Mi?rcoles, 16 de diciembre de 2009

Homilía de monseñor Marcelo Daniel Colombo, obispo de Orán en la ordenación presbiteral del diácono Darío Billordo. (AICA)
(San Ramón de la Nueva Orán, 27 de noviembre de 2009)

ORDENACIÓN PRESBITERAL
 

Con gran alegría hemos venido a acompañarte querido Darío, en este paso trascendental para tu vida y para nuestra Iglesia diocesana. En algunos minutos, te impondré las manos y rezaré sobre vos la consagración presbiteral, en la que el Señor te configurará con Cristo, buen Pastor, servidor de nuestro Pueblo.

Ciertamente los años transcurridos te han ido preparando el corazón para esta respuesta generosa de hoy. Los años de formación primero en Córdoba y después en Tucumán, el tiempo de experiencia pastoral en la diócesis, posibilitan tu sí de hoy. Damos gracias a Dios por todos los que colaboraron en este camino formativo de la Iglesia: los obispos que te recibieron y formaron, los sacerdotes, religiosas y laicos de las distintas comunidades de nuestra diócesis y la hermana arquidiócesis de Tucumán, donde te has desempeñado. Su presencia entre nosotros constituye un testimonio elocuente del vínculo que te une a todos ellos. Gracias, hermanos y hermanas, por venir y acompañarnos en un día jubilar para nuestra Iglesia diocesana.

El lema que has escogido “Consuelen a mi pueblo” nos introduce en lo que constituye buena parte de nuestro ministerio: acompañar el dolor de nuestra gente, sostener su esperanza, caminar junto a ellos confiados en la fuerza del amor de Dios, vencedor sobre la muerte y el pecado. Dios te invita a hacerte presente en esta realidad concreta de Orán, tu diócesis, para consolar las aflicciones de nuestro Pueblo, no como quien pide una resignación esperanzada en un más allá demasiado lejano, sino como el que pone el oído y ayuda a entender, a abrir puertas donde todo parece cerrado, a alivianar el sufrimiento cuando la congoja y la angustia se apoderan de alguien y no lo dejan libre. Nunca tu consuelo implicará dependencia de vos, de tu persona. Estás llamado a consolar haciendo más libre al otro, más responsable de su propio destino, más consciente de lo que Dios quiere de él. Consolar será entonces una actitud que te identificará con una Iglesia auténticamente samaritana, que no pasa de largo sino que asume las consecuencias del mandamiento del amor.

El evangelio nos invita a considerar el testamento apostólico de Jesús. Junto a sus discípulos, después de haberles lavado los pies, el Señor los invita a vivir su condición de amigos, de discípulos elegidos por Él, en el amor. Sólo así será posible dar fruto duradero, permaneciendo unos junto a otros, viviendo en el marco del amor fraterno. 

La rica historia pastoral de nuestra diócesis, a la que queremos ser fieles, la gran extensión geográfica que la constituye así como el número creciente de su población, la multiplicidad de los desafíos presentes que nos interpelan en el mundo familiar y juvenil así como en la pastoral aborigen, la pastoral social y de la caridad, el incipiente y sostenido desarrollo de las ciudades que exigen una pastoral urbana acorde, hacen todavía más urgente esta invitación de Jesús de permanecer unidos para dar ese fruto que nuestro pueblo ansía. Despliego ante vos, con trazo grueso, el horizonte en el cual se desenvolverá tu ministerio pastoral junto a nosotros.

Querido Darío, consciente de que Dios te ha elegido, hoy te incorporás a un presbiterio, nuestro querido presbiterio de la diócesis de Orán. Estás llamado a integrarte a él, con todos tus dones, tus riquezas personales, y por supuesto, con tus límites. Cada uno de nosotros los tiene y eso nos hermana en la condición de personas en crecimiento. Nosotros te conocemos. Valoramos tus ganas de serle fiel a Dios, siempre y en todo, tu simpatía, tu servicialidad, tu capacidad de relacionarte, de generar vínculos de amistad buenos y duraderos, de convertir el dolor en posibilidad de seguir creciendo. 

También vos nos conocés, a algunos más, a otros menos. Es ésta tu comunidad apostólica al servicio del Pueblo de Orán, discípulos y misioneros del Pan y la Palabra, seguidores de Aquél que nos amó primero. ¡Bienvenido!

Te invito a que te hagas disponible a tus hermanos sacerdotes, que seas capaz de apostar una y otra vez a una verdadera fraternidad sacerdotal, condición indispensable para el ejercicio fecundo de la caridad pastoral según el corazón de Jesús, que pongas palabras y gestos de amistad que nos esperancen y consuelen. Alegráte con cada alegría de tus hermanos sacerdotes y experimentá como propio el dolor que los aflija, el fracaso que los agobie, la incomprensión que los abata. Nunca los sientas extranjeros en tu corazón. Ocupáte de visitar al enfermo o aquél que esté alejado. Poné siempre tu carisma de amistad al servicio de la unidad del Cuerpo de Cristo.

Seguramente todo esto, dicho en el marco de tu ordenación sacerdotal, te parecerá mucho, muy importante, pero difícil de realizar solo. ¡Es así, nomás! Pero tenés toda la vida para vivir esta caridad pastoral alimentada en la fraternidad presbiteral. Estamos para acompañarte. Te equivocarás y volverás a empezar, y estará allí el Señor con su misericordia, para reanimarte, para restaurar tus energías, para restañar las heridas del camino. Y también estará tu obispo para sostenerte y alentarte, para exhortarte y contenerte, para decirte que siempre el Amor de Jesús es más fuerte que nuestros dolores, que nuestros fracasos, que cualquier incomprensión. 

Querido Darío, Dios te está invitando a un ministerio feliz y fecundo. Gracias por decir que sí al llamado de Dios. Nunca dejes de orar y trabajar para que otros sigan este camino de servicio al Pueblo de Dios.

Que Él te acompañe y haga de vos un testigo fiel, como su hijo Jesucristo.  

Mons. Marcelo Daniel Colombo, obispo de Orán


Publicado por verdenaranja @ 22:38  | Homil?as
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios