Martes, 09 de febrero de 2010

ZENIT nos ofrece la versi?n espa?ola del Discurso al Cuerpo Diplom?tico, pronunciado?el lunes 11 de Enero de 2010 por el Papa Benedicto XVI ante los embajadores acreditados ante la Santa Sede, a quienes recibi? en audiencia en la Sala Regia del Palacio Apost?lico Vaticano.

Excelencias,
Se?oras y Se?ores

Este tradicional encuentro al comienzo del a?o, dos semanas despu?s de la celebraci?n del nacimiento del Verbo encarnado, representa para m? una gran alegr?a. Como hemos proclamado en la liturgia, en el misterio de la Navidad, ?el que era invisible en su naturaleza se hace visible al adoptar la nuestra; el eterno, engendrado antes del tiempo, comparte nuestra vida temporal para asumir en s? todo lo creado, para reconstruir lo que estaba ca?do y restaurar de este modo el universo? (Prefacio II de Navidad). Por tanto, en Navidad, hemos contemplado el misterio de Dios y el de la creaci?n: por el anuncio de los ?ngeles a los pastores hemos conocido la buena nueva de la salvaci?n del hombre y de la renovaci?n de todo el universo. Por eso, en el Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz de ese a?o, he invitado a todas las personas de buena voluntad, a las que los ?ngeles prometieron precisamente la paz, a proteger la creaci?n. Con este mismo esp?ritu, me complace saludaros con afecto, en particular a los que particip?is por primera vez en esta ceremonia. Agradezco vivamente los sentimientos de los que se ha hecho int?rprete vuestro decano, el Se?or Embajador Alejandro Valladares Lanza, y os manifiesto de nuevo mi aprecio por la misi?n que desarroll?is ante la Santa Sede. A trav?s de vosotros, deseo enviar un cordial saludo y mis deseos de paz y bienestar a las Autoridades y a todos los habitantes de los pa?ses que dignamente represent?is. Pienso tambi?n en las dem?s naciones de la tierra: el Sucesor de Pedro tiene su puerta abierta a todos y desea establecer con todos relaciones que contribuyan al progreso de la familia humana. Desde hace algunas semanas, se han establecido plenas relaciones diplom?ticas entre la Santa Sede y la Federaci?n Rusa, y esto es un motivo de profunda satisfacci?n. Ha sido tambi?n muy significativa la visita que me ha hecho recientemente el Presidente de la Rep?blica Socialista de Vietnam, pa?s que siento muy cercano, donde la Iglesia celebra su presencia multisecular con un A?o Jubilar. Con este esp?ritu de apertura, he recibido durante el a?o 2009 a numerosas personalidades pol?ticas de diversos pa?ses; he visitado algunos de ellos y me propongo continuar haci?ndolo en el futuro, en la medida de lo posible.

La Iglesia est? abierta a todos porque, en Dios, ella existe para los dem?s. Ella, por tanto, comparte intensamente la suerte de la humanidad que, en este a?o apenas comenzado, aparece todav?a marcada por la crisis dram?tica que ha golpeado la econom?a mundial, provocando una grave y vasta inestabilidad social. En la Enc?clica ?Caritas in veritate?, he invitado a buscar las ra?ces profundas de esta situaci?n, que se encuentran, a fin de cuentas, en la vigente mentalidad ego?sta y materialista, que no tiene en cuenta los l?mites inherentes a toda criatura. Quisiera subrayar hoy que dicha mentalidad amenaza tambi?n a la creaci?n. Cada uno de nosotros podr?a citar, probablemente, alg?n ejemplo de los da?os que ella produce en el medio ambiente en todas las partes del mundo. Cito uno, entre tantos otros, de la historia reciente de Europa: hace veinte a?os, cuando cay? el muro de Berl?n y se derrumbaron los reg?menes materialistas y ateos que hab?an dominado durante varios decenios una parte de este continente, ?acaso no fue posible calcular el alcance de las profundas heridas que un sistema econ?mico carente de referencias fundadas en la verdad del hombre hab?a infligido, no s?lo a la dignidad y a la libertad de las personas y de los pueblos, sino tambi?n a la naturaleza, con la contaminaci?n de la tierra, las aguas y el aire? La negaci?n de Dios desfigura la libertad de la persona humana, y devasta tambi?n la creaci?n. Por consiguiente, la salvaguardia de la creaci?n no responde primariamente a una exigencia est?tica, sino m?s bien a una exigencia moral, puesto que la naturaleza manifiesta un designio de amor y de verdad que nos precede y que viene de Dios.

Por eso comparto la gran preocupaci?n que causa la resistencia de orden econ?mico y pol?tico a la lucha contra el deterioro del ambiente. Se trata de dificultades que se han podido constatar aun recientemente, durante la XV Sesi?n de la Conferencia de las Partes de la Convenci?n Marco de las Naciones Unidas sobre el cambio clim?tico, que tuvo lugar en Copenhague del 7 al 18 de diciembre pasado. Espero que a lo largo de este a?o, primero en Bonn y despu?s en M?xico, sea posible llegar a un acuerdo para afrontar esta cuesti?n de un modo eficaz. Se trata de algo muy importante puesto que lo que est? en juego es el destino mismo de algunas naciones, en particular ciertos Estados insulares.

Sin embargo, conviene que esta atenci?n y compromiso por el ambiente est? bien establecido en el conjunto de los grandes desaf?os a los que se enfrenta la humanidad. Si se quiere construir una paz verdadera, ?c?mo se puede separar, o incluso oponer, la protecci?n del ambiente y la de la vida humana, comprendida la vida antes del nacimiento? En el respeto de la persona humana hacia ella misma es donde se manifiesta su sentido de responsabilidad por la creaci?n. Pues, como ense?a santo Tom?s de Aquino, el hombre representa lo m?s noble del universo (cf. Summa Theologiae, I, q. 29, a. 3). Adem?s, como ya record? en la reciente Cumbre Mundial de la FAO sobre la Seguridad Alimentaria, ?la tierra puede alimentar suficientemente a todos sus habitantes? (Discurso, 16 noviembre 2009, n. 2), con tal de que el ego?smo no lleve a algunos a acaparar los bienes destinados a todos.

Quisiera subrayar, adem?s, que la salvaguardia de la creaci?n implica una gesti?n correcta de los recursos naturales de los pa?ses y, en primer lugar, de los m?s desfavorecidos econ?micamente. Pienso en el continente africano, que tuve la dicha de visitar en el pasado mes de marzo, en mi viaje a Camer?n y Angola, y al que se dedicaron los trabajos de la reciente Asamblea especial del S?nodo de Obispos. Los Padres sinodales se?alaron con preocupaci?n la erosi?n y la desertificaci?n de grandes extensiones de tierra de cultivo, a causa de una explotaci?n desmedida y de la contaminaci?n del medio ambiente (cf. Propositio 22). En ?frica, como en otras partes, es necesario adoptar medidas pol?ticas y econ?micas que garanticen ?formas de producci?n agr?cola e industrial que respeten el orden de la creaci?n y satisfagan las necesidades primarias de todos? (Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz 2010, n. 10).

Por otra parte, ?c?mo olvidar que la lucha por acceder a los recursos naturales es una de las causas de numerosos conflictos, particularmente en ?frica, as? como una fuente de riesgo permanente en otros casos? Por este motivo, repito con firmeza que, para cultivar la paz, hay que proteger la creaci?n. Adem?s, hay todav?a extensas zonas, por ejemplo en Afganist?n o en ciertos pa?ses de Latinoam?rica, donde la agricultura, lamentablemente relacionada todav?a con la producci?n de droga, es una fuente nada despreciable de empleo y subsistencia. Si se quiere la paz, hay que preservar la creaci?n mediante la reconversi?n de dichas actividades y, una vez m?s, quisiera pedir a la comunidad internacional que no se resigne al tr?fico de drogas y a los graves problemas morales y sociales que esto produce.

Se?oras y Se?ores, la protecci?n de la creaci?n es un factor importante de paz y justicia. Entre los numerosos retos que esta protecci?n plantea, uno de los m?s graves es el del aumento de los gastos militares, as? como el del mantenimiento y desarrollo de los arsenales nucleares. Este objetivo absorbe ingentes recursos econ?micos que podr?an ser destinados al desarrollo de los pueblos, sobre todo de los m?s pobres. En este sentido, espero firmemente que, en la Conferencia de examen del Tratado de no proliferaci?n de armas nucleares, que tendr? lugar el pr?ximo mes de mayo en Nueva York, se tomen decisiones eficaces con vistas a un desarme progresivo, que tienda a liberar el planeta de armas nucleares. En general, deploro que la producci?n y la exportaci?n de armas contribuya a perpetuar conflictos y violencias, como en Darfur, Somalia o en la Rep?blica Democr?tica del Congo. A la incapacidad de las partes directamente implicadas para evitar la espiral de violencia y dolor producida por estos conflictos, se a?ade la aparente impotencia de otros pa?ses y Organizaciones internacionales para restablecer la paz, sin contar la indiferencia casi resignada de la opini?n p?blica mundial. No es necesario subrayar cu?nto perjudican y degradan estos conflictos al medio ambiente. Asimismo, se ha de mencionar el terrorismo, que pone en peligro muchas vidas inocentes y causa una difusa ansiedad. En esta solemne ocasi?n, quisiera renovar el llamamiento que hice el 1 de enero, en la oraci?n del ?ngelus, a todos los que pertenecen a cualquier grupo armado, para que abandonen el camino de la violencia y abran sus corazones al gozo de la paz.

Las graves violencias que acabo de evocar, unidas a las plagas de la pobreza y el hambre, as? como a las cat?strofes naturales y a la destrucci?n del medio ambiente, hacen que aumente el n?mero de quienes abandonan sus propias tierras. Frente a dicho ?xodo, deseo exhortar a las Autoridades civiles implicadas de un modo u otro a trabajar con justicia, solidaridad y clarividencia. Quisiera referirme aqu?, en particular, a los cristianos de Oriente Medio. Amenazados de muchos modos, incluso en el ejercicio de su libertad religiosa, dejan la tierra de sus padres, donde creci? la Iglesia de los primeros siglos. Con el fin de darles apoyo y hacerles sentir la cercan?a de sus hermanos en la fe, he convocado para el pr?ximo oto?o una Asamblea especial del S?nodo de Obispos sobre Oriente Medio.

Se?oras y Se?ores Embajadores, hasta aqu? he evocado solamente algunos aspectos relacionados con el problema del medio ambiente. Las ra?ces de la situaci?n que est? a la vista de todos son, sin embargo, de tipo moral y la cuesti?n tiene que ser afrontada en el marco de un gran esfuerzo educativo, con el fin de promover un cambio efectivo de la mentalidad y establecer nuevos modelos de vida. La comunidad de los creyentes puede y quiere participar en ello, pero para hacerlo es necesario que se reconozca su papel p?blico. Lamentablemente, en ciertos pa?ses, sobre todo occidentales, se difunde en ?mbitos pol?ticos y culturales, as? como en los medios de comunicaci?n social, un sentimiento de escasa consideraci?n y a veces de hostilidad, por no decir de menosprecio, hacia la religi?n, en particular la religi?n cristiana. Es evidente que si se considera el relativismo como un elemento constitutivo esencial de la democracia se corre el riesgo de concebir la laicidad s?lo en t?rminos de exclusi?n o, m?s exactamente, de rechazo de la importancia social del hecho religioso. Dicho planteamiento, sin embargo, crea confrontaci?n y divisi?n, hiere la paz, perturba la ecolog?a humana y, rechazando por principio actitudes diferentes a la suya, se convierte en un callej?n sin salida. Es urgente, por tanto, definir una laicidad positiva, abierta, y que, fundada en una justa autonom?a del orden temporal y del orden espiritual, favorezca una sana colaboraci?n y un esp?ritu de responsabilidad compartida. Desde este punto de vista, pienso en Europa que, con la entrada en vigor del Tratado de Lisboa, ha abierto una nueva fase de su proceso de integraci?n, que la Santa Sede seguir? con respeto y cordial atenci?n. Al observar con satisfacci?n que el Tratado prev? que la Uni?n Europea mantenga con las Iglesias un di?logo ?abierto, transparente y regular? (art. 17), formulo mis votos para que Europa, en la construcci?n de su porvenir, encuentre continua inspiraci?n en las fuentes de su propia identidad cristiana. ?sta, como ya afirm? en mi viaje apost?lico a la Rep?blica Checa el pasado mes de septiembre, tiene un papel insustituible ?para la formaci?n de la conciencia de cada generaci?n y para la promoci?n de un consenso ?tico de fondo, al servicio de toda persona que a este continente lo llama "mi casa"? (Encuentro con las Autoridades civiles y el Cuerpo diplom?tico, 26 septiembre 2009).

Continuando con nuestra reflexi?n, es preciso se?alar la complejidad del problema del medio ambiente. Se podr?a decir que se trata de un prisma con muchas caras. Las criaturas son diferentes unas de otras y, como nos muestra la experiencia cotidiana, se pueden proteger o, por el contrario, poner en peligro de muchas maneras. Uno de estos ataques proviene de leyes o proyectos que, en nombre de la lucha contra la discriminaci?n, atentan contra el fundamento biol?gico de la diferencia entre los sexos. Me refiero, por ejemplo, a pa?ses europeos o del continente americano. Como dice San Columbano, ?si eliminas la libertad, eliminas la dignidad? (Epist. 4 ad Attela, in S. Columbani Opera, Dublin, 1957, p. 34). Pero la libertad no puede ser absoluta, ya que el hombre no es Dios, sino imagen de Dios, su criatura. Para el hombre, el rumbo a seguir no puede ser fijado por la arbitrariedad o el deseo, sino que debe m?s bien consistir en la correspondencia con la estructura querida por el Creador.

La salvaguardia de la creaci?n comporta tambi?n otros desaf?os, a los que solamente se puede responder a trav?s de la solidaridad internacional. Pienso en las cat?strofes naturales que a lo largo del a?o pasado han sembrado muerte, sufrimiento y destrucci?n en Filipinas, Vietnam, Laos, Camboya y en la Isla de Taiw?n. ?C?mo no recordar tambi?n Indonesia y, muy cerca de nosotros, la regi?n de los Abruzzos, golpeadas por devastadores temblores de tierra? Ante dichos acontecimientos, nunca debe faltar la asistencia generosa, pues est? en juego la vida misma de las criaturas de Dios. Pero la salvaguardia de la creaci?n, adem?s de solidaridad, requiere tambi?n la concordia y estabilidad de los Estados. Cuando surgen divergencias y hostilidades entre ellos, para defender la paz, deben perseguir con tenacidad la v?a de un di?logo constructivo. Esto es lo que sucedi? hace 25 a?os con el Tratado de Paz y Amistad entre Argentina y Chile, concluido gracias a la mediaci?n de la Sede Apost?lica y del que se derivaron abundantes frutos de colaboraci?n y prosperidad que, en cierta manera, beneficiaron a toda Latinoam?rica. En esta misma parte del mundo, me alegra el acercamiento que Colombia y Ecuador han emprendido tras muchos meses de tensi?n. M?s cerca de aqu?, me alegro por el entendimiento logrado entre Croacia y Eslovenia a prop?sito del arbitraje relativo a sus fronteras mar?timas y terrestres. Me alegro asimismo por el Acuerdo entre Armenia y Turqu?a con vistas a la reanudaci?n de las relaciones diplom?ticas y deseo tambi?n que a trav?s del di?logo se mejoren las relaciones entre todos los pa?ses del C?ucaso meridional. Durante mi peregrinaci?n a Tierra Santa, hice un llamamiento acuciante a Israel?es y Palestinos a dialogar y respetar los derechos del otro. Una vez m?s, alzo mi voz para que el derecho a la existencia del Estado de Israel sea reconocido por todos, as? como a gozar de paz y seguridad en las fronteras reconocidas internacionalmente. Asimismo, que el pueblo palestino vea reconocido su derecho a una patria soberana e independiente, a vivir con dignidad y a desplazarse libremente. Quisiera, adem?s, pedir el apoyo de todos para que sean protegidos la identidad y el car?cter sagrado de Jerusal?n, cuya herencia cultural y religiosa tiene un valor universal. S?lo as?, esta ciudad ?nica, santa y atormentada, podr? ser signo y anticipo de la paz que Dios desea para toda la familia humana. Por amor al di?logo y a la paz, que salvaguardan la creaci?n, exhorto a los gobernantes y ciudadanos de Iraq a superar las divisiones, la tentaci?n de la violencia e intolerancia, para construir juntos el futuro de su pa?s. Las comunidades cristianas quieren tambi?n ofrecer su aportaci?n, pero para ello es necesario que se les asegure respeto, seguridad y libertad. Pakist?n ha sido tambi?n golpeado duramente por la violencia en los ?ltimos meses y ciertos episodios han afectado directamente a la minor?a cristiana. Pido que se haga todo lo posible para que dichas agresiones no se vuelvan a repetir y que los cristianos puedan sentirse plenamente integrados en la vida de su pa?s. Por otra parte, a prop?sito de la violencia contra los cristianos, no puedo dejar de mencionar el deplorable atentado que en los ?ltimos d?as ha sufrido la comunidad copta egipcia, precisamente cuando celebraba la fiesta de Navidad. En cuanto a Ir?n, espero que, a trav?s del di?logo y la colaboraci?n, se encuentren soluciones comunes tanto a nivel nacional como en el ?mbito internacional. Deseo que el L?bano, que ha superado una larga crisis pol?tica, contin?e por la v?a de la concordia. Espero que Honduras, despu?s de un tiempo de incertidumbre y agitaci?n, se encamine hacia la recuperaci?n de la normalidad pol?tica y social. Deseo que, con la ayuda desinteresada y efectiva de la comunidad internacional, suceda lo mismo en Guinea y Madagascar.

Se?oras y Se?ores Embajadores, al final de este r?pido recorrido que, debido a su brevedad, no se puede detener en todas las situaciones que lo merecer?an, me vienen a la mente las palabras del Ap?stol Pablo, para quien ?la creaci?n entera est? gimiendo con dolores de parto? y ?tambi?n nosotros gemimos en nuestro interior? (Rm 8, 22-23). En efecto, hay muchos sufrimientos en la humanidad y el ego?smo humano hiere a la creaci?n de muchas maneras. Por eso mismo, el anhelo de salvaci?n que ata?e a toda la creaci?n, es todav?a m?s intenso y est? presente en el coraz?n de todos, creyentes o no. La Iglesia indica que la respuesta a esta aspiraci?n est? en Cristo ?primog?nito de toda criatura; porque por medio de ?l fueron creadas todas las cosas: celestes y terrestres? (Col 1, 15-16). Fijando mis ojos en ?l, exhorto a toda persona de buena voluntad a trabajar con confianza y generosidad por la dignidad y la libertad del hombre. Que la luz y la fuerza de Jes?s nos ayuden a respetar la ecolog?a humana, conscientes de que la ecolog?a medioambiental se beneficiar? tambi?n de ello, ya que el libro de la naturaleza es ?nico e indivisible. De esta manera, podremos consolidar la paz, hoy y para las generaciones venideras. Os deseo a todos un feliz a?o.

[?Libreria Editrice Vaticana]


Publicado por verdenaranja @ 22:34  | Habla el Papa
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