Domingo, 28 de febrero de 2010

Lectio divina para el martes de la segunda semana de Cuaresma 2010, ofrecida por la Delegación Diocesana de Liturgia de la diócesis de Tenerife.

Lectio martes 2º

 

LECTURA:          “Mateo 23, 1‑12”

En aquel tiempo, Jesús habló a la gente y a sus discípulos, diciendo: «En la cátedra de Moisés se han sentado los escribas y los fariseos: haced y cumplid lo que os digan; pero no hagáis lo que ellos hacen, porque ellos no hacen lo que dicen.

Ellos lían fardos pesados e insoportables y se los cargan a la gente en los hombros, pero ellos no están dispuestos a mover un dedo para empujar.

Todo lo que hacen es para que los vea la gente: alargan las filacterias y ensanchan las franjas del manto; les gustan los primeros puestos en los banquetes y los asientos de honor en las sinagogas; que les hagan reverencias por la calle y que la gente los llame maestros.

Vosotros, en cambio, no os dejéis llamar maestro, porque uno solo es vuestro maestro, y todos  vosotros sois hermanos. Y no llaméis padre vuestro a nadie en la tierra, porque uno solo es vuestro Padre, el del cielo. No os dejéis llamar consejeros, porque uno solo es vuestro consejero, Cristo. El primero entre vosotros será vuestro servidor.

El que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido.»

MEDITACIÓN:           “Sois hermanos”

            Sí, ya te entiendo. Ya sé que no vas precisamente contra las denominaciones que podamos hacer de las personas, por el papel que representan o el lugar que ocupan. Vas en contra de que esos títulos signifiquen poder y dominación de unos sobre los otros. También es cierto que en las diferentes funciones que existen, en la sociedad o en la Iglesia, unos tienen la tarea de mayor responsabilidad y, por lo tanto, tienen que marcar pautas para seguir y mejor realizar una tarea. El problema es cuando las pautas puedan ser causa de que unos hagan para que los demás cumplan, salvo ellos, o para sacar provecho, o… , la vida nos da experiencia para todo.

            Dejas las cosas claras, y eso no gusta a muchos. Todos somos hermanos, y el que está en lugar preponderante tiene que ser para servir, no para servirse. Y ante todas esas tentaciones en las que es tan fácil y tan agradable, a veces puede parecer que, tan lógico, caer, una aclaración: el único padre, señor y maestro, Tú. Porque tu amor es el más total y el más puro, auténtico y fiel. Porque de ti viene toda la vida. Tu señorío no te pone encima para dominarnos, ni para arrastrarnos a un mensaje cerrado y excluyente, sino para abrirnos constantemente a la búsqueda de la verdad, que no tiene fronteras, ni límites cerrados, y que nunca nos encasquilla en un “ya está” definitivo, sino en una aventura que compartir, proyectando la mente y la inteligencia al infinito, al encuentro de todo lo bueno y lo bello que has metido en el corazón del ser humano y de la creación.

            Pero todo esto requiere humildad. Es la virtud de los fuertes, de los que no tienen miedo a reconocer que ni lo son todo, ni lo saben todo, ni lo han alcanzado todo, sino que reconocen que hemos sido creados para ayudarnos unos a otros a crecer constantemente en humanidad. No es fácil, pero es la mejor aventura y el mejor proyecto que se nos puede dar, y yo quiero seguir inserto en él, aprendiendo contigo y en ti.

ORACIÓN:           “A tu imagen”

            Gracias, Señor, Padre, Maestro bueno, que me abres a la grandeza de la hondura que has puesto en mi. Gracias porque me descubres la riqueza de mis posibilidades, que sin ti, ni intuiría. La verdad es que lo has inscrito todo en la lógica de nuestro ser humano, pero lo descubro como novedad constantemente, tal vez porque dentro de mí hay algo que siempre oscurece y tergiversa lo que debía ser claro y evidente.

            Gracias, porque hay momentos que me permites verlo con más certeza y hace que se esponje mi ser. Dame lucidez y valor, para que siempre esté en el lugar de los que quieren servir, de los que quieren vivir en búsqueda abierta, de los que reconocen su pequeñez y, por eso, su grandeza, y así pueda colaborar con mi grano de arena, con todos los constructores de una humanidad hecha a tu imagen y semejanza.        

CONTEMPLACIÓN:          “Amor que me acerca”

Me gusta llamarte
mi Padre, mi Dios y Señor.

No son nombres
que me suenen distantes,
ni te sitúan como poderoso
en mi corazón.

Son títulos
que se me hacen cercanos
y que me hablan de amor.

De un amor que me acerca
y que me cerca,
que me aprieta
y que me expande.


Publicado por verdenaranja @ 20:59  | Liturgia
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