Mi?rcoles, 10 de febrero de 2010

Guión litúrgico para la Eucaristia de la JORNADA NOCIONAL DE MANOS UNIDAS 2010 que tendrá lugar el domingo, 14 de Febrero, recibido con los materiales para su celebración.

MONICION DE ENTRADA

Cada domingo nos reunimos, como creyentes en Cristo, para celebrar el misterio salvador de su muerte y resurrección. El Señor se hace presente en nuestra vida para salvarnos. Hoy, en todas las comunidades cristianas de España, se nos hace pre­sente el grito de los más pobres de la tierra por medio de la Jornada Nacional de "Manos Unidas-Campaña contra el Hambre". Estamos viviendo el 50 aniversario de Manos Uni­das y este año nos propone como lema: "Contra el hambre, defiende la tierra". Abramos nuestro corazón a lo que Dios nos manifieste en esta celebración.

ACTO PENITENCIAL

Hermanos: pidamos al Señor que perdone todos nuestros pecados.

- Tú, que quieres la vida y la felicidad para todos los hombres, purifica nuestros egoísmos. SEÑOR TEN PIEDAD.
- Tú, que te has hecho hombre como nosotros, perdona nues­tra falta de acercamiento a hermanos nuestros que viven en pobreza extrema. CRISTO TEN PIEDAD.
- Tú, que llamas a todos a la alegría de tu Reino, perdona nues­tra falta de generosidad para compartir con los que llaman a nuestra puerta. CRISTO TEN PIEDAD.

Dios todopoderoso tenga misericordia de nosotros, perdone nue­stros pecados y nos lleve a la vida eterna. AMÉN.

MONICION A LAS LECTURAS

Jer. 17, 5-8; Salmo, I; I Con 15, 12.16-20; Lc. 6, 17.20-26.

La Palabra de Dios hoy nos invita a examinar nuestra concien­cia y a interrogarnos para ver si nuestra vida va por el camino de las bendiciones o de las maldiciones. Dios no soporta al soberbio, al que se refugia en sus seguridades, sino que nos llama a vivir las bienaventuranzas y la cercanía con el pobre y el oprimido. Estos son los hijos predilectos de Dios. Dispongámonos a escuchar su Palabra como aquellas gentes sencillas que oyeron a Jesús en las orillas del algo Tiberíades.

PARA LA HOMILIA...

El evangelio de hoy es muy consolador en la primera parte, pero terriblemente fuerte y duro en la segunda. Cuando con­templamos – en nuestra sociedad de bienestar en la que vivi­mos– la pobreza y miseria de la mayor parte de la humanidad, comprendemos algo mejor las palabras del Señor.

Al discurso de las bienaventuranzas añade Lucas cuatro "ayes" o amenazas que ponen en guardia a los ricos (vv. 24-26), antítesis de las cuatro bienaventuranzas. Jesús llama dichosos a los pobres, a aquellos que lloran, a los que tienen hambre y a los que son perseguidos.Y declara destinados a la infelicidad a los ricos, a los que ríen, a los que están saciados o a los que son alabados por todos. Las palabras de Jesús contrastan con la experiencia diaria que tenemos de la vida. El ideal común de la felicidad es bien diverso de la felicidad de la que habla Jesús.

En la primera bienaventuranza Jesús garantiza a los pobres: "¡Vuestro es el Reino de los cielos!". Es evidente que Jesús no proclama a los pobres «dichosos» por el hecho de ser pobres, ni menos aún señala la pobreza como el ideal a vivir . La dicha o felicidad de los pobres radica ahora en el hecho mismo de que ya ha llegado para ellos el Reino de Dios. Son dichosos porque el «Reino de Dios les pertenece».

La pobreza y la miseria es algo escandaloso que va contra el querer de Dios. El cristiano la rechaza y la combate. Todo esfuerzo por suprimirla es un paso que hace avanzar al Reino de Dios. Sin embargo, en la actual situación en la que viven tantas personas y países, elegir la pobreza como solidaridad con los pobres para luchar contra ella se convierte en buena noticia, ya que es proseguir la causa de Jesús y vivir nuestra fil­iación y fraternidad construyendo el Reino de Dios. 

La existencia de la pobreza, como carencia de lo necesario, es una denuncia.

Hay pobres, porque alguien los empobrece.
Hay hambre, porque alguien les quita el pan.
Hay lágrimas, porque otros hacen llorar.

Hay excluidos y perseguidos por el Evangelio,
porque hay perseguidores.

Las dos afirmaciones "¡Dichosos vosotros los pobres¡" y "¡Ay de vosotros los ricos!" mueven a los que escuchan a hacer una elección, una opción a favor de los pobres. En el Antiguo Testamento, diversas veces Dios pone al pueblo delante de una elección de bendición o de maldición.Al pue­blo se le dará la libertad de escoger:"Yo te he puesto delante la vida y la muerte, la bendición y la maldición; escoge, por tanto, la vida para que vivas tú y tu descendencia " (Dt 30, 19).

Pero también la pobreza es un espíritu. "La pobreza espiritual es la actitud de apertura a Dios, la disponibilidad de quien todo lo espera del Señor.Aunque valoriza los bienes de este mundo no se apega a ellos y reconoce el valor superior de los bienes del Reino" (Medellín, I 4,4). La pobreza es, por tanto, una espiritualidad, es una actitud del cristiano; es una disponibilidad de alma abierta a Dios. Por eso los pobres son una esperanza, porque son los más disponibles para recibir los dones de Dios. Cristo dice: ¡Dichosos los pobres porque de ellos es el Reino de Dios! Ellos son los más capacitados para comprender lo que no comprenden quienes se postran ante los falsos ídolos y confían en su poder. Los pobres que no tienen esos ídolos, cuanto más pobres, más dueños del Reino de Dios, con tal que vivan de verdad esta espiritualidad, porque la pobreza que aquí dignifica Jesucristo no es una pobreza simplemente material, no tener nada, y eso es malo;

Además, nuestros compromisos con las personas y los grupos vulnerables pasan por la cruz de Cristo. El rechazo de la cruz de Cristo es el fundamento y la explicación del porqué nos cuesta tanto colaborar con los excluidos y oprimidos.

En la segunda y tercera bienaventuranza Jesús dice:"¡Dichosos vosotros los que ahora tenéis hambre, porque seréis saciados! ¡Dichosos vosotros los que ahora lloráis porque reiréis!" Lo que es definitivo será el Reino, que estamos construyendo hoy con la fuerza del Espíritu de Jesús. Construir el Reino supone sufrimiento y persecución, pero una cosa es cierta: el Reino llegará y "¡vosotros seréis saciados y reiréis!" El Reino es a la vez una realidad presente y futura. La segunda bienaventuran­za evoca el cántico de María:"A los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide vacíos" (Lc 1,53). 

La cuarta bienaventuranza nos lleva a mirar nuestra propia vida. Asumir en forma profética la exclusión, los insultos, las sospechas, la murmuración y que nos juzguen a causa del Hijo del Hombre, y eso puede ocurrir en nuestra propia familia o círculo de amigos.

Jesucristo contraponía dos mundos: el de los pobres, que se apoyan en Dios, y el de los satisfechos de la vida, egoístas y perseguidores, que no necesitan de Él. Pero además, las bien­aventuranzas desestabilizan la escala de valores que predomi­na en la sociedad. Jesús aporta una nueva comprensión de la

La liturgia de la Iglesia, al poner hoy el texto de Jeremías en la la lectura, parece estar dando una clave de interpretación: los pobres, los que lloran, los que tienen hambre son los que, desde su desamparo, tienen que saberse confiados en las manos de Dios, como dice Jeremías."Bendito el que confía en el Señor y pone en el Señor su confianza".

Y en este sentido se puede situar también la segunda lectura, porque ella motiva nuestra esperanza. Cristo vive. Esta es la gran fe y confianza, la gran espiritualidad de los pobres, este es nuestro Dios, el Dios de los pobres. Una felicidad que se pro­longará y llegará a plenitud en la vida nueva de los redimidos, de la que Lázaro es prototipo (Lc 16, 19-3 I ). El lugar privile­giado para acceder a Jesús son los pobres, en sus formas más variadas. Las manifestaciones extremas de la pobreza son el pecado y la muerte.

Cristo ha resucitado y ha salvado desde su cruz el pecado de los hombres y la muerte de los hombres. En Él consigue el hombre su liberación integral y completa. Manos Unidas, con su identidad eclesial, apuesta por el compromiso cristiano por y con los pobres buscando un desarrollo humano integral en la caridad y en la verdad, como nos enseña El Papa Benedicto XVI en su reciente encíclica.

Los que vivimos acomodados, en esta sociedad de la abundan­cia, sentimos una especial dificultad para vivir las bienaventu­ranzas de Jesús. Lo que hemos de hacer es escucharlas y em­pezar a mirar a los pobres, a los hambrientos y a los que llo­ran, como los mira Dios. De ahí puede nacer nuestra conversión.

¿Qué nos dicen hoy las palabras de Jesús, tan consoladoras unas, tan terribles las otras? 

ORACIÓN DE LOS FIELES

Oremos a Dios Padre, que en Cristo nos muestra todo su amor.

I.- Para que la Iglesia sea signo de la misericordia de Dios en medio del mundo y se manifieste como lugar de acogida para todos los hombres, ROGUEMOS AL SEÑOR.

Para que los gobernantes de todas las naciones promuevan y guarden la justicia, distribuyendo más equitativamente los bienes de este mundo entre todos los pueblos de la tierra, ROGUEMOS AL SEÑOR.

Para que en estos tiempos de crisis económica seamos generosos y compartamos nuestros bienes con los más pobres, ROGUEMOS AL SEÑOR.

4- Para que el ejemplo de todos los que trabajan en y con Manos Unidas sirva de llamada y convocatoria que atraiga a otros voluntarios, ROGUEMOS AL SEÑOR.

Para que Dios conceda gozar de la vida eterna a todos los difuntos, y de una manera especial a los que han dedicado tiempo o sus recursos económicos a Manos Unidas, ROGUEMOS AL SEÑOR.

Para que la celebración de la Eucaristía avive en nosotros el deseo de contribuir al desarrollo justo y fraternal de los pueblos, ROGUEMOS AL SEÑOR.

Escucha, Señor, nuestras súplicas y realiza en nosotros la unidad en la fe y en el amor. AMÉN. 

PRESENTACIÓN DE OFRENDAS

1.- Pan y Vino (Creados por Dios para reparar nuestras fuerzas, y ya consagrados nos ayudan a vivir la fraternidad).

2,- Sobres de Manos Unidas (Compartir con los más necesi­tados del Sur).

3,- Cartel de esta Campaña (Lema: "Contra el hambre, de­fiende la tierra).

4.- Lista de Proyectos (Son signos de los esfuerzos y gestos de amor que motivan a Manos Unidas y hacen presente el Reino de Dios).


Publicado por verdenaranja @ 19:13  | Liturgia
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