Mi?rcoles, 24 de febrero de 2010

Tema de reflexión en retiro sacerdotal mensual de Vicaría en la diócesis Tenerife en el AÑO SACERDOTAL. 

PENITENCIA Y FRATERNIDAD

Paralelismo entre lo que significa y acontece en el Sacramento de la Penitencia
y lo que tendría que ocurrir en las relaciones fraternales.

1.- LA PRIMERA OPORTUNIDAD QUE NOS REGALA EL SACRAMENTO DE LA PENITENCIA es poder entrar en el propio corazón, localizar las ambigüedades o torpezas de nuestros sentimientos y poner nombre a los desatinos del alma.

Esta es la primera suerte y la primera gracia del Sacramento de la Penitencia: conocerse en la propia vulnerabilidad, ahondar profundamente en las dimensiones de pequeñez, de pobreza, de humildad, sintiéndonos reencontrados por la bondad del Señor. Esto nos permite caminar en verdad.

¿No podría ser éste el estilo de nuestras relaciones fraternales? ¡Tantas veces son los otros los que nos ponen en verdad! ¡Tantas veces son los encuentros o encontronazos los que hacen que suban a la conciencia de uno mismo resistencias, dureza de corazón, falta de magnanimidad, torcimiento de la mirada! Todo esto que muchas veces lo llevamos encerrado en nuestro propio corazón aparece en la pantalla de la conciencia gracias al convivir y al trabajar juntos.

¡Cómo ayudaría a vivir la fraternidad el que los demás hermanos con sus aportaciones, con sus interrogantes, con sus correcciones, acertaran a ponernos en verdad!

2.- OTRA DIMENSIÓN MUCHO MÁS PROFUNDA: LA EXPERIENCIA DEL PECADO Y DEL PERDÓN.

En el Sacramento, no obstante el pudor psicológico que en ocasiones podamos tener, uno decide y logra ponerse "al desnudo", a la intemperie de sus debilidades más oscuras, porque sabe que en ese acontecimiento sacramental hay Alguien que nos espera, que nos acoge, que nos cree y que siempre nos responde con una palabra de indulgencia y de misericordia.

Esta es la realidad teologal más profunda del Sacramento de la Penitencia: creer, experimentar que se proyecta sobre nosotros, no un juicio que nos condena ni una recriminación airada, sino indulgencia, misericordia y vida, a la vez que capacidad y gozo para caminar en la vida con mayor esperanza.

Esto que acontece en el Sacramento de la Penitencia, ¿no podría prolongarse en nuestras relaciones fraternas?

Igual que en el Sacramento de la Penitencia "nos desnudamos" para que no se proyecte sobre nosotros un juicio condenatorio, tendríamos que regalar a los encuentros, a las relaciones, tal calidad de acogida, de fe en el otro, de espera esperanzada, que le devolviéramos la confianza de poderse manifestar en la verdad de lo que es y somos. Porque sólo la confianza y la magnanimidad facilitan unas relaciones transparentes. Una fraternidad marcada por la sospecha, por el juicio condenatorio, por la exigencia recriminatoria es una fraternidad, es una fraternidad que se enrarece. En situaciones así existe el peligro de replegarse, de poner el disfraz, encubriendo lo que realmente somos. La desgracia mayor de una fraternidad es crear una atmósfera que ahogue la espontaneidad, que limite la transparencia y que a un hermano u otro le haga ocultar sus reales sentimientos. Sólo la bondad regalada abre los corazones. Sólo la confianza entrañable posibilita la seriedad y calidad del encuentro. El juicio condenatorio repliega y hace huir.

3.- LA PENITENCIA ES LA EXPERIENCIA DE LOS EXCESOS DEL AMOR DE DIOS.

"Oh feliz culpa, que ha puesto al Padre en trance de regalarnos tal Redentor", cantamos en el Himno Pascual del Sábado Santo. De alguna manera podíamos decir que ha sido el pecado el que ha puesto a Dios en trance de dar de sí los excesos del amor.

Parece incomprensible, pero ésta es nuestra realidad teologal: el pecado, la estupidez humana, en lugar de enfadar a Dios, de desentenderse de nosotros, puso en trance todos los resortes de su corazón, regalándonos el perdón y la misericordia. Por el pecado hemos podido comprender cuál es la anchura, la hondura y la profundidad del amor desbordado del Padre en el Híjo.

¿Por qué no soñar evangélicamente con un camino fraterno que se alimente de esta dinámica? Esto es lo que debería suceder muchas veces en nuestras relaciones fraternas. Porque puede haber momentos de incomprensión, de dureza de juicio, de enfado, de limitaciones de uno u otro, que se soportan mal y podrían ser las oportunidades para sacar del corazón gestos casi inéditos, excesos de amor fraterno, "vengándonos" de esas estupideces con el regalo de nuevos gestos de indulgencia y misericordia.

Tendríamos que ver las limitaciones de las relaciones fraternas casi como oportunidad de gracia para dar de lo mejor, apostando por los excesos del amor fraterno y haciendo conmemoración en nuestras relaciones de lo que realmente se significa y acontece en el Sacramento. Tendríamos que pedir al Espíritu Santo que nos revista de estos sentimientos.

4.- HAY UN CUARTO MATIZ EN EL SACRAMENTO: LA TRANSFORMACIÓN DE LA ESTUPIDEZ HUMANA EN FIESTA.

En el sacramento de la Penitencia hay un milagro discreto del amor de Dios, al transformar la estupidez humana (eso es el pecado) en fiesta de familia.

En el Sacramento de la Penitencia el agua se convierte en vino, la tiniebla en luz, el pecado én gracia, la muerte en vida. ¿No es esto un milagro? La parábola del hijo ¡pródigo es una confirmación de lo que acabamos de decir. Hay que procurar que este espíritu se abra camino más y más entre nosotros con el fin de hacer de las relaciones fraternas un ámbito cada vez más caluroso y entrañable de familia.

La sabiduría cristiana de una fraternidad no está tanto en evitar encontronazos, que a veces son inevitables y más bien fruto de la limitación de la condición humana que de la malicia del corazón, sino en transformar los encontronazos en encuentro. No está tanto en evitar las limitaciones sino en transformarlas en grandeza de alma y en sitio amoroso en el que quepan los hermanos.

5.- LA PENITENCIA NOS DEVUELVE A TODOS A CASA.

Las rupturas producidas por el pecado se restañan en el Sacramento de la Penitencia, haciendo que los hermanos dispersos vuelvan al calor del hogar. La Penitencia nos permite volvemos de nuevo de cara a Dios, renaciendo entrañablemente a la conciencia de hijos, y nos impulsa a mirar con otrct simpatía a quien tenemos al lado, compartiendo las distintas tareas para que la hacienda rinda, para que la viña esté bien cuidada.

Esta realidad teologal que acontece en el Sacramento de la Penitencia, ¿no tendría que recrear posturas, criterios, sentimientos e imaginar dinámicas que nos permitan volver al hogar de la familia, reconocer juntos la ternura del Padre y vivir gozosamente la tarea encomendada, mirándonos sinceramente como hermanos implicados gozosamente en una tarea común?

Podríamos pedir al Espíritu Santo que nos ayude a comprender que lo que se significa y sucede en el Sacramento de la Penitencia, lo hagamos camino fraterno, repitiendo la petición del Padrenuestro: Perdona nuestras ofensas para ver si, de tanto sentirnos perdonados por Ti y enriquecidos con tu misericordia, vueltos a los hermanos, no sepamos más que regalarles bienaventuranza.

Esta es la realidad de la nueva humanidad inaugurada por Cristo e introducida en el misterio de su Iglesia. Esto es lo nuclear de nuestra fe. Y lo que creemos, o se hace ensayo y tarea cotidiana o se queda en pura ideología religiosa inoperante e ineficaz.

Intentemos adéntrarnos en el santuario de la adoración, encontrándonos con la persona de Jésús para que nos hable al corazón y ante Él, repasemos él itinerario de nuestros sentimientos y posturas fraternales, pidiendo a su Espíritu que lo que el Padre hace en la Penitencia nos ayude a realizarlo con los demás mientras vamos de camino.


Publicado por verdenaranja @ 16:22  | A?o Sacerdotal
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