Jueves, 18 de febrero de 2010

Lectio divina para el sábado después de ceniza 2010 ofrecida por la Delegación Diocesana de Liturgia de la Diócesis de Tenerife.


Lectio sábado después de ceniza 

LECTURA:        “Lucas 5, 27‑32”

En aquel tiempo, Jesús vio a un publicano llamado Leví, sentado al mostrador de los impuestos, y le dijo: «Sígueme.»
Él, dejándolo todo, se levantó y lo siguió. Leví ofreció en su honor un gran banquete en su casa, y estaban a la mesa con ellos un gran número de publicanos y otros. Los fariseos y los escribas dijeron a sus discípulos, criticándolo: «¿Cómo es que coméis y bebéis con publicanos y pecadores?»
Jesús les replicó: «No necesitan médico los sanos, sino los enfermos. No he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores a que se conviertan.»

 MEDITACIÓN:        “Un publicano”

Es esperanzador experimentar que tu mirada no es como la nuestra, Señor. Tú no te quedas en la superficie. No miras solamente lo que se ve. Al contrario, miras más bien lo que no se ve, lo que está más dentro, lo que nos hace capaces de más posibilidades y que ni nosotros mismos intuimos o descubrimos en nosotros. Hasta eres capaz de descubrir en un pecador empedernido un posible discípulo.

Tú crees en el hombre, Crees en él porque sabes que está hecho a tu imagen y semejanza, y por muy desfigurado que lo encuentres vislumbras que en su interior late la semilla de humanidad y divinidad que lo hace capaz de lo mejor y más noble.

Frente a ti nuestra mirada siempre es pobre. No ve más que lo externo, y desde ella se atreve a juzgar y a poner barreras que limitan y frenan. Ésa es la diferencia que nos salva: mientras los hombres nos ponemos frenos y límites a nuestras posibilidades, tú nos abres a dimensiones siempre nuevas y sorprendentes. Así me invitas a mirarme a mí y  a mirar a los demás.

Mientras, te acercas con una delicadeza y una contundencia que me permite seguir mi camino seguro de que estás más pendiente de mis pasos adelante que de mis paradas, de las posibilidades abiertas de mi salud que de las enfermedades que me puedan condicionar. Tú, Señor, siempre miras adelante, y descubres el potencial de amor que late en mí y que tú me permites, para asombro mío, descubrir, y poner en marcha.

 ORACIÓN:       “Un corazón limpio”

Gracias de nuevo, Señor, porque levantas mis murallas, las que me condicionan a mí mismo y las que me impiden ver la grandeza que hay en el interior de mis hermanos los hombres. Dame una mirada y un corazón limpio que me dejen ver profundo, que no se quede en la superficie. Y dame coraje para no contentarme con lo que soy y no ponga freno a tu proyecto de amor sobre mí.

CONTEMPLACIÓN:       “Tu  cercanía”

Siento que me miras,
no con ojos de reproche,
sino con mirada de amor,
y percibo tu llamada,
y tus deseos volcados
sobre mí.

Y así me haces sentir
tu cercanía,
y tu empeño por sanar
mis heridas,
y por descubrirme el tesoro
que has depositado en mí.


Publicado por verdenaranja @ 23:39  | Liturgia
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