Mi?rcoles, 24 de febrero de 2010

Tema de reflexión para retiro sacerdotal de Vicaría en la diócesis de Tenerife por el AÑO SACERDOTAL.

JESÚS Y LA FRATERNIDAD

Siguiendo el Evangelio, vamos a dedicar estos momentos de contemplación a ver cómo Jesús construye la primera fraternidad.

Todo cristiano, pero especialmente el sacerdote, tendría que acostumbrarse a pedir al Evangelio y, por tanto, a Jesús, que nos ilumine con su Palabra antes de responder a los interrogantes que pueda encontrarse en la vida.

Este ejercicio de preguntar siempre al Evangelio: cómo debo responder, cómo reaccionar ante lo que me brinda la vida, a este interrogante que me ofrece la fraternidad. Es necesario aprender de Jesús a ser hermanos, a amar y esperar a los hermanos y, sobre todo, aprender de Jesús a padecer, por amor a los hermanos. ;

Jesús sabe que con su Encamación ha introducido una dinámica nueva para la nueva humanidad. Una dinámica para la que los humanos no estamos bien hechos del todo, aunque hayamos sido creados a imagen y semejanza de Dios. Necesitábamos reconstruimos, revestimos de sus propios sentimientos. Y por eso él inició el ensayo de la fraternidad según el Evangelio. Y en el Evangelio Él nos describe algunas reglas que es necesario acoger y madurar en el corazón de cada presbítero para saber vivir junto a los otros haciendo camino de fraternidad para la misión.

CLAVES EN LA FRATERNIDAD DE JESÚS.

PRIMERA CLAVE. La fraternidad se construye con los gestos del amor. Sólo el amor hace nacer la fraternidad y reconstruirla en las heridas inevitables que el rodaje fraterno puede provocar.

La fraternidad no se hereda del todo, aunque nacemos a la fraternidad sacramental por la imposición de las manos. La fraternidad se edifica, la edifican aquellos que más madrugan, es decir, los que están movidos por el amor.

Jesús, porque es el que más ama, es el que toma la iniciativa de salir a los caminos y llamar a los que quiso para que estuvieran con Él y un día mandarlos a predicar.

Esta clave es importante. Si queremos ir entrañando de día en día al grupo de hermanos, es necesario que el corazón de cada uno sepa madrugar calentándolo en el calor del corazón de Cristo y así tomar iniciativas, salir al encuentro, buscar al otro.

Seria un primer matiz a evaluar ante el Espíritu: ¿Caben mis hermanos, les hago sitio a todos en mi corazón? ¿Puedo recordar algún nombre, algún rostro, que me haga sentir por dentro alguna incomodidad?

SEGUNDA CLAVE. Jesús, al invitar a seguirle, parte de lo que son, de donde están, llamándolos por su nombre.

Bíblicamente, llamar a uno por su nombre es asumir la totalidad del misterio del otro en lo que tiene de historia, de huella cultural, de configuración del propio ser en todas sus dimensiones.

Es una dimensión delicada, que será muchas veces dolorosa. Querernos, sabemos encontrar, acertar a hacer camino con todas las huellas configuradoras de nuestra personalidad y hasta con las taras que la vida ha ido sembrando en el corazón de cada uno de nosotros, puede hacer ciertamente doloroso el camino, convertir en cruz la fraternidad.

Por eso, es importante pedir al Señor que nos revista de sus propios sentimientos. El Himno de la Carta a los Filipenses está situado en clave de fraternidad. Y en ese contexto Pablo sitúa el misterio del anonadamiento de Jesús para enriquecemos con su pobreza.

¿Cómo nos encontramos ante esta dimensión? ¿Asumo con nombre y apellidos al compañero con el que tengo que hacer camino?

TERCERA CLAVE. Jesús construye la fraternidad, mientras va de camino, es decir, les forma a partir de las situaciones que van viviendo.

Jesús no ofrece una teoría ni una doctrina sobre la fraternidad. La teje, la construye desde lo que el ministerio va suscitando, desde las urgencias del pueblo y desde los imperativos del Padre.

Y en ese camino cuida especialmente que sepan encontrarse, se preocupa de la calidad del encuentro, procurando que haya transparencia, libertad de comunicación, nacidas del calor de hogar hasta poder decirse amigos. 'No os llamo siervos, sino amigos, porque el siervo no sabe lo que hace su Señor".

Aquí hay una perspectiva de nuestras fraternidades que es delicada, y hasta penosa y difícil, pero que es nuclear. Consiste en sabemos encontrar también en la comunicación de lo que hay de más genuino, de más misterioso en el propio vivir y en el propio quehacer. No solamente encuentros funcionales, sino encuentros por la misión.

Así Jesús cuida que el corazón de los discípulos vaya pasando por un proceso educativo que les reconvierta de pescadores, en pescadores de hombres.

Esto lo tiene que lograr la fraternidad. Si no, ¿qué ámbito sacramental puede encontrar el sacerdote?

Sería importante pensar: ¿Cómo son nuestros encuentros y qué aporto yo? A veces en nuestros encuentros decimos muchas cosas y nos decimos muy poco o nada.

CUARTA CLAVE. La dinámica interna de la fraternidad de Jesús comprende tres dimensiones que Él vigila y cuida con mimo: 1) que sea una fraternidad contemplativa, con un corazón vuelto al Padre; 2) que se sientan solidarias dé IQS hombres, sensibles y abiertos a los requerimientos y desafíos que hace el pueblo; 3) siendo sembradores de bienaventuranza o constructores de la civilización del amor.

¿Én qué medida nuestros encuentros se hacen escuela de aprendizaje de esta riqueza de las bienaventuranzas ejercida primeramente entre nosotros?

QUINTA CLAVE. Asegura un clima de libertad: que cada uno sea él, sin domesticar a nadie. Pero a la vez, cuidando que las flaquezas, las estupideces, los desatinos se conviertan, no en amenaza ni en condenación ni en exclusión, sino en oportunidad para entrar más adentro en la espesura de la dinámica del Evangelio que Él regala.

SEXTA CLAVE: Vengarnos de la estupidez, queriéndonos más. Es lo que hace Jesús. El amor encuentra salida a las situaciones imposibles. Hay situaciones que sólo pueden redimirse en el propio corazón.

Es una dimensión que tendríamos que ensayar y vivir. Así podremos asegurar a la gente que el perdón es posible.

SÉPTIMA CLAVE: Él es Maestro y Señor, pero no crea dependencias, ni mengua capacidades, ni quiebra la autonomía regulada de cada uno de los discipidos. Es muy importante en la dinámica de las fraternidades: nadie es más que nadie y todos somos hermanos. Lo cual no quiere decir que no vivamos con gratitud el don del otro, lo cual supone una, educación del, corazón según el Espíritu.

OCTAVA CLAVE. Jesús de vez en cuando se para con ellos para evaluar el camino de lo que va aconteciendo en la fraternidad.

Es importante pararse y comentar muchas cosas que pongari calor y alegrja en las relaciones mutuas, en el encaminar de dos en dos. 

NOVENA CLAVE: Este recorrido configura por dentro la entraña del grupo y su imagen pública ante la opinión de los demás. Son los "Doce". Decir "doce" es haber adquirido una fisonomía interna, como un latido gemelo, como un alma gemela, es ser una auténtica fraternidad sacerdotal. Hasta ser reconocidos como "los que estaban con él". Porque este es el reconocimiento que adquiere el grupo de los Doce ante la opinión pública. Que nos reconozcan así, porque hemos terminado nosotros internamente reconociéndonos y viviéndonos como de los suyos.

DÉCIMA CLAVE: Aunque Jesús ha confiado a pie juntillas en la fraternidad apostólica, al fin hay un trecho del camino que sólo cada uno lo tiene que hacer a solas.

Hay una dimensión de fidelidad, de coherencia, respecto al Evangelio en torno a Jesús y en función del pueblo que cada uno tiene que saber hacer a solas, guiado por el Espíritu. Es una dimensión intransferible.

La fraternidad más entrañable no nos libera de un compromiso interior de fidelidad al Espíritu y de solidaridad con el pueblo que se nos ha encomendado.

Porque, a veces, lo que puede ser un descalabro es querer una fraternidad excesivamente perfecta, supeditando y condicionando al proceso del grupo lo que Dios pide a cada uno.

Hay una exigencia del Espíritu al propio corazón que nunca puede estar excesivamente condicionada a que el conjunto camine, a que todos lo vean, a que todos decidan secundarlo.

UNDÉCIMA CLAVE. Este último matiz resulta verdaderamente simpático y nos puede devolver el buen humor en momentos en que no se avanza e incluso en momentos en que retrocedemos, en que hay percances y no sabemos cómo solucionarlos.

Pues, siendo Jesús el Maestro y el Señor y, por tanto, teniendo una sabiduría capaz de comprender la condición humana y contribuir a hacer sabiamente el rodaje del grupo, al terminar su vida mortal, dejó la fraternidad a

medias y tuvo que decirles: "Yo os enviaré el Espíritu Santo para que os conduzca hacia la plenitud".

Porque la fraternidad es un don del Espíritu. Existe el riesgo de creer que la fraternidad es hechura de nuestra buena voluntad solamente. Y no. Es un don del Espíritu Santo que es necesario pedir. Pero es también tarea, es gozo, es cruz. La fraternidad no se sueña, la fraternidad se construye, se edifica con muchos gestos; sobre todo, con muchos gestos del corazón.


Publicado por verdenaranja @ 16:36  | A?o Sacerdotal
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