Domingo, 07 de febrero de 2010

Comentario al evangelio del domingo quinto del Tiempo Ordinario, publicado en Diario de Avisos el domingo 7 de Enero de 2010 bajo el epígrafe DOMINGO CRISTIANO. 

Pesca con hambre al fondo

Daniel Padilla

El evangelio es inagotable. Leemos y releemos los mismos textos y, sin embargo, advertimos cada día nuevos matices que nos enriquecen. Cuando comenzamos la lectura de un fragmento, pensamos: "Lo he leído tan­tas veces que sabría recitarlo de memo­ria". Y, al momento, resulta que nos dete­nemos analizando una nueva faceta en la que no habíamos reparado. Tres son los pensamientos que brotan al hilo del evan­gelio de hoy. "La gente se agolpaba alre­dedor de Jesús para escuchar la Palabra de Dios". Me encanta la figura de un Jesús apretujado. Si he de ser sincero, me gus­taría que, cuando ejerzo el ministerio de la Palabra, la gente se agolpara en mi derredor. Pero tengo la impresión de que, en esta hora pragmatista, las gentes se agolpan ante otras ofertas más materia­les. Hoy, como en los viejos tiempos, lo que a la gente atrae son panes y circos. Y así, las multitudes se agolpan en las carre­teras tras las playas, los estadios o las dis­cotecas. Pero, ¿para oír la Palabra? Se nos ha dicho, sí, desde todas las pastora­les más modernas, que no hay que obse­sionarse con que nos sigan las multitu­des, que todas las masificaciones son peli­grosas, que el papel de la Iglesia está en alimentar a las minorías, los pequeños grupos. Que esos pequeños grupos ya irán ampliándose después, en círculos concéntricos, hasta fermentar la masa. Pero también se nos ha dicho que no hay que minusvalorar la fe de los sencillos, los que confiesan y comulgan en las fiestas de agosto, las romerías o las celebracio­nes tradicionales. "Subió a una de las bar­cas y, desde ella, enseñaba a la gente". Me encanta también este Jesús que impro­visa púlpitos y busca la eficacia. La barca será, desde ese día, símbolo y acicate para que la Iglesia emplee todos los medios de comunicación social que encuentre a su paso. Por eso, introdujo hace ya años ese día especialmente dedicado a ellos. Para convencer a los creyentes de que todo -el cine y la tele, la radio y el papel impreso, el disco y las diapositivas, los micrófonos y los vídeos- pueden y deben ser barcas desde las que lancemos la Palabra a todos los que están a la orilla. "Dijo Jesús a Pedro: 'Echad las redes...–. Pues bien. Hoy, de manera especial, me encanta este Jesús que, después de predicar se pone a dar trigo. Porque la escena que allá ocu­rrió fue una escena de manos unidas. Recuérdenlo: "Había tal cantidad de peces, que tuvieron que llamar a los de la otra barca...". Ya sé que el papel de la Igle­sia no consiste, primordialmente, en lle­nar los estómagos vacíos. Ella viene a que los pobres sean evangelizados. Pero de difícil manera podrá cumplir esa misión, si, al mismo tiempo, no "da de comer al hambriento y de beber al sediento". Es decir, conjugando simultáneamente las obras de amor espirituales y corporales. Por eso pienso que la escena de hoy es aleccionadora. Sería muy bonito que la Iglesia consiguiera que todas las barcas del mundo -creyentes o no creyentes- se unieran para enseñar a pescar y propor­cionar barcas a quienes no tienen nada, sólo hambre.


Publicado por verdenaranja @ 9:42  | Espiritualidad
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios