S?bado, 16 de enero de 2010

Información enviada por Carlos Peinó Agrelo, Peregrino, Cursillista, Colaborador en la redacción de la Positio super virtutibus del Siervo de Dios y Vicepostulador de su Causa de Canonización. 

MANUEL APARICI
«Capitán de Peregrinos

Y LA ENCÍCLICA «MIT BRENNENDER SORGE»
DE S.S. PÍO XI 

«MIT BRENNENDER SORGE
Encíclica del Papa Pío XI del 14 de Marzo de 1937
 

         «El Secretario de Estado del Vaticano, Cardenal Tarcisio Bertone, que participó en el Congreso Internacional “La diligencia eclesial  de Pío XI a la luz de las fuentes archivistas”, definió esta Encíclica como “la requisitoria más firme y precisa jamás escrita contra el nazismo” […]

         »Recordó la voluntad de Pío XI contra el comunismo ateo, que expresó particularmente en la Encíclica “Divini Redemptoris”. Según Bertone, el Pontífice supo gobernar la Iglesia con vigor y miró con ojos nuevos las misiones y el arraigo católico fuera de Europa» [1].  

«Pío XI hace una llamada a una “Cristiandad ejemplar” en su Encíclica […]. Ello refuerza considerablemente el ideal peregrinante del Siervo de Dios Manuel Aparici hacia la Cristiandad ejemplar con la peregrinación y el Congreso, aunque la guerra obligase a esperar.

         »Manuel Aparici, “una gloria y corona de la Diócesis de Madrid, singular y deslumbrante” [2], un día, respondiendo a la llamada del Papa, “capitaneó” a toda una generación juvenil en un largo peregrinar de doce años, que culminó en la gran cita ante el Apóstol Santiago en 1948, la mayor peregrinación llegada nunca a Compostela, meta de perenne peregrinación para impulso y sostén de un renacimiento cristiano, en cumplimiento del voto de peregrinar para llevar almas de jóvenes a Cristo y hacer de España la soñada Vanguardia de una Cristiandad “ejemplo y guía para el mundo profundamente enfermo”, urgida por S.S. el Papa Pío XI [3]. La frase le impresionó y la tomó como bandera.

         »Con su ardoroso espíritu apostólico, fue su máximo propulsor. Cuando convocaba a los Jóvenes de Acción Católica a peregrinar les convocaba para que aspirasen al espíritu ardiente de los Hijos del Trueno como estilo de vida» [4]. 

         «El solo hecho de proponer a los jóvenes de Acción Católica de la Hispanidad un gran ideal de recristianización sería capaz de vincular en caridad a España con sus veinte hijas. Pues este Ideal era superior a las fuerzas de todos y cada uno de los pueblos por separado, pero lo que resultaba dificilísimo para cada uno de los miembros de la familia hispana, resultaba hacedero para la Hispanidad en su conjunto. Por eso, la amplia proyección de este plan movió al Presidente a someterlo al Cardenal Arzobispo de Toledo, Primado de España, Mons. Gomá.

         »Expuesto el proyecto en 1936 a la Jerarquía española en la persona del Sr. Cardenal éste lo recibió con entusiasmo y lo bendijo, pero les hizo ver que empresa de tal envergadura, que trascendía a las facultades de la Jerarquía de la Iglesia española, requería la aprobación y bendición del Santo Padre y les aconsejó ponerse al habla con Mons. Tedeschini, Nuncio de Su Santidad en España, quien, a su vez, les aconsejó exponérselo al Santo Padre.

         »Con tal fin,  el 28 de enero de 1936, Manuel Aparici, Presidente Nacional, se trasladó a Roma acompañado del Vocal del Consejo, Javier Aznar. Les recibió el Cardenal Pacelli, entonces Secretario de Estado, y luego Papa Pío XII, que aprueba y bendice el proyecto y les alienta en su labor en España y de la misión de la Juventud de Acción Católica Española en la tarea de la Hispanidad.

         »Es más, les hizo ver que España tenía olvidados sus deberes de madre para con los pueblos de América y Filipinas que había engendrado a la fe de Cristo, diciéndoles que las madres nunca tienen cumplida su misión, que no basta engendrar a los hijos y educarlos, sino que siempre tienen que preocuparse de que lleguen a la máxima perfección. Les prometió la más calurosa ayuda de la Santa Sede y que al día siguiente serían recibidos en audiencia por Su Santidad el Papa, que les mostraría la profunda complacencia con que veía los proyectos de la Juventud de Acción Católica Española.

         »Y el l de febrero de 1936, eran recibidos, en audiencia especial, por Su Santidad el Papa Pío XI –era la segunda vez que recibía a Manuel Aparici en audiencia especial– a quien le expusieron el proyecto de la gran peregrinación juvenil de 100.000 jóvenes a Santiago de Compostela para 1937.

»Le dice: “Las almas huyen del Señor; por todas partes la apostasía y el materialismo aumenta; allí en España tenemos un sepulcro casi olvidado entre sombras de paganía; pero él guarda los restos de un Apóstol. ¡Padre! déjanos que convoquemos junto a sus cenizas a las Juventudes de Acción Católica de las Españas. Allí aprenderemos su lección. Y las Juventud de Acción Católica de la Hispanidad será un solo apóstol. Se llenará de tu angustia por las almas y se aplicará del todo a tu servicio”.

         »El Santo Padre acogió el proyecto con gran satisfacción, dándoles su bendición más paternal, amplia y generosa para la Peregrinación y para el Congreso [5].

         »Dos meses después de ser recibido por Su Santidad anota en su Diario: “Hay que trabajar deprisa, pues ya empieza el enemigo a sembrar la cizaña”.

         »La guerra paralizó el proyecto, que quedó aplazado –pero manteniendo muy vivo el Ideal de Santiago– La peregrinación tuvo lugar, luego de concluida la guerra, en Agosto de 1948.

         »Años más tarde resumiría así el Ideal: 

         »“ ... El Ideal de la Asociación de la Juventud de Acción Católica (Ganar a todo el mundo para Cristo, por el impulso y la fe del alma hispana), el instrumento para ganar el mundo (La Hispanidad: Comunión de Pueblos al servicio de la misión apostólica y evangelizadora de la Cristiandad ejemplo y guía para el mundo profundamente enfermo); las etapas necesarias para su consecución u objetivos parciales y el modo de realizar este Ideal (Peregrinar: Que los jóvenes caminen sobre las huellas de Cristo y de la mano de María hacia la Casa del Padre por la acción del Espíritu Santo y abran camino a las almas hermanas)”» [6]. 

         ¿Y por qué el Siervo de Dios, en vez de la «Divini Redemptoris» contra el comunismo, escogía para precepto de los Centros de Vanguardia y para la Obra toda, un pasaje de la Encíclica contra el nazismo, la «Mit Brennender Sorge? 

«LA SED DE MANUEL APARICI» 

         «Desde aquel 27 de diciembre de 1938, festividad de San Juan Apóstol y Evangelista, en Burgos, con la Guerra Civil aún encendida, el nombre de Manolo Aparici va ligado para mí a la palabra “sed” –escribe el testigo Manuel Vigil y Vázquez [7]– . Aquel día, en unión de unos cuantos dirigentes de la Juventud de Acción Católica, recibí de Aparici un crucifijo con el nombramiento de Propagandista del Consejo Superior de dicha Juventud. Al dorso, este crucifijo, metálico, llevaba inscrita esta palabra latina: “Sitio”, cuyo significado en español es “sed”. La sed de Nuestro Señor Jesucristo en la Cruz a la que se refiere el mismo San Juan en su Evangelio (19, 28,30), que más que una sed física era la sed de almas por quienes el Redentor moría en la Cruz.

         »Quienes convivimos con Aparici aquellos dramáticos años podemos testimoniar que, siguiendo a Nuestro Señor, él tenía sed de almas; viva sed de almas de jóvenes españoles a quienes convocaba desde antes del conflicto bélico de 1936 a peregrinar a Santiago de Compostela, no sólo por el compromiso histórico que ello implicaba sino ante todo para que los jóvenes españoles se reafirmaran en la fe con el vigor de quienes como Santiago y su hermano Juan aseguraron ser capaces de beber el cáliz del Señor (Mt. 20, 22, 23).

         »En los actos públicos, Aparici, orador fluente y fogoso, hablaba como tocando a rebato para salvar las almas de los jóvenes. Quería despertar en el auditorio entero aquella sed de almas a las que con mayor motivo comprometía a sus inmediatos colaboradores al entregarles el crucifijo de Propagandista. Con lucidez y ardor hablaba hasta la extenuación. Concluía sudoroso, agotado. Cuántas veces le hemos visto y admirado así. Qué ejemplo de entrega para el apostolado. La entrega que nos pedía con el crucifijo del 27 de diciembre de 1938.

         »Aparici estaba inmerso, ¿y quién no?, en la enorme conmoción que agitaba la España de los años 30. La España en la que se resumían y culminaban las divisiones arrastradas por más de un siglo, desde la guerra de la Independencia. Aparici, con Ángel Herrera [luego Cardenal], había superado el encierro de un catolicismo metido en los grupos integristas, como si la suerte de la Iglesia dependiese de sus exaltaciones reaccionarias. La Acción Católica que se ponía en marcha tras la proclamación de la República de 1931 era una Acción Católica engranada con la Jerarquía de la Iglesia en los momentos que se iba a desatar una nueva persecución, con la Iglesia rota su convivencia con el nuevo Estado, pero consciente cada vez más en que era en ella misma, en su fe, libre de apoyos políticos, en su vinculación con el Vicario de Cristo donde estaba su fuerza y libertad para predicar el Reino de Dios.

         »El entonces Presidente de los Jóvenes de Acción Católica gallegos, Maximino Romero de Lema [luego Arzobispo], propuso, al efecto, que afiliados de toda España confluyeran en una gran peregrinación en Santiago de Compostela, toda España camino de Santiago, renovando la penitencia y la salvación de las que había sido acicate durante siglos. Aparici, ya Presidente del Consejo Superior, apoyó con todo su fervor, su sed de almas, esa iniciativa que sería el impulso para la formación de los nuevos Centros Parroquiales. Era una convocatoria muy juvenil porque respondía a la inquietud de los años mozos y más en aquellos tiempos de perturbación. Adelante, pues, con la peregrinación, para el próximo Año Santo en Santiago entonces.

         »La Guerra Civil impondría otro peregrinar a uno y otro lado del frente en que España quedó partida: el de la persecución y el de los Centros de Apostolado de Vanguardia. Aparici estaba en La Coruña en los momentos iniciales del Alzamiento. De conformidad con la Jerarquía, que tenía depositada toda su confianza en él, se instalaría en Burgos para reorganizar allí el Consejo Superior de la Juventud de Acción Católica. La Iglesia se había propuesto mantener la Acción Católica libre de implicaciones políticas, por favorables que fuesen en el lado de la sublevación, donde la guerra se proclamaría “cruzada” sin que ello fuera refrendado por la Iglesia. Los colaboradores de Aparici, en edad militar en su mayor parte, habían de estar por supuesto más tiempo en los frentes que en Burgos, adonde acudían en cuanto les era posible. Este ir y venir era beneficioso para la consolidación de los Centros de Vanguardia, sustitutos en aquellas circunstancias de los Centros Parroquiales, dada la movilización de los jóvenes. Los Centros de Vanguardia eran de vanguardia de apostolado juvenil, de adelantados de peregrinos, de los que llegó a haber del orden de los cuatrocientos. Como tales no dependían del mando militar ni tampoco de unidades de clara finalidad política. Aparici y los suyos fuertemente respaldados por la Jerarquía de la Iglesia mantuvieron el apostolado juvenil en tan difíciles condiciones libre de confusionismos de cualquier orden.

         »Aparici promovía una intensa relación con los Centros de Vanguardia para lo que se valió también de SIGNO, el quincenal de la Organización suspendido por la persecución en Madrid, y del que consiguió su reaparición en Burgos pese a su escasez de recursos, convertido en periódicos de los Centros de Vanguardia, al cual se unían publicaciones varias con textos para el apostolado en el frente, para el funcionamiento de sus Centros.

»En 1937, en plena guerra, Pío XI publica sus Encíclicas contra el nazismo, la «Mit Brennender Sorge», y contra el comunismo, la «Divini Redemtoris». En la primera el Papa urgía una «Cristiandad ejemplo … para el mundo profundamente enfermo».

         »¿Y por qué en vez de la «Divini Redemptoris» contra el comunismo, Aparici escogía para precepto de los Centros de Vanguardia y para la Obra toda, un pasaje de la Encíclica contra el nazismo, la «Mit Brennender Sorge? Lo natural dada la lucha entablada hubiera sido elegir para norma a la Encíclica contra el comunismo. Pero el rechazo del comunismo era claro y asumido por los jóvenes creyentes […]. Mas los católicos y sobre todo los de vanguardia, no podían desconocer que en Alemania la Iglesia era perseguida por un neopaganismo aceradamente organizado […]. En el Consejo Superior de Burgos se estaba al corriente de la “religiosidad” de la Alemania hitleriana, pues se mantenía relación, pese a lo difícil y comprometedora que era, con la Iglesia católica también allí perseguida como lo estaba en España y en México. El neopaganismo más que el comunismo, bajo diferentes sistemas políticos es el persistente enemigo de Dios en nuestro tiempo. A los hechos nos remitimos. Aparici llevado de su sed de almas había visto claro […].

         »Salvar a España del comunismo iba a servir para poco si al tiempo se quedaba inerme ante el neopaganismo que estaba más que llamando a nuestras puertas […]. La sed de almas que Manuel Aparici quería despertar en los suyos le llevó a comprometerles a esforzarse por una Cristiandad “ejemplo y guía para el mundo profundamente enfermo”. La ansiada peregrinación a Santiago de Compostela había de ser el medio para tan intrépida decisión.

         »En una España devastada por la guerra y no sólo en el orden material, había que tener mucha fe para ir adelante con el propósito de la peregrinación. Los Centros Parroquiales reabiertos tras ser licenciados los Centros de Vanguardia mantenían el espíritu de éstos. Estimulados por Aparici y los suyos se sentían peregrinos por más que el estallido de la guerra mundial en 1 de septiembre de aquel mismo 1939 fuera un obstáculo para poder fijar la fecha de la peregrinación. Pasarían varios Años Santos jacobeos antes de poder fijar la fecha de movilización, que finalmente fue la del Año Santo de 1948. Dieciséis años después de ser propuesta. Hacía un año que Manolo Aparici había sido ordenado sacerdote. “Tengo sed” eran palabras gravadas en el cáliz de su primera Misa. Aparici y con él otros muchos Jóvenes de Acción Católica habían ingresado en el Seminario. La persecución había dejado miles de huecos por cubrir en el sacerdocio. La mies estaba harto necesitada de operarios del Señor. Una Juventud de Acción Católica convocada a hacer de España una “Cristiandad ejemplo” sería un vivero de vocaciones, de lo que Aparici con su sed de almas daba ejemplo.

         »Entretanto, hasta llegar el 1948, un torrente de Cursillos de Formación de Dirigentes y de Formación de Adelantados de Peregrinos [los cursillos de Adelantados, Jefes y Guías de Peregrinos fueron creados por el Siervo de Dios en 1940 para dar base espiritual a los peregrinos camino de Santiago]. De peregrinaciones a distintos santuarios de España, empezando por él del Pilar. Todo enderezado a vigorizar la vida sobrenatural. Los sucesores de Aparici, Antonio García Pablos el primero, siguiéndole mantuvieron sus enseñanzas apostólicas con una fidelidad tocada de la sed de almas de Manolo.

         »Con su muerte, el 28 de agosto de 1964 tras nueve años de inmisericorde dolencia que lo tuvo recluido, inmóvil entre acerbos dolores, pero con fe acrecida y con su sonrisa característica en su relación con el prójimo, con su muerte, decimos, pareció olvidarse la España peregrinante y Vanguardia de Cristiandad por él impulsada. Pero veinticinco años después, el 19 de agosto de 1989 [8], una nueva y populosa peregrinación de jóvenes a Santiago de Compostela, de jóvenes de todo el mundo, por cientos de miles, multiplicando las decenas de miles de la de 1948, hasta entonces la mayor peregrinación llegada a Santiago, tan sobrepasada luego por la de 1989. Sobrepasada y presidida por el mismo Vicario de Cristo, el Papa felizmente reinante, Juan Pablo II. 

         ¡Qué respuesta a la sed de Manuel Aparici! 

[1]  Periodista Digital de fecha 26 de febrero de 2009: http://www.periodistadigital.com/religion/object,php?o =1095249

[2]  José Díaz Rincón (Su carta de fecha 14 de diciembre de 2002).

[3]  «Una Cristiandad en que todos los miembros vigilen sobre sí mismos, que deseche toda tendencia a lo puramente exterior y mundano, que se atenga seriamente a los preceptos de Dios y de la Iglesia, y se mantenga, por consiguiente en el amor de Dios y en la solícita Caridad para el prójimo, podrá y deberá ser ejemplo y guía para el mundo profundamente enfermo, que busca sostén y dirección, si es que no se quiere que sobrevenga una enorme catástrofe o una decadencia indescriptible».

[4]  De la Biografía del Siervo de Dios puesta por la Asociación de Peregrinos en su página web: http://www.peregrinosdelaiglesia.org

[5] Un año después de que el Papa le diera su bendición para tan ambicioso proyecto, el 14 de marzo de 1937, éste promulga la Encíclica “Mit Brennender Sorge” por la que urge una Cristiandad «ejemplo y guía para el mundo profundamente enfermo».

Puede pensarse: ¿Acaso el ofrecimiento de Manuel Aparici al Papa Pío XI, de hacer de las Juventudes Católicas del Mundo Hispánico un sólo apóstol, sugirió en la mente del Santo Padre la idea de una «Cristiandad ejemplar»? …

En todo caso, si entonces él aspiraba a que España y los pueblos hispanos formasen la Vanguardia de aquella Cristiandad ejemplar urgida por el Papa Pío XI, hoy, cuando la mitad de los fieles católicos son de habla hispana, constituye una exigencia el que la Comunidad católica iberoamericana se esfuerce por ser de verdad Vanguardia de nueva Evangelización, esa nueva Evangelización a que nos urgía S.S. Juan Pablo II.

[6]  De la Biografía del Siervo de Dios puesta por la Asociación de Peregrinos en su página web: http://www.peregrinosdelaiglesia.org

[7]  C.P. pp. 9886-9896.

Conoció al Siervo de Dios en 1935, siendo éste Presidente del Consejo Superior de los Jóvenes de Acción Católica. Manuel Vigil era miembro del Consejo Diocesano de Madrid-Alcalá, encargado de su Boletín. En julio de 1936 el Siervo de Dios le nombró Delegado del Consejo Superior en los Cursos de Verano que se celebraban en el Colegio Cántabro de Santander. En septiembre de 1938, al ser destinado a la Agencia LOGOS, establecida provisionalmente en Burgos, volvió a encontrarse con el Siervo de Dios que estaba allí al frente del Consejo Superior de los Jóvenes de Acción Católica también establecido en Burgos. El Siervo de Dios había logrado reanudar la publicación de SIGNO suspendido en Madrid por la persecución de que era objeto cuanto con la Iglesia se relacionase.  Al aparecer Manuel Vigil por Burgos el Siervo de Dios le pidió que como periodista que era se hiciera cargo de la dirección de SIGNO. Procedía de la Escuela de Periodismo EL DEBATE. Desde entonces, primero en Burgos, luego en Madrid, hasta la entrada del Siervo de Dios en el Seminario en octubre de 1941, su relación con él fue muy frecuente. Aunque el Siervo de Dios era el inspirador de SIGNO en sus líneas doctrinales, dejaba empero una gran libertad de acción a su Director tanto más notable cuanto en ocasiones éste tenía que tomar decisiones con la rapidez que el periodismo exige, lo cual no era siempre del agrado de algunos Consejeros. El Siervo de Dios tuvo una confianza en Manuel Vigil que nunca agradecerá bastante. Tras nueve años en la dirección hubo de dejar SIGNO al pasar a la Rama de los Hombres. En 1952 su vida profesional le lleva a Barcelona y a partir de ahí queda muy apartado del Siervo de Dios, al que no volvería a encontrar hasta años después, enfermo en su casa, donde durante nueve años hasta su muerte vivió entregado a su sed de almas para Cristo. El sentido de cruzada que nosotros teníamos era el del Siervo de Dios, de sed de almas para Cristo. El Siervo de Dios, con su llamamiento a la «Cristiandad ejemplo», permitió situar sin equívocos a la Juventud de Acción Católica en su verdadero papel. Consiguió dar a ésta un inequívoco aire de apostolado tanto en las trincheras, primero, como en los Centros Parroquiales, después, vivero de peregrinos jacobeos. Mucho periodismo ha hecho pero para él los años de SIGNO al servicio de la «Cristiandad ejemplo» son el mejor recuerdo de su vida profesional y ello se lo debe al Siervo de Dios. Desde el entonces Cardenal Primado de España, Cardenal Gomá, hasta los sacerdotes de Parroquias rurales, puede afirmar que todos tenían profunda y merecida confianza en el Siervo de Dios.

[8]  Precisamente en dicho mes se cumplían los veinticinco años de su muerte. Aunque tal vez no lo fuese, no pudo haber mejor acto conmemorativo de aniversario del «Adelantado y Capitán de Peregrinos».


 


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