Lunes, 11 de enero de 2010

Homilía de monseñor Rubén Oscar Frassia, obispo de Avellaneda-Lanús en la asunción del Pbro. Maximiliano Bartels como párroco de San Cayetano de Lanús. (AICA)
(13 de diciembre de 2009)

Asunción del Pbro. Maximiliano Bartel
 

Queridos sacerdotes, diáconos, religiosas.
Querido pueblo fiel:

Es una alegría hermosa y profunda estar aquí hoy para conformar y consolidar esta parroquia que durante tanto tiempo se ha venido preparando, como lo recordó muy bien un miembro de la comunidad al inicio de esta Misa. Todo esto fue preparado durante mucho tiempo, durante muchas etapas históricas de la vida de la parroquia, grande, de Santo Cristo. En el fondo fue el Señor, quien ha llevando las cosas conforme a su sabiduría y a su beneplácito.

Hace mucho tiempo me había dicho el padre José Martínez Jordano: “¡hay que hacerla parroquia!, ¡hay que hacerla santuario!” y siempre me fue expresando el sentir de la comunidad. En este día también tenemos un recuerdo y una oración al padre José que durante tantos años acompañó a toda esta comunidad.

Al padre Néstor Sailer le tocó, quizás, la parte más dura: ser el medio, ser puente, hacer la voluntad de Dios, que es lo que decide el Obispo, cuáles son las exigencias. Se llevó en este tiempo la parte más difícil y quiero públicamente agradecerte -querido Padre Néstor- porque has preparado el camino con mucha altura, con mucha generosidad y con mucha disponibilidad. Preparó el camino y hay que tenerlo en cuenta porque eso lo hacen las personas grandes, no las personas pequeñas. Preparar el camino e irse, haciendo la voluntad de Dios.

A los laicos, que lo han acompañado, quiero agradecerles y felicitarlos por cómo han ido trabajando para que este día, nuestro templo, el templo de San Cayetano, esté tan bellamente preparado y ornamentado. ¡Muchas gracias porque han trabajado con esfuerzo y que Dios, que no se deja vencer en generosidad, sea generoso con ustedes!

Al padre Maximiliano, que es el primer párroco: un sacerdote joven que, como todas las cosas Dios va llamando a través de la Iglesia, aunque parece que nunca está preparado, sí hay que tener en cuenta que si El llama, si el Señor llama, Él da la gracia, el Señor te acompaña. Yo estoy convencido y creo, por experiencia propia, en la fuerza y en la gracia sacramental. Si Dios te lo pide, Dios te va a dar la gracia suficiente para que puedas cumplir con su voluntad. Querido padre Maximiliano, el Señor te bendice; el Señor te pide esto.

Hoy se consolida de una manera muy fuerte una paternidad espiritual que tendrás que desarrollar y cultivar como cosa propia. Uno siempre fue responsable pero cuando tiene otro techo puede decir “recurro al párroco” o “la última palabra la tiene el párroco”. Es más fácil porque, de alguna manera, para las cosas siempre hay una instancia superior. Ahora empieza a ser el techo, la referencia. Y tendrás que ir aprendiendo, trabajando, rezando, sufriendo, entregando y amando.

Guiar una comunidad no es nada fácil y hoy más que nunca. Siempre, cuando uno cuenta, busca como todos. ¿Qué cosa buscamos todos? Todos buscamos hacer la voluntad de Dios. ¡Si buscamos la voluntad de Dios, es más fácil! Porque lo que Dios pide tiene verdad, tiene amor, tiene disponibilidad, tiene entrega y tiene sacrificio. Si uno busca la voluntad de Dios es más fácil trabajar en la Iglesia. Yo te aconsejo, querido padre Maximiliano, que siempre sepas que tienes que buscar la voluntad de Dios antes que obedecer a las presiones de los hombres.

Buscar la voluntad de Dios y escuchar a la gente. Escuchar sapiencialmente a la gente pero no someterse a los caprichos de algunas personas que quieren marcar cosas que, quizás, no deben ser marcadas. Esto sucede en todos los ámbitos y siempre el que guía, el que conduce, tiene que agudizar el oído interior para poder escuchar y ver por dónde Dios nos va llevando.

La oración. La oración por tu pueblo. La oración por tu parroquia. La oración por tus fieles. Considerar a todos tus hijos. No excluir a nadie.

Esta comunidad del santuario, ahora como parroquia pero con experiencia, tendrá que crecer en esta identidad que significa abrirse al barrio y a la comunidad. Sé muy bien lo que significa el Santuario. Sé muy bien lo que significa la atención de los peregrinos. Es algo muy pero muy importante y los peregrinos superan límites parroquiales, territoriales. Vienen de todas partes. ¡Bendito sea Dios, que vengan a Su Casa para escuchar su Palabra y recibir la bendición! Pero también es parroquia y como tal debe buscar su identidad.

La parroquia tendrá que comunicarse en el barrio, estar presente, permanentemente tener una actitud misionera, evangelizadora, creativa, dar espacios. Siempre digo “abramos las puertas de la Iglesia, que la gente venga, que vengan a nosotros, que hay lugar, pero luego cuando vienen no les damos lugar”, es ahí que no estamos siendo verdaderos misioneros. ¡Tenemos que ser coherentes! ¡Si invitamos, acojamos bien! ¡Si invitamos, que todos tengan un lugar para sentarse a nuestra mesa, que es la mesa del Señor y no nuestra!, por eso es importante la coherencia.

El Evangelio de hoy decía “¿qué cosas tenemos que hacer?” Bueno, eso: hacer cosas concretas. No tenemos que irnos en palabras, elocuentes o no. Tenemos que hacer cosas concretas. Tenemos que tener un corazón más universal, más concreto. Tenemos que ir a todos, porque todos tienen derecho a conocer a Jesucristo. Y buscar a la gente que se fue. Preguntar por qué se fue para que también venga. Actitud misionera.

Querida parroquia de San Cayetano, de Lanús este, les pido que tengan conciencia de este hermoso desafío y de esta hermosa responsabilidad. Si Dios lo quiere, y Dios da la gracia, ¡a cumplirlo!, ¡a concretarlo!, ¡a vivir en convicción!, ¡a vivir en serio!, porque tenemos poco tiempo y no podemos darnos el lujo de distraernos de nada ni de nadie.

Querido padre Maximiliano, rezaremos por ti; te acompañamos siempre y no temas porque el Señor está a tu lado, está en tu vida, te va a dar la gracia para que puedas llevar a cabo lo que Él quiere y no lo que pueda pretender los demás.

Uno se hace padre con los hijos. Uno crece con los hijos. Darse y dar tiempo para aprender, para corregir, para brindar, para fortalecer, para sostener. ¡Esta es la vida! y esta es la vida de la Iglesia; todos nos equivocamos en la vida pero más importante son las cosas buenas que las cosas malas. Una comunidad tiene que vivir siempre “revestida de los sentimientos de Cristo Jesús” y tener una actitud de misericordia, de bondad, de paciencia, de generosidad, de claridad, de transparencia, de pureza, ¡de tantas cosas que Dios nos ha regalado! y que tenemos que vivir con mucha entereza y mucha disponibilidad.

Que la Virgen, Nuestra Señora de la Asunción, te guíe siempre. Que santa Teresa te de pasión por la Iglesia. Y que San Cayetano te haga recordar el amor a la Providencia. Dios nos cuida, nosotros tenemos que cuidar a los demás. Dios es providente y nosotros tenemos que ejercer la providencia para con los demás. Nos necesitamos todos. Mi padre siempre decía “hijo, una mano lava la otra y las dos lavan la cara”. ¡Nos necesitamos mutuamente! ¡Ayuden a vuestro párroco para que sea un buen párroco!

Que así sea.

Mons. Rubén Oscar Frassia, obispo de Avellaneda-Lanús


Publicado por verdenaranja @ 22:16  | Homil?as
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios