitualmente, los que más nos han ayudado en los momentos difíciles y confusos de la vida, los que nos han perdonado. Dar gracias al Señor por tantos sacerdotes santos que han caminado con nosotros a lo largo de la vida, y juntos entonces vivimos nuestra petición para que los que estamos trabajando en el ministerio sacerdotal seamos santos como este Cura de Ars, Juan María Vianney, y también agradecer al Señor por todo lo que distintos sacerdotes nos han acompañado, guiado, ayudado a lo largo de nuestra vida.

Para concluir invito a tomar este folleto (1), deben tener todos, y hacemos juntos la oración al santo Cura de Ars, para que sus sentimientos, sus prioridades, sus opciones sean también las nuestras:

Santo Cura de Ars, tú has hecho de tu vida una ofrenda íntegra a Dios para el servicio de los hombres; que el Espíritu Santo por tu intercesión nos ayude hoy a responder, sin desfallecer, a nuestra vocación personal.

Tú, adorador asiduo de Cristo en el tabernáculo: Enséñanos a acercarnos con fe y devoción a la Eucaristía, para disfrutar de la presencia silenciosa de Jesús en el Santísimo Sacramento.

Tú, amigo de los pecadores, dijiste que sus faltas “son granos de arena comparados con la gran montaña de la Misericordia de Dios”: desata los nudos del miedo que nos retiene a veces lejos del perdón de Dios; aumenta en nosotros el arrepentimiento de nuestras faltas, descúbrenos el verdadero rostro del Padre que espera incansablemente el retorno del hijo pródigo.

Tú, sostén de los pobres, que nos contaste tu “secreto bien simple, darlo todo y no guardar nada”: enséñanos a compartir con quienes pasan necesidades; haznos libres frente al dinero y de todas las falsas riquezas.

Tú, hijo amante de la Virgen María, “tu más antigua devoción”: enséñanos a volvernos hacia ella con la simplicidad y confianza de un niño.

Tú, testimonio ejemplar de los sacerdotes del mundo: que tu caridad pastoral conduzca a los pastores a buscar la proximidad con todos sin acepción de personas; dales amor eclesial, impulso apostólico, solidez en las pruebas.

Tú, apasionado servidor de Dios: inspira en los jóvenes la grandeza del ministerio sacerdotal y la alegría de responder al llamado del Buen Pastor.

Tú, Santo Cura de Ars: sé nuestro intercesor muy cerca de Dios; obtennos aquello que te pedimos, tú el pastor humilde y fiel, infatigable en el servicio de Dios y de los hombres. Amén.

San Juan María Vianney.

Ruega por nosotros. 

Notas

(1) Folleto de la Visita a la Argentina de la Reliquia del Corazón del Santo Cura de Ars -Año sacerdotal, 6-27 de Noviembre de 2009-. Oración de Mons. Guy Bagnard, obispo de Belley-Ars 

Mons. Marcelino Palentini, obispo de Jujuy


Publicado por verdenaranja @ 23:23  | Homil?as
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