Martes, 16 de febrero de 2010

Lectio divina para el jueves después de ceniza ofrecida por la Delegación de Liturgia de la diócesis de Tenerife. 

Lectio jueves después de ceniza

LECTURA:       “Lucas 9, 22‑25” 

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «El Hijo del hombre tiene que padecer mucho, ser desechado por los ancianos, sumos  sacerdotes y escribas, ser ejecutado y resucitar al tercer día.»

Y, dirigiéndose a todos, dijo: «El que quiera seguirme, que se niegue a sí mismo, cargue con su cruz cada día y se venga  conmigo. Pues el que quiera salvar su vida la perderá; pero el que pierda su vida por mi causa la salvará. ¿De qué le sirve  a uno ganar el mundo entero si se pierde o se perjudica a sí mismo?» 

MEDITACIÓN:       “El que quiera seguirme”

Me anuncias tu muerte, Señor. Son las paradojas de la vida. Amar, hacer el bien, poner la vida al servicio de los demás, anunciar la fraternidad que nace de nuestra dignidad de hijos de Dios, supone ser rechazado y perseguido, incluso eliminado. Pero no es la última palabra, porque al que ama se le puede eliminar pero no al amor, por eso terminas diciendo que resucitarás. El que ama, aunque haya muerto vivirá, el mal no tiene la última palabra, la última palabra la tienes tú, la tiene el amor, y el amor es inmortal.

Y así me haces tu invitación a optar por el amor, por la vida, por todo lo que genera bien. Sé que supone opciones claras que a veces no tengo, el ir diciendo no a todo lo que no es amor en mí, y no es sencillo, porque suelo disfrazarlo con facilidad. Sé que supone lucha, incluso incomprensión, burla y persecución. Suena fuerte, pero es verdad, lo he experimentado, dentro y fuera de mí.

Pero hay una palabra de fuerza y de estímulo. El camino no lo hago yo sólo, tú vienes conmigo. Podré sentirte o no, pero me aseguras, y lo sé, que tú siempre estás a mi lado, y eso me ayuda a retomar cada día con fuerza, con ilusión, con esperanza, el camino que crea vida, el camino del bien, el camino del amor. Un camino que siento cada vez más urgente, más necesario, más vital. Y quiero seguir haciéndolo contigo.

ORACIÓN:       “Que aprenda”

Gracias, Señor, porque caminas a mi lado. Gracias por descubrirme cada mañana la fuerza transformadora que puede tener cada gesto de bien, de entrega, de amor, por pequeño que sea, que yo haga. Gracias, porque me recuerdas que mi vida está llamada a ser hoy, allí donde esté, un pequeño, pero importante, punto de calor, de luz, de paz, de amistad, de amor. Permíteme sentirte cerca, para que no me aplaste el peso. Que pueda cargarlo y llevarlo contigo.

Y que aprenda, Señor, a optar por lo fundamental. Vivimos momentos recios, no para oponernos a nadie, sino para amar más, para optar por lo que de verdad vale, por lo que nos hace humanos, por lo que construye vida, por lo que nos permita sentirnos parte de una gran familia.

 CONTEMPLACIÓN:       “Sostienes mi ilusión”

Señor,
no te veo,
pero te siento a mi lado.

Tú sostienes mi ilusión,
sostienes mi esperanza.

Mantienes viva
la llama de mi amor.

Y siento en mi interior
la caricia de tu paz,
que me llamas a compartir.


Publicado por verdenaranja @ 22:22  | Liturgia
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