Mi?rcoles, 06 de enero de 2010

Homilía de monseñor José Ángel Rovai, obispo de Villa María, en la Solemnidad de la Inmaculada Concepción. (AICA)
(8 de diciembre de 2009)


INMACULADA CONCEPCIÓN 

1.- Historia de la humanidad. ( Gen.3,9-15.20)

La Palabra bíblica proclamada en la primera lectura, nos presenta la historia de la humanidad.

Dios crea a la humanidad para que sea una familia. Vivir en el amor en la fraternidad y en la solidaridad fue el proyecto originario de Dios para la humanidad. La hizo a su imagen y semejanza dotada de la libertar para determinarse por el bien que el creador le proponía.

El hombre abusando de la libertad rechazó el proyecto de Dios, por soberbia. Dios en su inmensa misericordia le propone la promesa de un Redentor. Es la descendencia de la mujer que aplastaría la cabeza de la serpiente. Es el drama del pecado original que trajo a la humanidad el misterio del mal en todas sus formas, la muerte es la consumación de los mismos.

Nuestra vida consiste en confiar en la promesa de Dios que nos posibilitará con su ayuda, la posibilidad de vivir a fondo nuestra filiación

Será siempre el amor de Dios que toma la iniciativa y desciende hasta nuestra miseria para rescatarnos y hacernos hijos suyos. Misterio y don que debemos asumirlo con su ayuda a través de nuestra libertad. Dios nos propone y nos brinda esta posibilidad.

Todo es gracia y don, es una oferta a nuestra libertad.

2.-Dios nos ofrece otra oportunidad. (Ef. 1,3-6.11-12)

La afirmación de la segunda lectura nos vuelve a considerar el originario plan de Dios que se nos ofrece ahora por el camino de la Redención en Cristo.

Hemos sido elegidos por el Padre en Jesucristo. En esta elección ocupa un lugar eminente y ejemplar, la Virgen Inmaculada, ella fue elegida como lo anuncia el texto del génesis que hemos elegido, para colaborar activamente a la obra de la Redención

María es amada de un modo especial por Dios para la obra redentora del Padre. Es la modalidad del amor eterno que con amor eterno nos ha amado como nos dice el profeta Jeremías, amor que supera la caída y nos redime enviando a su Hijo Eterno que tomará su humanidad por obra del Espíritu Santo de las entrañas purísima de María.

Se hace semejante a todo, menos en el pecado como lo relata San Pablo. El que es eterno como el Padre se hace historia.

El tiempo que estamos viviendo en la liturgia del adviento nos prepara para que vivamos la realidad profunda de la gracia de la filiación en Jesucristo

Dios siempre nos sorprende con la sobreabundancia de la gracia. Siempre nos brinda mucho más de lo que nos merecemos. Es fruto de su amor oblativo lo que hace posible lo que para nosotros es imposible. Todo es gracia, don, misterio de comunicación plena. Es Pablo el que nos dirá, donde abundo el pecado, sobreabundó la gracia…

Por eso nos vemos cada uno de nosotros reflejados en el misterio de María que fue elegida por amor.

Descubrimos el proyecto originario de Dios que será sobreabundantemente retornado a la humanidad. En la noche pascual la Iglesia cantará “o Feliz culpa” que nos mereció tan grande Redentor.

Contemplemos con fe, amor y esperanza este don que el Padre en su amor nos hace.

Ser cristianos consiste precisamente en dejarnos deslumbrar por los caminos del amor de Dios que nos hace posible la fidelidad al proyecto divino.

Para la libertad, nos liberó Cristo nos dice el Apóstol en la carta a los Gálatas. Usemos nuestra libertad para el bien, no hagamos lo que Adán realizó por su soberbia, vivamos el don de la humildad sabiendo que cuando Dios nos pide algo lo hace para nuestra plena y auténtica felicidad no nos dejemos llevar de los espejismos y engaños del enemigo que busca nuestra perdición.

Hemos sido elegidos por amor para amar, en un mundo fracturado, en una patria llena de egoísmos y sectarismos es importante que nos pronunciemos por la solidaridad y la fraternidad, evitando con la ayuda de Dios los egoísmos e individualismo que nos cierran sobre nosotros mismos apostemos por la justicia especialmente por los pobres débiles y sufrientes.

3.-Cumplimiento pleno de las promesas de Dios. Lc. 1,26-38

El Evangelio proclamado, nos ofrece la realización plena de las promesas de Dios.

Los protagonistas son el Padre, el Ángel enviado, El Espíritu Santo que lleva a su realización el misterio, María que responde con plena libertad entregándose completamente a los designios de Dios y hace posible desde la humanidad, el descenso del Hijo Eterno a la humanidad

Es la alianza definitiva entre Dios y la Humanidad. En el instante de la libertad de María provocada por el Espíritu Santo se realiza el misterio cristiano.

Como decía el Siervo de Dios Juan Pablo II “nunca la historia estuvo tan pendiente de una libertad humana como en ese momento”.

María se abandona a la voluntad de Dios y El la hace fecunda. Es la Virginidad de María como disponibilidad plena y total al llamado divino de colaborar al proyecto salvador de la humanidad.

Es la libertad plena, es la virginidad fecunda de la mujer preparada desde toda la eternidad, es la Redención Pascual de Cristo que obra anticipadamente en María. Como nos decía el Concilio Vat. II María es el fruto más excelente de la Pascua de Cristo.

Ella es inmaculada como obra de la gracia, como don pleno. María se deja transformar en Virgen y Madre en un instante.

Su virginidad perpetua no es otra cosa que la disponibilidad plena y total a los designios misteriosos del Eterno. Ella es la tierra fecunda que da el ciento por uno como nos dice la parábola del sembrador.

María acompañará a Cristo hasta el árbol de la Cruz, allí se transformará en Madre de la Iglesia y también en su modelo como respuesta perfecta al proyecto del Padre.

María constituye con su Hijo Jesús el misterio cristiano, que es obra de Dios y de la humanidad. En este misterio nos encontramos injertados todos nosotros. Somos llamados a colaborar desde el Bautismo en la obra redentora de Jesús, llamados a ser discípulos y misioneros de Jesús.

Elegidos para ser testigos en la sociedad y en esta nueva cultura del amor redentor de Dios. Procuremos con nuestra vida dar testimonio de esta verdad suprema que Dios ha otorgado a la humanidad.

Lo hacemos en el año en que el Santo Padre nos pide tener presente a aquellos que han sido llamados a colaborar como pastores junto con Jesús de la Iglesia y del mundo.

Año sacerdotal. Jesús nos regaló el sacerdocio ministerial en el día en que nos dejó su testamento de Amor: La Eucaristía. El jueves santo celebramos este misterio de un amor inefable.

Queridos hermanos, oren por nosotros, los sacerdotes que hemos sido llamados a este don y misterio.

Oren para que seamos sacerdotes según el corazón de Cristo y de la fidelidad de María. Ella fue la Madre del único sacerdote del que participa todo el pueblo de Dios y de modo particular, los que hemos sido llamados a ejercer el ministerio apostólico.

Oremos para que el Señor regale a nuestra Diócesis de la ciudad de María muchos y santos sacerdotes para que no nos falte nunca el Pan de la Palabra, el don de los sacramentos y pastores que nos ayuden y hagan posible vivir comunidades eclesiales vivas y misioneras.

Termino pidiéndoles que oremos por la Iglesia hermana de Río IV, lugar donde se forman nuestros seminaristas y que hoy celebra los 75 años como Diócesis. Precisamente la mayoría de ellos se encuentran allá en estos momentos junto con el Vicario General el Padre Sergio Rubiolo quien nos representa en la celebración.

Que María la Madre inmaculada nos alcance de su Hijo bendiciones abundantes para nuestra Diócesis, particularmente para nuestras familias, nuestros niños jóvenes adultos y ancianos, los pobres y enfermos para que nuestra Iglesia particular sea fiel al proyecto de Dios y nos llene de un intenso discipulado de Jesucristo para que seamos en esta porción del pueblo de Dios testigos misioneros de Jesucristo.-

Mons. José Ángel Rovai, obispo de Villa María


Publicado por verdenaranja @ 20:38  | Homil?as
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