Viernes, 08 de enero de 2010

 Lectio  Divina para la Fiesta de la Epifanía del Señor - C 2010, ofrecida por la Delegación de Liturgia de la Diócesis de Tenerife.

LECTURA:      “ Mateo 2, 1‑12”

Jesús nació en Belén de Judea en tiempos del rey Herodes.  Entonces, unos magos de Oriente se presentaron en Jerusalén preguntando: «¿Dónde está el Rey de los judíos que ha nacido? Porque hemos visto salir su estrella y venimos a adorarlo.» 

Al enterarse el rey Herodes, se sobresaltó, y todo Jerusalén con él; convocó a los sumos sacerdotes y a los escribas del país, y les preguntó dónde tenía que nacer el Mesías. 

Ellos le contestaron: «En Belén de Judea, porque así lo ha escrito el profeta: "Y tú, Belén, tierra de Judea, no eres ni mucho menos la última de las ciudades de Judea, pues de ti saldrá un jefe que será el pastor de mi pueblo Israel"» 

Entonces Herodes llamó en secreto a los magos para que le precisaran el tiempo en que había aparecido la estrella, y los mandó a Belén, diciéndoles: «Id y averiguad cuidadosamente qué hay del niño y, cuando lo encontréis, avisadme, para ir yo también a adorarlo.» 

Ellos, después de oír al rey, se pusieron en camino, y de pronto la estrella que habían visto salir comenzó a guiarlos hasta que vino a pararse encima de donde estaba el niño. 

Al ver la estrella, se llenaron de inmensa alegría. Entraron en la casa, vieron al niño con María, su madre, y cayendo de rodillas lo adoraron; después, abriendo sus cofres, le ofrecieron regalos: oro, incienso y mirra. 

Y habiendo recibido en sueños un oráculo, para que no volvieran a Herodes, se marcharon a su tierra por otro camino. 

 MEDITACIÓN:      “Hemos visto su estrella”

 Los reyes nacen en los palacios, al menos en teoría, y era lógico que aquellos hombres terminasen preguntando en el palacio del rey si allí había nacido algún heredero especial. Además venían siguiendo su estrella y allí, en Jerusalén, había desaparecido, por lo tanto era señal de fin de camino.

Pero no, aquellos buenos hombres no se dieron cuenta de que la estrella ya no estaba porque aquella no era la corte del rey con el que esperaban encontrarse, no era aquel el mejor lugar para que brillase nada, de no ser el poder y la ambición, con todas sus secuelas.

Pero también el mal, aunque sea por intereses, termina abriendo camino al bien. Y así, donde menos lo esperaban, sobre una casa sencilla de pueblo, no de la gran capital, la estrella volverá a brillar. En ella una joven sencilla y un niño cualquiera, pero qué bonita escena, ante ellos, aquellos hombres caen de rodillas, como si una fuerza los empujase a hacerlo, y le adoran, como rey y como Dios.

No, no importa que la escena sea así de histórica. Ni que sean magos o reyes, o nada. Lo importante es que tu venida es como la señal de que una luz especial nos ha llegado, algo bueno nos ha pasado. Suele decirse de algún pequeño que “éste ha nacido con buena estrella”. La historia, la verdad, es que no te lo puso muy fácil, Señor. No sé si fue buena estrella para ti, pero no cabe duda de que lo fue para el mundo y para nosotros.

A pesar de las muchas oscuridades en las que vivimos envueltos, muchos lugares donde tu estrella no es posible ser vislumbrada, tú sigues brillando y ofreciendo tu luz, siempre donde menos lo esperamos. Donde menos brilla el poder, allí estás silencioso, riendo o llorando, pero estás. Eres tú mismo el que ríes o lloras, y al mismo tiempo lanzas tu grito de esperanza. Tu anuncio de buena noticia, para que sea escuchado, acogido. Es un grito de liberación que quiere ayudarnos a desatar todas esas ligaduras que nos atan, que nos condicionan, que no nos dejan volar, que no permiten que expresemos lo mejor, lo más noble, lo más limpio, lo más bello, lo más bueno que hay en nosotros. Es un grito que quiere rasgar nuestros horizontes, pequeños y limitados, y darnos cauces de eternidad. Es palabra que quiere desbordar desde mis oídos hasta mis entrañas y desde ellas diseminarse allí donde me muevo.

Sí, tu estrella vuelve a aparecer, a brillar en mi vida, quiere brillar en la noche de nuestra humanidad esperanzada y dolorida, y eso, a pesar de mis sombras e incertidumbres, me llena de inmensa alegría. Y como a aquellos personajes una fuerza me impulsa a hincar mis rodillas y adorarte en una profunda acción de gracias.

 ORACIÓN:      “Tu luz”

             Enséñame a descubrir tu luz, tu presencia, en todo lo sencillo y lo bueno que hay en el mundo, que hay a mi alrededor, y a ayudar a que los demás también lo sientan y lo vean. Que al final sean más las estrellas, y que la luz termine dominando y venciendo  nuestras oscuridades. Porque aunque tal vez no lo sepamos, hay más hombres y mujeres que siguen buscando una luz que los que tratan de apagarla.

CONTEMPLACIÓN:      “Tu estrella”

 Necesito una estrella
que me guíe
en la oscuridad de mi camino,
Que me permita atravesar
las noches que se ciernen
en el mundo,
y que me envuelven el alma.

Necesito tu estrella
que aliente mi andadura,
en la incertidumbre de mi historia,
en mis sombras más profundas,
que mantenga mi esperanza
abierta.

Y tú vienes a rasgar mi penumbra,
a hacer de mi noche día,
a ser para mí y hacerme a mí,
estrella.


Publicado por verdenaranja @ 10:39  | Liturgia
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