Mi?rcoles, 17 de febrero de 2010

Lectio divina para el viernes después de Ceniza 2010 ofrecida por la Delegación Diocesana de Liturgia de la diócesis de Tenerife


Lectio viernes, después de ceniza
 

LECTURA:       “Mateo 9, 14‑15”

En aquel tiempo, se acercaron los discípulos de Juan a Jesús, preguntándole: «¿Por qué nosotros y los fariseos ayunamos a menudo y, en cambio, tus discípulos no ayunan?»

Jesús les dijo: «¿Es que pueden guardar luto los invitados a la boda, mientras el novio está con ellos? Llegará un día en que se lleven al novio, y entonces ayunarán.»

 MEDITACIÓN:      “¿Tus discípulos no ayunan?”

Creo que me estás llamando a descubrir la penitencia que me abre a ti, de verdad, y a los otros. La penitencia que soy capaz de enfocar desde la solidaridad con el dolor o las necesidades de los otros. La penitencia que me lleva a esforzarme en dominar aquellos aspectos de mi forma de ser, y que afectan directamente a los que están conmigo. O si quiero ceñirme a la actitud que aparece en la lectura, el ayuno de todos mis egoísmos, de mis posturas cerradas, de mi carácter impaciente o irritable.

Ayunar de muchas cosas superficiales, o no tanto, pero que en realidad no necesito. Ayunar de mi yo para salir con más facilidad al encuentro de los otros. Ayunar materialmente para unirme a los que ayunan por obligación, y ofrecer de mis bienes, pocos o muchos, para hacerme sentir hermano de todos. Obligado a tenderles mi mano, a aportarles algo de mi vida, algo de lo mío, de lo que me cuesta, y hasta de lo que puede limitar mis caprichos.

Ese ayuno será siempre bienvenido y será siempre necesario. Tú lo hiciste. El otro, el externo, el que busca satisfacer mi yo para cumplir unas normas, puede tener su sentido si está abierto al amor que se extiende hasta los otros. Y ese ayuno, en este tiempo especial, es importante que lo trabaje, porque tal vez me descubra realidades nuevas de mí y de los otros. Y sé que si es así, y aprendo, ese ayuno merece la pena.

ORACIÓN:       “Sinceridad”

Señor, perdóname, porque siempre tengo motivos para justificar mis comodidades. Para no dar valor a cosas que pretendo afirmar que están pasadas, que ya no tienen sentido, y que no son sino excusas para mantener mi comodidad. Dame lucidez y sinceridad, Señor, para reconocer que sí, que tengo que abrirme a muchos ayunos, no para mí, ni siquiera por ti, sino para descubrir lo mejor de mí, y para aprender a convertirme en don, en ofrenda, en hermano.

 CONTEMPLACIÓN:       “Vacíame”

Vacíame de mí, Señor,
y lléname de las ansias
de vida
que atraviesan tus entrañas
humanas y divinas.

Y de tu estar contigo
que vayan saltando
mis ataduras
hasta hacerme
gesto y don
de pan y de paz.


Publicado por verdenaranja @ 16:33  | Liturgia
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