Jueves, 07 de enero de 2010

Homilía de monseñor Carmelo Juan Giaquinta, arzobispo emérito de Resistencia para el tercer domingo de Adviento. (AICA)
(13 de diciembre 2009)


“JUAN ANUNCIABA UN BAUTISMO DE CONVERSIÓN”
3,2b.3-10-18 

I. “¿Qué debemos hacer, entonces?” 

1. El domingo pasado leímos en el Evangelio que Juan el Bautista anunciaba a todos, sin distinción, “un bautismo de conversión para el perdón de los pecados” (Lc 3,3). Hoy leemos la reacción de la gente, y la respuesta de Juan a la pregunta: “¿Qué debemos hacer? (v. 10)”. La misma pregunta se formulará la gente en Pentecostés, cuando oiga predicar al apóstol Pedro (cf. Hch 2,37). 

2. La predicación evangélica no es una simple exposición de verdades religiosas para ser conocidas con la mente. La Palabra de Dios es anunciada para ser recibida en el corazón y realizada con obras que muestren un cambio radical de conducta. No basta escucharla y proclamarse cristiano. Es preciso ponerla en práctica y vivir como Cristo. Juan Bautista interpela con su mensaje: “Produzcan los frutos de una sincera conversión, y no piensen: ‘Tenemos por padre a Abraham’. Porque yo les digo que de estas piedras Dios puede hacer surgir hijos de Abraham” (Lc 3,8). Jesús hará lo mismo: “¿Por qué ustedes me llaman: ‘Señor, Señor’, y no hacen lo que yo les digo?” (Lc 6,46).  

3. La predicación de Juan sobre la conversión está dirigida a todos los hombres. Y ello se muestra en los diferentes grupos que la escuchan: el grueso de la gente, los recaudadores de impuestos, los militares. Todos ellos se interrogan: “¿Qué debemos hacer, entonces?” (Lc 3,10). La enumeración de los grupos que hace Lucas es una simple ejemplificación. Con derecho imaginamos que los demás grupos sociales también se interrogaban ante la predicación de Juan, en especial los que aparecen con más frecuencia en el Evangelio: los sacerdotes, los escribas, los fariseos. 

II. TRADUCCIÓN A LA SITUACIÓN DE HOY 

4. ¿Cómo traducir el pasaje evangélico al lenguaje y situación de hoy? Intentémoslo: el común de la gente que se dice cristiana, los clérigos, los políticos, los sindicalistas, los empresarios, los periodistas… 

El común de la gente

5. “El que tenga dos túnicas, dé una al que no tiene” (v.11), respondía Juan a la gente que le preguntaba “qué debemos hacer” (v. 10). No hay ninguna persona que no pueda hacer el bien. Cada uno a su medida, según las circunstancias de su vida, todos están llamados a hacer el bien. Hay mucha gente que lo hace. Más de la que se piensa. Si este mundo no estalla a pesar de tanta maldad, es gracias a la gente que vive calladamente en la bondad.

Sin embargo, hay que abrir los ojos. Porque al pueblo sencillo se lo pervierte de muchas maneras. Por los medios que le proponen modelos de vida inhumanos, donde prima el egoísmo en vez de la solidaridad. Por la manipulación que hacen de él no pocos que están puestos para servirlo. Hemos de velar, porque la pérdida de la honradez del pueblo sencillo sería la peor desgracia para la Argentina. 

Los clérigos

6. Lucas muestra que “los sumos sacerdotes y los escribas con los ancianos” conocían el bautismo de conversión de Juan Bautista, pero no creyeron en él (Lc 20,1-7). Nadie puede escapar a los interrogantes que plantea su predicación. Tampoco los ministros ordenados, que tenemos la misión de continuarla. Un buen punto de nuestro examen ha de ser cómo predicamos la conversión. El Concilio dice que “los presbíteros tienen como obligación principal el anunciar a todos el Evangelio de Dios” (PO 4). Y que los Seminarios han de preparar a los candidatos a las Órdenes sagradas “sobre todo en la catequesis y en la predicación” (OT 19). ¿La predicación que hacemos los clérigos es un fruto digno del mandato de Jesús y del Concilio? ¿Lo es la mejor preparación que en este campo han de impartir los Seminarios? No faltan quienes digan que en la predicación, medio capital para la evangelización, y en la preparación para ella, hay en la Iglesia un déficit alarmante.  

Los políticos

7. Nos referimos a ellos el domingo pasado. Son los que detentan la vocación terrena más excelente, pues procuran el bien común. En la práctica, lamentablemente, cuánto se ha degradado esta vocación en la Argentina. El desorden interno en el cual se vive, y la insignificancia a la que la Argentina se ha reducido en el concierto de las naciones: son dos frutos amargos de la degradación de la vocación política. Y un triste mérito de los grandes partidos. “¿Qué debemos hacer?”, se preguntarán. “Recuerden que Ustedes no son más que hombres. No se crean dioses. Resistan la tentación del totalitarismo. Sus partidos no son más que una parte de la opinión pública, y no el todo. Ábranse con sinceridad a dialogar con los otros que no piensan como Ustedes, y quieran construir junto con ellos un País para todos”. 

Los sindicalistas

8. Son los que defienden el pan y los derechos de los trabajadores y los encargados de promover su dignidad. Hay, por cierto, sindicalistas solidarios con sus compañeros, capaces incluso de dar la vida por ellos. No pocos se proclaman cristianos. Pero algunos lo son sólo de palabra. Pues promueven conductas disolventes de la paz social, que nada tienen que ver con el Evangelio, ni con la lucha justa por los derechos y la dignidad de los trabajadores. Y cuánta prepotencia muestran. Ni siempre se explica el tenor de vida que llevan, no acorde con sus salarios. Si la conversión de los políticos es cosa ardua, no lo es menos la de los sindicalistas. Pero es preciso plantearla. Y promoverla. 

Los empresarios

9. “El que tenga qué comer, haga otro tanto”, decía Juan Bautista (Lc 3,11). La exhortación vale para los empresarios, puestos en la sociedad para crear fuentes de trabajo y multiplicar el pan para el pueblo. La pequeñez de gran parte del empresariado argentino, comparado con la magnitud que podría haber adquirido en los últimos sesenta años: ¿es sólo fruto del dirigismo del Estado? ¿De la falta de normas jurídicas estables? ¿No habrá algo negativo intrínseco al mismo? Por ejemplo: ¿una visión corta que le impide ver que el bien del trabajador es el bien de la empresa? ¿Una noción de lucro fácil y absoluto? ¿Una manera de actuar al margen de toda ética? 

Los periodistas

10. Empresarios y actores de todos los medios. A veces se les atribuyen todos los males. Pero no pocas veces se arrogan ser un sector impoluto. A pesar de la individualidad de sus componentes, tal vez sea el sector con sentido corporativo más agudo, pues reacciona al instante ante cualquier objeción. Salvo algún editorial escrito, es difícil hallar en él una autocrítica sincera. Con el pretexto de que ellos no construyen la realidad, sino que la reflejan: muchos se eximen de toda reflexión sobre su accionar. No pocos hablan irreflexivamente de lo que no saben. Y actúan sin ningún sentido de la ecología social que habrían de preservar. “¿Qué debemos hacer?”. Unir íntimamente capacidad profesional y sentido moral.

 III. “CONSUMIRÁ LA PAJA EN EL FUEGO” 

11. Juan Bautista presenta al Mesías como un campesino que, después de la cosecha, hace la trilla, y separa el grano de la paja: “Tiene en su mano la horquilla para limpiar su era, y recoger el trigo en su granero. Pero consumirá la paja en el fuego inextinguible” (Lc 3,17).

No cabe duda que en la Argentina hay buen trigo. Pero de paja hay parvas enteras a quemar. Como si una peste hubiese invadido el trigal, y hubiese quedado más paja que trigo bueno. Los argentinos comenzamos a transitar el sexenio del bicentenario 2010-2016. ¿Sabremos quemar tanta paja que ocupa inútilmente un campo prometedor? 

Mons. Carmelo Giaquinta, arzobispo emérito de Resistencia


Publicado por verdenaranja @ 22:51  | Homil?as
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