Mi?rcoles, 20 de enero de 2010

Homilía de monseñor Carmelo Juan Giaquinta, arzobispo emérito de Resistencia para el cuarto domingo de Adviento. (AICA)
(20 de diciembre 2009)
 

MARÍA, ARCA DE LA ALIANZA

Lc. 1,39-45 

1. El ritmo del tiempo de Adviento es siempre el mismo, si bien cada año tiene su propio color: a) domingo 1º, la Vuelta definitiva del Señor; b) domingos 2º y 3º, Juan Bautista nos llama a prepararnos para celebrar la 1ª venida, que rememoramos en Navidad; c) domingo 4º, Dios nos envía a su Hijo de manera humana por medio de María. 

I. “Apenas oí tu saludo, el niño saltó de gozo en mi seno” 

2. La narración de este domingo, Lucas 1,39-45, pareciera a primera vista sólo una escena llena de afecto familiar: una mujer se informa de que su parienta va a tener familia y se apresura a ir a visitarla para darle una mano. Sin negar el encanto de ese tipo de escenas, la narración de Lucas tiene un significado más hondo. Prestemos atención a algunos rasgos: a) María “fue a un pueblo de la montaña de Judá” (v. 39); b) Isabel se pregunta “¿quién soy yo para que la madre de mi Señor venga a visitarme?” (v. 43); c) al saludo de María, Isabel siente que “el niño saltó de alegría” en su seno (v.44); d) “María permaneció con Isabel unos tres meses” (v.56). 

3. En el capítulo 6 del segundo libro de Samuel, hay una escena que es como el espejo de la descrita por Lucas: a) el rey David va hacia Baalá de Judá para trasladar el Arca de Dios; b) se pregunta “¿cómo va a entrar en mi casa el Arca de Señor?”; c) “el Arca del Señor permaneció tres meses en la casa de Obededón de Gat, y el Señor bendijo a Obededón y a toda su familia”; d) David traslada el Arca de Dios a la Ciudad de David, “con gran alegría, danzando con todas sus fuerzas delante del Señor”. 

4. El oído de los primeros cristianos, acostumbrado al lenguaje del Antiguo Testamento, sabía descubrir enseguida en el relato de Lucas un mensaje muy profundo: María es el Arca de la Nueva Alianza, pues contiene no ya las dos tablas de la Ley, sino al mismo Hijo de Dios hecho hombre. Isabel se siente indigna de recibirla, pero Juan, todavía en el seno materno, al presentir la presencia del Señor portado por María, da saltos de júbilo como David frente al arca.  

II. LA DEVOCIÓN MARIANA 

5. Esta escena nos permite comprender el júbilo que el pueblo cristiano siente ante una imagen de María, a quien invoca en las letanías como “Arca de la Alianza”. El pueblo sabe, a veces sin mucho conocimiento explícito de la Biblia, que ella es la portadora del Hijo de Dios. De allí, su devoción. No es tanto el júbilo por ver lo femenino junto a Dios. Es, ante todo, la alegría de ver que Dios nos da a su Hijo de manera humana por medio de una mujer: “Cuando se cumplió el tiempo establecido, Dios envió a su Hijo, nacido de una mujer” (Ga 4,4). Por ello, también, que en este 4º domingo previo a la Navidad es oportuna la lectura del Evangelio con la figura de María embarazada de Jesús.

III. EL AVE MARÍA 

6. El saludo de Isabel nos sugiere una reflexión sobre el Ave María. Una forma sencilla de cultivar la fe cristiana en el pueblo ha sido, quizá durante siglos, rezar tres Ave María antes de acostarse. Es una plegaria profundamente bíblica. La primera parte entrelaza dos versículos correspondientes a dos escenas marianas distintas. Comienza con el saludo del ángel Gabriel: “Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo” (Lc 1,28). Continúa con la salutación de Isabel: “Tú eres bendita entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre” (Lc 1,42). La segunda parte: “Santa María, Madre de Dios…”, expresa la fe del pueblo en la poderosa intercesión de María mientras dura su peregrinación terrena: “Ruega por nosotros pecadores ahora”. Y especialmente en el momento final: “y en la hora de nuestra muerte”. Lo mismo vale del rezo del Rosario con cinco decenas de Ave María. 

IV. DIVULGAR LA DEVOCIÓN MARIANA, SIN VULGARIZARLA 

7. El misterio de María es, a su manera, un compendio de toda la fe cristiana. Nos recuerda los misterios de: a) la creación del hombre; b) el pecado original; c) la redención por Jesucristo; d) la vida según el Espíritu; e) la glorificación final. La experiencia dice que donde existe auténtica devoción mariana, allí se robustece la fe cristiana.  

8. De allí, el dicho “María evangeliza”, frase feliz que expresa una constatación pastoral. Se ha de evitar, sin embargo, un uso cuasi mágico de la misma, como si la devoción mariana nos eximiese del esfuerzo evangelizador y no importase mejorar la acción pastoral, en especial la catequesis y la predicación. Ello sería una perversión de la devoción mariana. Ésta ha de ser divulgada, pero no vulgarizada. No se debe quitarle a la devoción mariana su riqueza. Dios, al venir a nosotros, abraza nuestra pobreza y humildad, por ello viene a través de una mujer embarazada. Pero por medio de ella nos trae la riqueza de su sabiduría y de su amor. Como recuerda San Pablo: “Ustedes conocen la generosidad de Nuestro Señor Jesucristo, que siendo rico se hizo pobre por nosotros, a fin de enriquecernos con su pobreza” (2 Co 8,9). 

Mons. Carmelo Giaquinta, arzobispo emérito de Resistencia 


Publicado por verdenaranja @ 22:44  | Homil?as
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