Domingo, 06 de diciembre de 2009

Comentario al evangelio del domingo Segundo de Adviento – C, publicado en Diario de Avisos el domingo 6 de Diciembre de 2009 bajo en el epígrafe DOMINGO CRISTIANO.

Mi pequeño saltamontes

Daniel Padilla

Estoy seguro que este Juan Bautista solitario, con su extraño, áspero y mínimo atuendo, con su mensaje descarnado y directo, pregonando en el inhóspito escenario del desierto, debió de parecer a los listillos de la época -segura­mente también a los de hoy- alguien a quien había que vigilar. Y, sin embargo, su figura no envejece. Después de veinte siglos, cada año la liturgia, cuando ya enfilamos la recta hacia la Navidad, nos acerca su silueta en un sabio movimiento de zoom y nos pone un impresionante pri­mer plano suyo. Es como el prólogo y el prefacio del gran acontecimiento de la Historia. Yo me limito hoy a ofrecerles tres reflexiones al leer el Evangelio "En el año quince del emperador Tiberio, siendo Poncio Pilato goberna­dor..., y Herodes virrey..., y Felipe virrey..., y Lisanio virrey..., y sumos sacer­dotes Anás y Caifás, vino la Palabra de Dios sobre Juan, hijo de Zacarías". ¿Saben a qué suena todo esto? A lo que Jesús dijo siempre: que "Dios esconde sus misterios a los sabios y entendidos y los revela a la gente sencilla"; que "los últi­mos serán los primeros"; que "el que se humilla será ensalzado"; que "el que no se haga como un niño no entrará en el reino de los cielos". Es decir, me suena a sonrisa socarrona de Dios ante nuestros febriles afanes de encumbramiento. Ahí andamos los hombres tratando de llegar a la cumbre de todos los escalafones. Y ahí sigue Dios "acogiendo a lo necio del mundo para confundir a los sabios".

"Vino la palabra de Dios sobre Juan y recorrió toda la comarca del Jordán pre­dicando". ¿Saben a qué me suena esto? A diligencia, a prontitud, a echar por la borda la pereza, la abulia, la tibieza, la pasividad, la inercia. A no dejar para mañana lo que podemos hacer hoy. A alis­tarnos en el convencimiento de que al que madruga Dios le ayuda. A saber respon­der, ya que "una vez que hemos oído la voz de Dios, no podemos endurecer nues­tro corazón". Atención pues, porque en nuestro seguimiento de Cristo y en acep­tar responsabilidades en las tareas del Reino jugamos mucho a la indecisión, al irlo dejando para empezar más adelante

El mensaje de Juan era: "Preparen los caminos del Señor". ¿Cómo? "Ele­vando el nivel de los valles, rebajando el de las colinas, enderezando lo torcido e igualando lo escabroso". ¿Saben a que me suena todo esto? A que la linea recta es la distancia más corta entre dos pun­tos. A que no hay que andar rizando el rizo ni mariposear por las ramas. A que no podemos andar cuidando la figura por fuera y estar lleno de podredumbre "por dentro, como los fariseos. A que hay que cortar por lo sano todas nuestras ambi­güedades religiosas y todas nuestras equi­libradas componendas de querer servir a Dios y al diablo.

A Juan, amigos, le mataron por llamar a las cosas por su nombre: "Al pan, pan; y a Herodes, zorro". ¡Claro que Juan se entrenó a fondo comiendo miel y salta­montes! Juan, mi pequeño saltamontes, de verdad nos dejaste buenas lecciones.


Publicado por verdenaranja @ 9:41  | Espiritualidad
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