Mi?rcoles, 16 de diciembre de 2009

Artículo semanal del Padre Fernando Lorente, o.h., publicado en EL DÍA el miércoles 16 de Diciembre de 2009 en la sección CRITERIOS bajo el epígrafe LUZ EN EL CAMINO FERNANDO LORENTE, O.H. * 

Llega la Navidad del Señor 

Y PUNTUALMENTE y para todos, sin discriminación. Alcanza a todos, como el pan y la palabra, como la luz y el rocío del cielo, que se nos da con abundancia, incluso a aquellos que no quieren enterarse, pero que aun sin pretenderlo quedan como tocados, en estos días de propiciación y de salud, por el influjo y la gracia, difundidos sobre todas las cosas, de la presencia del Señor, humanado en Belén, que se nos acerca por los caminos de la humildad y de la alegría del corazón.

La luz está entre los seres humanos: los astros, la tierra y el mar, todo cuanto existe bajo el cielo saluda con un canto nuevo al Autor de este beneficio de la luz, porque nos da la clave para comprender que el centro de gravitación de la vida y de la historia está en Belén de Judea, desde que una noche feliz nos trajo el día, que ahuyentó la cautividad y descifró los enigmas del hombre y del universo. Toda la liturgia de la Navidad se ordena según este tema de la exultación y de la gratitud, "porque Dios ha nacido para nuestro bien, y alrededor de Él van a desplegarse la realidad y el símbolo y la gracia de lo divino".

La Navidad llega para todos, ciertamente, pues Dios a nadie niega ni su palabra ni su presencia, a través de las cosas más desvalidas, cuando hay disposición de oír y de entender. Pero en estos días propicios parece que al Niño desvalido de Belén se le comprende y descubre con más seguridad y prontitud de espíritu, que es cuando, en realidad, el ser humano se siente más necesitado de Dios y de irle al encuentro.

Para descubrir este horizonte y vivirlo, no olvidemos las dificultades que nos lo pueden impedir, como son la abundancia excesiva de bienes materiales, no bien ganados muchas veces; y por otra parte, está la alegría alborotada, que ciega y retiene a los seres humanos, clausurados dentro de su propia limitación. También se suman la prisa y el afán de disfrute, que tanto ciegan la fuente del deseo, que les hacen vivir en una desdichada conformidad, sin enterarse, como los moradores remisos de Belén, de que Dios está cerca, de que está llegando para todos; pero le dejan ir de paso, sin notar ni descubrir su presencia, porque no tienen tiempo ni atención más que para procurarse las satisfacciones incompletas de su egoísmo.

Ya S. Pablo pedía fidelidad a la luz para soportar el gran misterio de la humanización de Dios, que es un misterio y es, a la vez, la evidencia de la caridad y benignidad del Señor para con los seres humanos. En el establo de Belén, desde el pesebre, sobre unas pajas, nos da el Señor la primera lección permanente de humildad y de abatimiento, para que los seres humanos, que tanto necesitan para hacerse infelices y fatigar el corazón, conozcan que la verdadera alegría les vendrá por la comprensión de que Dios llega para todos en la noche santa de Dios: ¡Navidad!

* Capellán de la clínica S. Juan de Dios


Publicado por verdenaranja @ 20:52  | Espiritualidad
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