Mi?rcoles, 20 de enero de 2010

Mensaje de monseñor Ricardo Oscar Faifer, obispo de Goya, para la Navidad 2009. (AICA)


MENSAJE  DE  NAVIDAD  2009 

1. Como Niños.  Comienzo este  Mensaje de Navidad con la alabanza que proclamó Jesús: “Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, por haber ocultado estas cosas a los sabios y a los prudentes y haberlas revelado a los pequeños”. (Lc.10,21).

El Padre ha querido revelar los secretos de su amor a los pequeños, por eso, sólo si nos hacemos como niños tendremos acceso al conocimiento de este “Niño recién nacido, envuelto en pañales y acostado en un pesebre”.

Pedimos, entonces, nos regale ojos y corazón de pequeños para ubicarnos delante del Pesebre y comprender el motivo de tanta alegría y de tanta esperanza.

¿Cómo no vamos a desbordar de alegría y de esperanza si Dios está con nosotros?. ¿Si así nos manifestó su amor?.  ¿Si Jesús es el Hijo de Dios y también es uno de nosotros que quiso tener, como nosotros, una Madre cuyo nombre es María?.  ¡Cuán grande es la dignidad de todo hombre, puesto que el Hijo de Dios se hizo hombre, para que el hombre pueda ser hijo de Dios!.

         Como niños, con los ojos abiertos y con el corazón estremecido, permanecemos ante el Pesebre… ¡Nunca la sorpresa, la admiración, la gratitud, la alabanza, la adoración y el consecuente compromiso cristiano serán suficientes ante el Misterio de la Navidad!. 

2. Por los niños.  Por la familia.  Si algún compromiso cristiano emerge de esta celebración navideña, es, sin lugar a dudas, atender al desarrollo integral de la niñez.  Porque Navidad es celebrar la vida digna y plena para todos, pero especialmente para los niños, puesto que es la Fiesta del Niño Dios, y en El de todo niño.

Hoy, Jesús y la Virgen, desde el Pesebre, miran a los niños con indecible ternura y esperanza conforme al proyecto de Dios que es hermoso para cada uno de ellos.  Que podamos también nosotros mirarlos con sus mismos sentimientos.  A su vez, los gurises nos miran e interrogan con ojos bien abiertos y expectantes.  Que podamos sostener sus miradas con toda la ternura y cariño posibles y con el firme compromiso de optar por los niños   en todos los órdenes, para que disfruten de una vida digna, plena y feliz, pura y hermosa.

Optar por los niños es optar por la familia, donde se aprende a amar y ser amado, a recibir amor y dar amor.  El Documento de Aparecida nos orienta diciéndonos: “La niñez, hoy en día, debe ser destinataria de una acción prioritaria de la Iglesia, de la familia y de las instituciones del Estado, tanto por las posibilidades que ofrece, como por la vulnerabilidad a la que se encuentra expuesta.”(Nº 438). Preguntémonos con toda honestidad: ¿qué horizonte de futuro ofrecemos a los tiernos retoños de la vida?.  Este mundo pensado y manipulado  por adultos es, en gran medida,  el escenario  propicio donde los Herodes modernos asesinan a los niños inocentes  (ver DA.439).

En el Bicentenario de la Patria (2010-2016), le debemos a nuestros niños, como una de las metas prioritarias para la construcción del Bien Común: “Recuperar el respeto por la familia y por la vida en todas sus formas” (Nº 32).  Así nos expresábamos los Obispos argentinos en el documento “Hacia un Bicentenario en Justicia y Solidaridad”.  Y como marco englobante con vistas al Bicentenario hemos dicho también: “Creemos que existe la capacidad para proyectar, como prioridad nacional, la erradicación de la pobreza y el desarrollo integral de todos.  Anhelamos poder celebrar un Bicentenario con justicia e inclusión social.  Estar a la altura de este desafío histórico, depende de cada uno de los argentinos.”(Nº 5).

La Asignación  por hijo, que ciertamente es perfectible, es un paso positivo hacia estas metas.  Ojalá que esta asignación, se transforme en política de Estado mediante una ley sancionada con el mayor consenso de todos los legisladores,  favoreciendo  un gran Pacto Nacional por la Infancia

3. No puedo finalizar este Mensaje sin expresar afecto y acompañamiento  a las familias afectadas por las inundaciones.  En medio de la tempestad del lago, los Apóstoles dijeron a Jesús que dormía en la barca: “ ¡Maestro!¿ No te importa que nos ahoguemos?”.  Jesús calmó la tempestad y les dijo: “¿Por qué tienen miedo?¿Cómo no tienen fe?” (Mc. 4, 35-41).

En esta situación angustiosa que nos afecta a todos: nos renovamos en la Fe, confiamos en Jesús el Señor y ejercitamos nuestras capacidades para solucionar los problemas con trabajo responsable y solidario.  Expreso mi más sincero reconocimiento a todos los voluntarios del servicio al prójimo.

En este Año Sacerdotal, valoremos y agradezcamos el don del Sacerdocio para la Iglesia y para el mundo.  Recemos por nuestros Sacerdotes, Seminaristas y jóvenes a quienes el Señor llama.  Nuestra fidelidad es posible porque Jesús es fiel a su amor y elección: “Fidelidad de Cristo. Fidelidad del sacerdote”.

Llegue a Ustedes la gracia, la paz y la bendición  que proceden de Dios, Nuestro Padre, del Señor Jesucristo y del Espíritu Vivificador.  Feliz Navidad y Año Nuevo.

Reciban mi abrazo afectuoso y mi bendición pastoral. 

Mons. Ricardo Faifer, obispo de Goya

Goya, diciembre de 2009.


Publicado por verdenaranja @ 22:28  | Hablan los obispos
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