Martes, 22 de diciembre de 2009

Homilía de monseñor José Luis Mollaghan, arzobispo de Rosario en la Fiesta de la Inmaculada Concepción. (AICA)
(8 de diciembre de 2009)
 

LA INMACULADA CONCEPCIÓN 

Queridos hermanos:

Con gran alegría las parroquias del Decanato de Villa Constitución se reúnen esta tarde para celebrar con sus sacerdotes y fieles  la Misa de la Inmaculada Concepción. Lo hacemos, después de la peregrinación que acaba de concluir y de la consagración a María, a los pies de su imagen,  colocada en esta Plaza tan concurrida, en el ingreso de la  Ciudad.

Esta tarde han peregrinado hasta aquí la Parroquia  de San Pablo, con sus capillas y colegios; la Parroquia Nuestra Señora de Luján,  con sus capillas, la Parroquia Nuestra Señora de Fátima con sus Capillas;, todas acompañadas por sus párrocos y sacerdotes, participando un gran número de religiosas y fieles.

Es una ocasión para felicitarlos y  agradecerles este gesto en torno a la Fiesta de la Virgen María, gesto mariano y misionero; agradecer la presencia del Señor Intendente y autoridades del lugar, a los párrocos, y a tantos fieles; y de un modo especial a los niños que hacen su primera comunión.

La  Santísima Virgen, está junto a Dios en la victoria sobre el mal

Después de la caída de Adán y Eva,  encontramos  en la Sagrada Escritura las palabras  que prefiguran el lugar de la Virgen,  y en particular haciendo referencia a la revelación de su plan de salvación: Dios le dice a la serpiente, que encarna el mal: «Pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu descendencia y la suya: ella te pisará la cabeza mientras tu acechas su talón» (Gn 3,15).

Pero ¿Quién es esta mujer, que se convierte según el plan de Dios, en su primera elegida y su aliada ? La lectura del Génesis, no habla de su nombre, pero si  nos enseña que está llamada a manifestar  la dignidad de la mujer, y a contribuir mediante su misión a cambiar  el destino de la humanidad, Ella estará junto a Dios, en la victoria sobre el mal.

Eva, que fue aliada de la serpiente arrastró al hombre al pecado. En cambio,  la mujer será para siempre la enemiga de la serpiente. Su descendencia, que es la protagonista del triunfo de Dios,  será  quien la vencerá.

El relato de Lucas y del Génesis (Gn 3,15) nos hablan de la verdad de la Inmaculada Concepción de María: «Ella te aplastará la cabeza». Frente al pecado, el Señor quiso  abrir un camino de salvación. Por esto, a lo largo de la historia de nuestra fe, la Virgen inspiró muchas representaciones de la Inmaculada que aplasta a la serpiente bajo sus pies.

A la luz del Nuevo Testamento y de la enseñanza de la Iglesia sabemos que la mujer nueva es María, y reconocemos en «su descendencia» (Gn 3,15), a su hijo, Jesús, vencedor del mal.

Alégrate María, llena de gracia.

A lo largo de los siglos la Iglesia ha tomado conciencia de que María "llena de gracia" había sido  redimida por Dios desde su concepción. Se trata de un don singular concedido a María, era necesario que ella estuviese totalmente enriquecida por la gracia de Dios para responder adecuadamente al plan de Dios. El Padre eligió a María "antes de la creación del mundo para que fuera santa e inmaculada en su presencia en el amor" (Cfr. Ef 1,4).

La Santísima Virgen, cuando fue preservada de toda mancha de pecado había sido elegida para este triunfo sobre el mal, de su Hijo Jesucristo. De este modo, Ella fue  asociada a la obra de su Hijo, y estuvo plenamente unida a Él en la lucha contra el espíritu del mal.

Es justamente Pio XII quien nos enseña, al conmemorar le centenario del dogma de la Inmaculada, que María, si consideramos su santidad personal, debía estar libre desde el primer momento de su existencia, de cualquier  mancha heredada del pecado (cfr. Fulgens corona, AAS 45 [1953], 579).

La  enemistad entre la mujer y el demonio, exige en María, la Inmaculada Concepción, una ausencia total de pecado, desde el inicio de su vida. Su  Hijo  venció al mal, y benefició anticipadamente a su Madre, preservándola del pecado.  

Por eso el ángel le dice: Alégrate María, llena eres de gracia, el Señor está contigo. En Ella se manifiesta la gloria de su gracia. La llama así, dándole un nuevo nombre. Ella es la llena de gracia.

La Inmaculada Concepción de María  contribuye a poner de relieve mejor los efectos de la gracia redentora de Cristo en nuestra naturaleza humana. María es totalmente santa en virtud de la gracia recibida por los méritos del Salvador (Juan Pablo II, catequesis, Oss. Rom. 31-V-96).

A Ella, queridos hermanos, a María, primera redimida por Cristo, que no quedó sometida ni por un instante al poder del mal y del pecado, la contemplamos como al modelo perfecto y a la imagen de la santidad (cf. Lumen Gentium, 65) que queremos alcanzar, con la ayuda de la gracia del Señor. Ella es la mujer   vestida de sol (Ap 12,1),

Ella nos señala el camino, nos enseña la fidelidad nos une en esta meta común que es la santidad.

Por esto es tan importante celebrar esta la fiesta de la Inmaculada Concepción, para comprender que Ella nos señala el camino, nos enseña la fidelidad, y  nos une en esta meta común que, por medio de la gracia,  es la santidad.

En esta ejemplaridad de María para nosotros, como en la familia humana, la Iglesia crece en torno a una Madre,  se enriquece con su grandeza, recibe de Ella su ternura.” Ella atrae a multitudes a la comunión con Jesús y su Iglesia, como experimentamos a menudo en los santuarios marianos. Por eso la iglesia como la Virgen María, es madre… “ (D.A.nº 268).

Al contemplar a María Inmaculada apreciamos la belleza sin par de la creatura sin pecado: "Toda hermosa eres María". La gracia concedida a María inaugura todo el camino de la gracia que animará a la humanidad hasta el fin de los tiempos.

Y también experimentamos la invitación de Dios para que, como hombres y mujeres, vivamos en gracia, y luchemos contra el pecado, y el mal. Precisamente en María descubrimos al hombre tal como ha sido «querido» por Dios, tal como Él lo ha «elegido» eternamente, llamado, destinado a la gracia y a la gloria, tal es precisamente «cada» hombre; es decir , el hombre «más concreto», el «más real» (cfr. Redemptro Hominis, nº 13).

Los hombres tenemos necesidad de Dios, tenemos  necesidad de vivir en gracia de Dios para ser realmente felices, y alcanzar nuestro fin.

María y el Adviento 

La fiesta de la Inmaculada, también nos ayuda a entrar más profundamente en este tiempo de Adviento. El relato de la Anunciación que leímos nos muestra que la venida del Señor, nos permite comprender que por María, El Señor esta cerca.

Si su "visita" es tan cercana, y reconocemos con fe que Él viene a nosotros y está muy cerca en esta Navidad y en cada momento de nuestra vida; también nosotros debemos acercarnos a los demás,  y  salir a anunciar su presencia,  y  ayudarnos a ver el mundo con una mirada nueva. Esto de algún modo es lo que han hecho ustedes esta tarde, en esta peregrinación provenientes de varias comunidades parroquiales, haciendo visible su fe en Cristo, su devoción a María Inmaculada.

Precisamente la Virgen María, fiel absolutamente a la Palabra de Dios, nos enseña ese camino de fidelidad y a hacer lo que Jesús nos diga. De este modo, la Navidad no es solo el deseo de paz, sino el poder vivir esa paz. Interiormente,  en la familia y en la sociedad, porque "un Niño nos ha nacido" (Is.9,5).                         

Por esto, la esperanza en la Navidad es llegar a conocer a Dios, al Dios verdadero, como María; y en el fondo, como nos dice el Santo Padre, “eso es lo que significa recibir esperanza" (Spes  Salvi nº 3)

Les deseo a todos  un buen tiempo de Adviento y una feliz Navidad.

Mons. José Luis Mollaghan, arzobispo de Rosario


Publicado por verdenaranja @ 23:02  | Homil?as
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