Martes, 02 de febrero de 2010

Homilía de monseñor Marcelo Raúl Martorell, obispo de Puerto Iguazú, para la Fiesta de la Sagrada Familia. (AICA)
(27 de diciembre de 2009)

SAGRADA FAMILIA 

“Cantaré, oh Señor las misericordias de tu amor”
(Sal. 89)

Esta festividad nos pone de manifiesto que el Salvador, viniendo a este mundo, ha querido insertarse en una familia común y a la vez extraordinaria por el aspecto milagroso que la envuelve. El Salvador haciéndose hombre quiso seguir el camino de todos los hombres: tener una familia en la tierra, una patria, una formación. Su familia no se distinguía de las otras familias de su pueblo. Era una familia de trabajadores sencilla y humilde.

Sin embargo cuando leemos sobre ella en el Evangelio (Lucas 2, 41-52) encontramos rasgos espirituales singulares. Era una familia muy particular, donde reinaba el trabajo, la oración y la honestidad. Como las otras familias judías presentaron a Jesús al Templo, como está escrito en la Ley de Moisés y hacen por él las ofrendas correspondientes. Iluminado por el Espíritu Santo el anciano Simeón reconoce en el niño al “Cristo el Señor…Le tomó en sus brazos bendiciendo a Dios” y dirigiéndose luego a la madre le dijo “Una espada atravesará tu alma” (Ib. 26).

Para estos esposos, que presentaron a su hijo en el Templo, la vida no les será nada fácil: El niño será perseguido y tendrán -a causa de una revelación- que huir a Egipto, se tendrán que instalar en tierra extranjera, con todas las privaciones que esto significa: el duro trabajo quizá mal retribuido, llevando una vida pobre. Pero María y José saben que ellos son una familia especial, conocen del misterio de su hijo y conocen también su responsabilidad en la vida para con Dios.

Seguramente que en María resuenan aquellas palabras proféticas de Simeón ”una espada atravesará tu alma” y por ello está dispuesta al sufrimiento, a toda clase de sufrimientos. Cuando peregrinan a Jerusalén el niño se pierde y es encontrado -después de ardua búsqueda- entre los doctores de la Ley. Jesús mismo les explicará las razones de sus sufrimientos cuando les dice: “¿No sabíais que yo debo ocuparme de las cosas de mi Padre?” (Ib. 49). Jesús sabe que antes que a nadie él le pertenece al Padre de los Cielos. A José y María les toca nada más que la misión de hacerle crecer y educarlo como hombre. Esto les da a José y María la conciencia también de una entrega total a Dios que exige de ellos el mayor desinterés y le da a su vida el sentido de un servicio total a Dios en colaboración con la obra del Hijo, que vino a servir a la humanidad en la salvación. Sin embargo el evangelio nos dice que “Jesús les estaba sujeto y crecía en sabiduría, edad y gracia ante los hombres y ante Dios” (Ib. 51-52).

La Sagrada familia es propuesta por la Iglesia como modelo de la familia cristiana: Esta familia está sujeta a Dios y le reconoce como Señor. En esta familia se busca la voluntad de Dios y nada se quiere ni se hace sin este horizonte. El sufrimiento y las angustias de la vida son aceptadas con un sentido profundo de fe y reconocidos como permitidos por Dios. Las más duras vicisitudes de la vida no turban la armonía del hogar. Saben de alguna manera que Dios está presente en ellas, porque ellos están enteramente entregados a Jesús como regalo de Dios y ellos se olvidarán de sí mismos y sus vidas gravitarán alrededor de la vida de Jesús, asociados a su misión.

Cuando en una familia está presente primero Dios, no olvida los preceptos del evangelio, reina en ella la caridad y el amor y los sufrimientos son asociados a los de Jesús en la Cruz. Se ora en familia, se alaba a Dios y se le respeta sobre todas las cosas. Los hijos aman a sus padres y les obedecen, como Jesús vivió obediente a sus padres. Dios quiere que los padres sean honrados por sus hijos. San Pablo nos enseña que el amor mutuo debe hacer de la familia cristiana una comunidad ideal (Col.3, 12-13)

Si la familia no está fundada en el amor cristiano es difícil que persevere en el amor, perdón y misericordia, por esto es que la familia es el primer núcleo de la Iglesia: En la Iglesia y con la Iglesia la familia colabora en la obra de la salvación y en la dignificación de la sociedad.

Que la Virgen, Madre de la entrega a Dios, nos ayude como familia a encontrarle y amarle.

Mons. Marcelo Raúl Martorell, obispo Puerto Iguazú


Publicado por verdenaranja @ 23:21  | Homil?as
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