Viernes, 29 de enero de 2010

Artículo de monseñor Jorge Casaretto, obispo de San Isidro publicado en el diario Clarín el 24 de diciembre de 2009. (AICA)


LA DEUDA DE SENTIDO DE LA VIDA
   

Llegamos nuevamente al mes de diciembre, otra vez estamos frente a las fiestas. Llega el tiempo de Navidad: árboles, villancicos, pesebres ... y muchos se preguntan ¿qué festejamos? ¿hay algo para festejar?

Fue un año difícil: dificultades económicas, mucha gente sin trabajo, la inseguridad de las calles se cobró muchas vidas ... junto a ello la droga, la corrupción. A nivel político y social hemos tenido también muchas dificultades para el diálogo, para entendernos, para hacer acuerdos ... Todo esto repercute también a nivel familiar, interpersonal ... No nos limita solamente la falta de medios económicos, encontramos también muchos corazones diezmados por la desesperanza; entre las personas está el miedo presente a salir a la calle, miedo a que los seres queridos no vuelvan, a las dificultades de hoy, pero también hay miedo por mañana. Miedo a que los hijos no reciban la educación adecuada, a no poder ofrecerles posibilidades a los jóvenes, a que no encuentren trabajo. Es así que descubrimos que, además de tener deudas económicas, en nuestro país estamos padeciendo una deuda de sentido.

¿A qué me refiero? A que todas estas adversidades pueden hacernos perder el norte, la dirección de nuestra vida. Ya no sabemos adónde vamos, y perdemos los motivos para vivir, trabajar y amar.

En el documento que los obispos escribimos en noviembre del año pasado, con motivo del Bicentenario de la Patria, decíamos: "La nueva cuestión social abarca tanto las situaciones de exclusión económica como las vidas humanas que no encuentran sentido y ya no pueden reconocer la belleza de la existencia". Esta es nuestra deuda mayor: la deuda de sentido de la vida. Hoy y siempre se hacen atractivas las ideas y las personas que sean capaces de devolvernos las razones para vivir, de darnos motivos para seguir luchando.

Los cristianos reconocemos en Jesús, que en esta Navidad vuelve a nacer en el pesebre de Belén, el gran sentido de nuestras vidas. Hacia Él confluyen todas las esperanzas y lo reconocemos como el único que es capaz de darle sentido aun a lo que no lo tiene, porque al hacerse uno de nosotros y atravesar el dolor y la muerte, renovó y le dio un nuevo significado a todo. Significado que nosotros creemos que nos será plenamente manifestado cuando termine nuestra peregrinación por este mundo. Por eso la Navidad es para nosotros una alegría tan grande, una fiesta tan importante.

Ahora bien, la venida de Jesús nos compromete en la transformación del mundo y de la historia: si Él se jugó por nosotros, esto significa que debemos jugarnos unos por otros, porque nuestra capacidad de recibir la plenitud total de la vida en el más allá se juega en el más acá: Jesús dice en el evangelio "lo que hiciste a tu hermano, a Mí me lo hiciste". La salvación definitiva que se concretará en la vida eterna comienza aquí en la tierra, generando justicia, paz, equidad, en la solidaridad y el respeto por todos. Sólo así se hace visible el sentido de la vida.

Dando un paso más, esto que digo para los cristianos, en coherencia con lo que creemos, lo pienso para todos, ya que todos tenemos en el corazón el impulso hacia la felicidad, la vida, la realización personal y comunitaria. Démosle a ese impulso el nombre que queramos, pero lo tenemos todos y es algo que se manifiesta con fuerza, tanto cuando está y se canaliza hacia la realización de nuestras metas, como cuando nos falta, ya que no podemos vivir sin un ideal, sin una estrella que nos marque el camino.

La estrella de Belén les indicó a los magos de Oriente (que no pertenecían al pueblo de los creyentes) dónde iba a nacer Jesús. Ellos, hombres abiertos y sabios, siguieron esa estrella y encontraron el sentido de su camino. Hoy, somos nosotros, los que estamos invitados a volvernos estrellas (humildes pero eficaces), que marquen el sentido del caminar de nuestra vida personal y de nuestra historia social.

¿Cómo lo haremos? Generando vínculos nuevos de pertenencia y convivencia y nuevos estilos de vida más fraternos y solidarios. Viviendo en la justicia y la equidad, favoreciendo la paz. Atendiendo especialmente a los menos favorecidos: a los pobres de cualquier pobreza, a los ancianos, a los enfermos. Dialogar, pertenecer, ser incluidos, ser escuchados y atendidos, ser justos y solidarios son acciones al alcance de todos.

Sólo si llevamos adelante esta manera de vivir podremos devolverle a nuestro pueblo el sentido de vivir y de luchar, y como argentinos podremos volver a levantar la cabeza y buscar la estrella que nos guíe en el camino. En esta Navidad, le pido especialmente al Señor por las personas que más sufren: los pobres, las víctimas de la droga, de la inseguridad, los inundados. Mi deseo en estas fiestas es que demos pasos firmes en este camino que nos señala la estrella de Belén. Le pido a Dios que nos ayude. Feliz Navidad para todos. 

Mons. Jorge Casaretto, obispo de San Isidro


Publicado por verdenaranja @ 22:31  | Hablan los obispos
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios