Viernes, 08 de enero de 2010

Lectio Divina para el segundo domingo de Navidad 2009-2010 - C, ofrecida por la Delegación Diocesana de Liturgia de la Diócesis de Tenerife.

LECTURA:      “Juan 1, 1‑18”

 En el principio ya existía la Palabra, y la Palabra estaba junto a Dios, y la Palabra era Dios. La Palabra en el principio estaba junto a Dios.  Por medio de la Palabra se hizo todo, y sin ella no se hizo nada de lo que se ha hecho.  En la Palabra había vida, y la vida era la luz de los hombres.  La luz brilla en la tiniebla, y la tiniebla no la recibió.

Surgió un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan:  éste venía como testigo, para dar testimonio de la luz, para que por él todos vinieran a la fe. No era él la luz, sino testigo de la luz.

La Palabra era la luz verdadera, que alumbra a todo hombre.  Al mundo vino, y en el mundo estaba;  el mundo se hizo por medio de ella, y el mundo no la conoció.  Vino a su casa, y los suyos no la recibieron.  Pero a cuantos la recibieron, les da poder para ser hijos de Dios, si creen en su nombre.  Estos no han nacido de sangre, ni de amor carnal, ni de amor humano, sino de Dios.

Y la Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros, y hemos contemplado su gloria:  gloria propia del Hijo único del Padre, lleno de gracia y de verdad.

Juan da testimonio de él y grita diciendo:  «Éste es de quien dije:  "El que viene detrás de mí pasa delante de mí, porque existía antes que yo."»  Pues de su plenitud todos hemos recibido, gracia tras gracia.  Porque la ley se dio por medio de Moisés, la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo.

A Dios nadie lo ha visto jamás: Dios Hijo único, que está en el seno del Padre, es quien lo ha dado ha conocer. 

MEDITACIÓN:      “Les da poder…si creen”

            Hemos comenzado la andadura el nuevo año, y en este su primer domingo la palabra nos vuelve a acercar el texto que escuchamos el mismo día de Navidad. Es una manera de querer comenzar este nuevo camino marcando bien el paso, algo que a veces cuesta. Por eso, éste condicional que nos pone el evangelista resulta como el punto clave de la cuestión.

            Algo claro es la realidad de tu venida, de tu encarnación, de tu oferta de salvación. Algo claro es que tú vienes como la palabra de amor que se encarna en gestos de amor. Ésa va a ser la esencia de todo tu paso por nuestra tierra.

            Algo claro es que tú vienes como luz, para iluminar nuestras sombras, nuestras oscuridades, nuestras incertidumbres y miedos, y aportarnos un resquicio de esperanza. Para decirnos que esas sombras no son la última palabra sobre el hombre y la historia, por mucho y fuerte que sea su peso.

            Y así, tu encarnación se nos hace llamada, anuncio, invitación, posibilidad. Y tu presencia parece conectar con esas ansias y deseos que laten en el corazón de todo ser humano. Pero tu presencia necesita ser acogida, abrazada, encarnada en nuestra propia vida, si no, corre el riesgo de agostarse, de secarse por falta de cuidado. Vienes para anunciarnos que nos ofreces el poder de ser hijos de Dios, de vivir como hijos de un tal Padre, y de manifestar desde ahí nuestras lazos de fraternidad, capaces de meternos en la corriente de algo nuevo y bueno que nos deseamos cada año que comienza.

            Lo deseamos, pero parece que todavía hay fuerzas mayores que no nos dejan creerlo de verdad, acogerlo con firmeza, vivirlo con esfuerzo y entusiasmo, trabajarlo con denuedo e ilusión. La realidad nos aleja de nuestros mejores sueños, pero tú has entrado en nuestra historia, sigues llamando a la puerta de nuestros corazones, y eso hace posible que, a pesar de todo, la esperanza siga abierta.

ORACIÓN:      “Como hijo”

            Señor, en el inicio de este año todavía se mantienen vivos mis deseos. El mundo no ha cambiado sustancialmente, ni yo tampoco, pero tu palabra y tu presencia siguen vivas y se me muestran con toda la fuerza de tu cercanía y de tu amor. Que nunca deje de resonar tu palabra en mí, Señor, sigue llamándome “hijo”, para que termine aprendiendo a vivir y actuar como hijo tuyo, y que esta realidad me ayude cada día a tomar conciencia de mi ser hermano, para que contigo ponga mi grano de arena para hacer un mundo mejor.

CONTEMPLACIÓN:      “Sigue…”

Sigue brillando en el centro
de mis oscuridades,
sigue siendo Palabra viva
en medio de mis silencios
y mis vacíos.

Sigue siendo Padre
aunque no sepa vivir
como hijo,
porque creo que esa esperanza
que pones en mí
conseguirá que un día
sea proyección de tu luz
y de tu palabra.

Sea para ti un hijo
y desde ti me haga hermano.


Publicado por verdenaranja @ 10:34  | Liturgia
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