Domingo, 14 de febrero de 2010

Comentario al evangelio del domingo sexto del Tiempo Ordinario publicado en Diario de Avisos el domingo 14 de Febrero de 2010 bajo el epígrafe DOMINGO CRISTIANO.

Felices los infelices

Daniel Padilla

Estoy seguro de que, si uno quiere buscar en el evangelio un refrendo a su tranquilidad, lo encontrará. "Vengan a mí todos los que están cansados y agobiados, que los ali­viaré". O: "Yo soy el buen Pastor y conozco a mis ovejas". O, todavía más: "No se agobien pensando qué van a comer o cómo se vestirán". Efectiva­mente, estas sentencias pueden hacerle creer a uno que entrar en el evangelio es entrar en el país de las maravillas. ¡Y es tan confortable navegar con viento a favor! Pero, claro, una lectura seria del evangelio nos lleva al convencimiento contrario. De tranquilidades, nada. A lo que el evangelio nos llama es a nadar contra corriente, a vivir en el ejercicio constante de la paradoja, de la contra­dicción, y, si me apuran, del absurdo. Lean, si no, despacio, el evangelio de hoy: "Jesús, al bajar del monte, dijo: `Dichosos los pobres. Dichosos los que tienen hambre. Dichosos cuando les odien. Dichosos los que lloran"'. Es como decirnos: ¡Felices los infelices! Y luego añadió: "¡Ay de los ricos, porque ya tiene su consuelo! ¡Ay de los saciados y de los que ríen, porque tendrán hambre y llora­rán". Que es lo mismo que decir: ¡Infeli­ces los felices! Al leer estas sentencias, pueden surgir, claro, diferentes interpre­taciones. Unos pensarán: Se trata de tomaduras de pelo, pronunciadas por un hábil malabarista del lenguaje; juegos de palabras lanzados por un perito en logo­maquias; ingeniosa sopa de letras y fra­ses para recreo y divertimento. Otros dirán: Son invitaciones al conformismo, a la pasiva resignación, a la estoica acep­tación del que cada palo aguante su vela. Declaraciones, en fin, fatalistas, que sig­nifican: no hay nada que hacer. Siempre habrá pobreza y dolor. Por lo tanto, ¡aguanta mecha! Pero otros diremos: Son locuras a lo divino. Líneas, en apa­riencia, torcidas, pero para escribir derecho. Proposiciones para poner del revés lo que creíamos que estaba del derecho. Colocar cabeza abajo, o patas arriba, nuestra mundana filosofía del vivir. Por­que resulta que no sólo las bienaventu­ranzas, sino todo el evangelio es para­doja y contradicción. Piensen un poco. Cristo viene a reinar, pero nace en un pesebre. Busca una sociedad nueva, pero se rodea de iletrados y plebeyos. Dice que los violentos arrebatarán el reino, pero se hace amigo de los leprosos, paralíticos, sordos y débiles. Afirma que los limpios de corazón verán a Dios, pero se sienta a comer entre publicanos y pecadores. Pro­clama que es Rey, y que para eso ha venido al mundo, pero se hace obediente hasta la muerte. Nos asegura la felicidad, sí, pero sólo el que se humilla será ensal­zado. Sumen y sigan. Y se darán cuenta de que, en el programa de Jesús, todo es inversión de valores y caminar contra corriente: se gana, perdiendo; se vive, muriendo, y se conquista, perdonando. Por una elemental razón, también para­dójica. Y es la de ver que Dios, se hizo hombre. ¿Para qué? Para que el hombre se haga Dios. Chesterton debió de com­prender muy bien estas cosas.


Publicado por verdenaranja @ 9:44  | Espiritualidad
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