Domingo, 24 de enero de 2010

Comentario al Evangelio del domingo tercero del Tiempo Ordinario publicado en Diario de Avisos el domingo 24 de Enero de 2009 bajo el epígrafe DOMINGO CRISTIANO.

Dar la talla

Daniel Padilla

"Hoy se cumple esta escritura que acaban de oír". Lo dijiste, Señor, ante toda la sinagoga de Naza­ret, que tenía los ojos fijos en ti. Y lo dijiste apropiándote un pasaje de Isaías al que diste lectura. Aquel que dice: "El Espíritu del Señor está sobre mí y me ha enviado para dar...". Me impresiona tu afirmación y tu contundencia. Pero me impresiona aún más que, no sólo en ese momento, sino en cada situación, en cada actitud y actuación tuya, se cumplían siempre las escrituras en ti. Tú mismo lo subrayaste en diferentes ocasiones. Por ejemplo, un día dijiste a los Apóstoles: "Muchos reyes y profetas desearon ver los que ustedes ven y oyen, y no pudieron". Como dando a entender que los profetas hicieron el anuncio acerca de ti como Mesías, pero quienes lo vieron fueron tus paisanos y contemporáneos. Otro día te referiste a tu palabra ya cercana: "Ha de cumplirse en mí toda escritura". Y, ya resucitado, alcanzando a aquéllos dos que se iban a Emaús, comenzando por Moisés y siguiendo por los profetas, les explicaste lo que se refería a ti en toda la escritura. Sí, fuiste realizando en todo momento lo anunciado. Incluso, en el momento de morir -es algo que de verdad conmueve-, para que se cumpliera la escritura, dijiste: "Tengo sed". También los apóstoles lo reconocieron así. Y de diferentes modos los resaltaron. Felipe, cuando encontró a Natanael , dijo: "Hemos encontrado a aquél de quien habló Moisés y los profe­tas: Jesús, el hijo de José de Nazaret". Y, cuando, formando ya iglesia, comiencen a predicar de Cristo resucitado, no sólo apoyarán su argumento en el hecho visi­ble de las apariciones, sino que añadirán con fuerza: "Resucitó según las escritu­ras". Los evangelistas, igualmente. Al narrar cualquier hecho, añadirán: "Según de él estaba escrito". O: "Para que se cumplieran las escrituras". Sin embargo, este actuar tuyo no quiere decir que fueras un autómata, que te dedicaras a copiar el diseño que los profetas hicie­ron de ti. A lo que tú te dedicaste es a "hacer la voluntad del Padre". Eso era tu alimento. Lo que hicieron, por tanto, los profetas es anticiparnos, por amabilidad de Dios, a través del túnel del tiempo, un retrato anticipado tuyo, el negativo que tú ibas a poner en positivo en la Nueva Alianza. El Nuevo Testamento lo que hace es llevar a la perfección en ti todos los vaticinios, rasgos y descripciones de la vieja Ley. San Agustín lo decía con fuerza: "La ley estaba preñada de Cristo". Hoy quiero quedarme ahí, Señor. Contem­plando tu ir y venir, observando que todo tu hablar y actuar fue un exacto cumpli­miento de la voluntad del Padre minucio­samente anunciada. Y, al contemplarte así, quiero pedirte, desde mi debilidad tambaleante, pero desde mi confianza en ti, que me ayudes a `hacer la voluntad del Padre así en la tierra como en el cielo". Que me hagas ver en la Escritura lo que quizá, de alguna manera, también de mí está escrito. Que tu palabra, por tanto, sea mi alimento. Para que se fortalezca mi voluntad y sepa ir caminando según el modelo y el borrador que Dios tiene tra­zado de mí en su mente divina. Y que todos mis pensamientos, palabras y obras, es decir, toda mi silueta, no se aleje demasiado del ideal que un día proyectó Dios, de mí, en su taller de Creador. Con otras palabras, ayúdame a dar la talla Para que también en mí, se cumpla toda escritura.


Publicado por verdenaranja @ 9:43  | Espiritualidad
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