Mi?rcoles, 10 de febrero de 2010

Guión litúrgico para la Eucaristía de la Jornada Mundial del Enfermo, 11 de Febrero, fiesta de Ntra. Sra. de Lourdes, publicado por el Departamento de Pastoral de la Salud de la Conferencia Episcopal Española y que este año de 2010 se presenta con el lema “Dando vida, sembrando esperanza”.

 

Dando vida,
sembrando esperanza
Campaña del Enfermo 2010
 

GUIÓN LITÚRGICO 11 de febrero
Jornada Mundial del Enfermo
 

11 de febrero (Ntra. Señora de Lourdes): “Jornada Mundial del Enfermo” (pontificia y dependiente de la CEE, obligatoria). Liturgia del día (véase secc. Misal), alusión en la monición de entrada y en la homilía; intención en la Oración Universal. 

MISAL: para la feria cualquier formulario permitido (véase pág. 65, n. 5) / para la memoria 1.ª Oración propia, aunque por “utilidad pastoral”, a juicio del rector de la iglesia o del sacerdote celebrante, se puede celebrar con el formulario «Por los Enfermos» (cf. OGMR 376). 

Sugerencias pastorales 

• Este año, la Jornada Mundial del Enfermo adquiere un tono especial para la Iglesia Universal y para la Pastoral de la Salud. Este día coincide con el 25.º aniversario de la Institución del Consejo Pontificio para la Pastoral de la Salud y tiene como lema: “La Iglesia al servicio del amor hacia los enfermos y los que sufren”. 

• Como cada año, hay que tener presente que la Jornada Mundial del Enfermo es el primer paso de la Campaña del Enfermo, que culmina en la Pascua del Enfermo, el VI Domingo de Pascua. 

• La Campaña del Enfermo del 2010 está dedicada a celebrar los 25 años del Día del Enfermo, con el lema: “Dando vida, sembrando esperanza”.

• El lenguaje de los símbolos tiene siempre gran importancia en la celebración, pues de una forma u otra llegan a la persona e influyen en ella. Habrá que tener en cuenta aquellos que más pueden ayudar a la celebración en cada comunidad. 

Una sugerencia puede ser: 

› Cartel de la Campaña.

› En la procesión de ofrendas, pueden acompañar al pan y el vino unas flores, es el aroma que han dejado estos veinticinco años dando vida y sembrando esperanza.

› Unas cuantas antorchas, velas que nos unen a la celebración que tiene lugar en Roma, a la Procesión de antorchas en Lourdes…, es el signo de la luz, de Cristo resucitado, de tanta tradición y devoción en nuestras comunidades. 

Monición de entrada 

Hoy, memoria litúrgica de la Bienaventurada Virgen María de Lourdes, se celebra la Jornada Mundial del Enfermo. Este día coincide, además, con el 25.º aniversario de la creación del Consejo Pontificio para la Pastoral de la Salud. El lema elegido para esta celebración expresa el trabajo de la Iglesia a lo largo de la historia y de estos veinticinco años del Consejo Pontificio: “La Iglesia al servicio del amor hacia los enfermos y los que sufren”. Benedicto XVI, en su mensaje para esta Jornada, invita a dar gracias a Dios por el camino recorrido hasta ahora en el ámbito de la Pastoral de la Salud, y es su deseo que esta celebración sea ocasión para que haya un empeño apostólico más generoso en el servicio a los enfermos y a las personas que los asisten.

La Iglesia de España, a la vez que celebra la Jornada Mundial del Enfermo, da inicio a una campaña que celebrará los veinticinco años del Día del Enfermo. Demos, pues, gracias a Dios por el camino recorrido y pidámosle que fortalezca nuestro compromiso de acompañar y servir a los enfermos. 

Acto penitencial 

El Señor nos ha llamado a seguirle y la primera condición es la fe en Él, el reconocimiento de su poder. Con actitud humilde y pobre acudimos a su bondad. 

— Tú que conoces nuestra facilidad para desviar el corazón. SEÑOR, TEN PIEDAD
— Tú que nos enseñas el camino de la entrega a los más necesitados. CRISTO, TEN PIEDAD
— Tú que nos ofreces la tarea de acompañar y sanar, de animar y perdonar. SEÑOR, TEN PIEDAD 

Monición a las lecturas 

En la primera lectura se nos narra el oscurecimiento del reinado de Salomón. Salomón no ha sido fiel al Señor, su corazón se ha desviado, ha caído en la idolatría, Dios se encoleriza contra él y le anuncia el castigo que seguirá por su infidelidad. En el Evangelio, una buena mujer –no judía– se acerca a Jesús para pedirle la curación de su hija.

Las expresiones de Jesús son duras, pero a la mujer no parecen desanimarla y, con su oración humilde y confiada, Jesús le concede lo que pide. 

Sugerencias para la homilía 

1. Las lecturas del día

• 1R 11,4-13. La grandeza del reino de Israel empieza a resquebrajarse y entre las diversas causas, tanto históricas como sociológicas, hay una causa honda: el corazón de Salomón se ha desviado, no es por entero del Señor. La grandeza de Salomón es juzgada por la Palabra, pues su fuerza le viene del Señor y él ha de ser fiel a la Alianza. 

• Sal 105. Acuérdate de mi, Señor, por amor a tu pueblo. Meditación histórica sobre los siete pecados capitales del pueblo en el desierto. El pueblo reconoce el pecado, se asocia con toda la historia pecadora y pide la restauración. 

• Mc 7,24-30. Empieza una nueva sección del evangelio de Marcos, una línea teológica que se encuadra en la línea del seguimiento de Jesús. La lectura de hoy recoge un signo de convocación y se subraya la universalidad del ofrecimiento de salvación. Aparece con claridad la condición básica para seguir a Jesús: la fe en Él, el reconocimiento de su poder, actitud indigente, humilde, pobre.

Se da un paso de la fe al compromiso. Una mujer de otra religión (una pagana), es la que se acerca a Jesús en busca de su poder divino. Por eso, Jesús “se hace de rogar”: quiere comprobar el contenido de fe de la mujer. Aparentemente la humilla y le hace sufrir; pero es a través de esa dolorosa experiencia como la mujer purifica su gesto de “religiosidad” y lo transforma en un gesto de compromiso de fe con Jesús. 

2. La Jornada Mundial del Enfermo (tomado del Mensaje del Papa) 

• La Jornada Mundial del Enfermo quiere sensibilizar a la comunidad eclesial sobre la importancia del servicio pastoral en el amplio mundo de la salud, servicio que es parte integrante de su misión, ya que se inscribe en el surco de la misma misión salvífica de Cristo. 

• El sufrimiento humano alcanza su sentido y plenitud de luz en el misterio de su pasión, muerte y resurrección. “El sufrimiento humano ha alcanzado su culmen en la pasión de Cristo. La cruz de Cristo se ha convertido en una fuente de la que brotan ríos de agua viva” (Salvifici doloris, n. 18). 

• En la Última Cena, el Señor Jesús se inclinó para lavar los pies a los apóstoles, con ese gesto invitó a sus discípulos a entrar en su misma lógica del amor que se dona especialmente a los más pequeños y a los necesitados (cf. Jn 13, 12-17).

Siguiendo su ejemplo, cada cristiano está llamado a revivir, en contextos diferentes y siempre nuevos, la parábola del Buen Samaritano (Lc 10, 33-35). 

• Concluyendo la parábola, Jesús dice: “Vete y haz tú lo mismo” (Lc 10, 37). Con estas palabras se dirige también a nosotros. Nos exhorta a inclinarnos sobre las heridas del cuerpo y del espíritu de numerosos hermanos y hermanas que encontramos en los caminos del mundo; nos ayuda a comprender que, con la gracia de Dios acogida y vivida en la vida de cada día, la experiencia de la enfermedad y del sufrimiento se puede convertir en escuela de esperanza. 

• Como he afirmado en la Encíclica Spe salvi, “lo que cura al hombre no es esquivar el sufrimiento y huir ante el dolor, sino la capacidad de aceptar la tribulación, madurar en ella y encontrar en ella un sentido mediante la unión con Cristo, que ha sufrido con amor infinito” (n. 37).

• En su momento, el Concilio Ecuménico Vaticano II recordaba la importante tarea de la Iglesia de ocuparse del sufrimiento humano. En la Constitución dogmática Lumen gentium leemos que así «como Cristo … fue enviado por el Padre a “evangelizar a los pobres y levantar a los oprimidos” (Lc 4, 18), “para buscar y salvar lo que estaba perdido” (Lc 19, 10), de manera semejante la Iglesia abraza con su amor a todos los afligidos por la debilidad humana, más aún, reconoce en los pobres y en los que sufren la imagen de su Fundador pobre y paciente, se esfuerza en aliviar sus necesidades y pretende servir en ellos a Cristo» (n. 8). 

• Esta obra humanitaria y espiritual de la Comunidad eclesial hacia los enfermos y los que sufren a lo largo de los siglos se ha expresado en muchas formas y estructuras sanitarias también de carácter institucional. Quisiera recordar aquí aquellas que las diócesis administran directamente y las que han nacido de la generosidad de varios institutos religiosos. Se trata de un precioso “patrimonio” que responde al hecho de que “el amor necesita también de organización como presupuesto para un ordenado servicio comunitario” (Deus caritas est, 20). 

• La creación del Pontificio Consejo para los Agentes Sanitarios, hace ya veinticinco años, forma parte de esta solicitud eclesial por el mundo de la salud. Debo añadir que, en el momento histórico-cultural actual, se advierte más todavía la exigencia de una presencia eclesial atenta y capilar junto a los enfermos, así como de una presencia en la sociedad capaz de transmitir de modo eficaz los valores evangélicos para tutelar la vida humana en todas sus fases, desde su concepción hasta su término natural. 

• Agradezco de corazón a las personas que, cada día, “realizan un servicio para con los que están enfermos y los que sufren”, de modo que “el apostolado de la misericordia de Dios, al que se dedican, responda cada vez mejor a las nuevas exigencias” (Juan Pablo II, Cons. ap. Pastor Bonus, 152). 

• En este Año Sacerdotal, mi pensamiento se dirige particularmente a vosotros, queridos sacerdotes, “ministros de los enfermos”, signo e instrumento de la compasión de Cristo, que debe llegar a cada hombre marcado por el sufrimiento. Os invito, queridos presbíteros, a no ahorrar vuestros esfuerzos en proporcionarles cuidado y consolación. El tiempo transcurrido junto a la persona probada se revela fecundo de gracia para todas las demás dimensiones de la pastoral. 

• En fin, me dirijo a vosotros, queridos enfermos, y os pido que oréis y ofrezcáis vuestros sufrimientos por los sacerdotes, para que se mantengan fieles a su vocación y su ministerio sea rico en frutos espirituales, para beneficio de toda la Iglesia.  

Oración de los fieles

Abiertos al amor del Padre y reconociendo nuestra necesidad, acudimos a Él con confianza, para pedirle que atienda nuestra oración.

— Por la Iglesia, para que se esfuerce siempre en el estudio de la Palabra de Dios y, atenta a las nuevas realidades sociales, la sepa presentar como oferta de vida y felicidad. OREMOS.

— Por los responsables de las políticas sanitarias, para que actúen con verdadero espíritu de servicio, pensando siempre en los pobres y los débiles, de aquí y de todo el mundo. OREMOS.

— Por todos los enfermos, para que los acompañe siempre la fortaleza de Dios en su dolor y alcancen pronto la salud. OREMOS.

— Por las familias marcadas por la enfermedad, que el Señor les conceda paz, concordia y amor mutuo y en su situación encuentren el apoyo de la comunidad cristiana. OREMOS.

— Por todos los que atienden y cuidan a los enfermos, en sus casas o en los hospitales, para que hagan su trabajo con entrega y cariño, y que Dios los bendiga. OREMOS.

— Por nuestra comunidad cristiana, por los que nos hemos reunido en esta Eucaristía, que abramos nuestros corazones para recibir el amor y la gracia del Señor y seamos luz de esperanza para el mundo. OREMOS. 

Padre, escucha nuestra oración. Tú eres la fuente de toda bondad. Muéstranos tu amor, a nosotros y a nuestros hermanos del mundo entero. Por Jesucristo, nuestro

Señor. Amén.

 


Publicado por verdenaranja @ 22:58  | Liturgia
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