Domingo, 03 de enero de 2010

Comentario al Evangelio del domingo segundo después de la Navidad, publicado en Diario de Avisos el domingo 3 de Diciembre de 2009, bajo el epígrafe DOMINGO CRISTIANO.

Las palabras y la Palabra

Daniel Padilla

 

En el principio ya existía la Palabra". En eso estamos. Y también esta­mos en que la Palabra está junto a Dios" y en que "la Palabra era Dios". Pero, claro, si esa Palabra aspiraba a ser medio de comunicación social de la Divinidad para con la Humanidad, necesitaba una mega­fonía humana. Y, no se escandalicen de mis metáforas, María fue la que, en sus purísi­mas entrañas, fue gestando los labios, la lengua, la garganta, los pulmones, los bra­zos, las manos, es decir, todos los preciosos vehículos de expresión que utilizó el Verbo de Dios para pronunciarse entre los hom­bres, con los hombres y a los hombres. Ella hizo posible que "el Verbo de Dios acampara entre nosotros" y luego se extendiera, creciera y se multiplicara. Así es como Jesús habló. Y muchos le escucharon en directo: el ciego, el cojo, el joven rico y la joven adúl­tera, el sordo de nacimiento y aquellos otros sordos de voluntad, todavía más sor­dos, los fariseos. Otros le escuchamos en diferido -¿o también en directo?-, ya que su buena noticia, como un eco interminable, nos llega desde las montañas de los púlpi­tos, las llanuras de los escritos, los labios de las madres y “las gentes sencillas, a las que Dios reveló estas cosas, ocultándoselas a los sabios". Sí: el verbo sigue hablando y empapando nuestra tierra y esa palabra no puede volver a los cielos vacía. Pero, dicho esto, quiero añadir que también en mí se ha encarnado la palabra. Y, parodiando a Gabriel Celaya, diré que "esa palabra minúscula", que se me ha dado, "es un arma cargada de futuro". Con ella puedo matar, desde luego. Pero puedo construir de mil maneras. Y así, puedo...

Enseñar. Enseñar al que no sabe. Toda nuestra cultura se desarrolla al compás binario del docente-discente: enseñar y aprender. Debemos hacer un homenaje agradecido a los que nos enseñaron.

Orientar. ¿Nadie les ha orientado en la vida? ¿Nadie les sacó de dudas? ¿Nadie les ha aconsejado?

Consolar. Y, ¿qué decir de la palabra que, cuando más aplatanados estábamos, alguien, más que decir, nos "intentó decir", ya que la emoción no lo dejó? ¿Nunca les ha llegado una carta de afecto, una llamada de teléfono animándoles, una palmada de adhesión? ¿No les han sacado de paseo alguna vez para distraerles de una pena?

Dialogar. Ay, amigos. He aquí un ejerci­cio en el que estamos desentrenados. Hablamos y hablamos, sí; pero cada cual su discurso. Más que de un diálogo, se trata de dos monólogos superpuestos. Nadie escu­cha a nadie. Y, sin embargo, el diálogo podía ser solución para muchas divisiones.

Amar. Te amo. Te amaba hace mucho tiempo. Te amaré siempre. La conjunción verbal más repetida. Los novios a las novias y viceversa. Los padres a los hijos y vice­versa. LOS esposos entre sí, y suma y sigue. "Palabras de amor, palabras", poetizaba Gerardo Diego emocionado. Y, aunque -recordando a Bécquer-, las palabras como los "suspiros, son aire y van al aire", cuánta felicidad llevaron a nuestro corazón.


Publicado por verdenaranja @ 9:37  | Espiritualidad
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