Lunes, 01 de marzo de 2010

Mensaje de monseñor Juan Alberto Puiggari, obispo de Mar del Plata, para la tradicional semana vocacional que se realiza en la diócesis (AICA).  (febrero de 2010)


SEMANA VOCACIONAL 

La familia, comunidad de amor al servicio de la vida 

Estar en las cosas del Padre (Cf. Lc 2,49)
 

Queridos hermanos y hermanas:

Esta semana vocacional tiene para nuestra diócesis un contexto particular: la celebración del año sacerdotal y el año diocesano de la familia. En este marco providencial quiero invitarlos a reflexionar sobre la vocación y elevar nuestra oración personal, familiar y comunitaria al Señor, para que regale santas vocaciones a nuestra Iglesia.

1. Queridos Jóvenes, a ustedes que son el futuro de la Iglesia y de la humanidad, quiero dirigirles ante todo este mensaje y decirles, con las palabras del Santo Padre, sé que no tienen miedo al sacrificio, sino a una vida sin sentido.[1] En muchas oportunidades he podido constatar como los inquieta el tema del futuro y de la vocación. He visto, también, como les preocupa la realidad del mundo y de nuestra Patria. Sé que muchas veces se preguntan por el sentido de sus vidas, por el camino en el que podrán realizarse plenamente y ser felices. Sin embargo, esos interrogantes profundos no deben asustarlos, disciernan en ellos el fuego del Espíritu que los impulsa a realizar con entusiasmo y generosidad el proyecto de Dios. Recuerden que el verdadero sentido de la vida consiste en el seguimiento de Jesús. Siendo discípulos de Jesús y viviendo en comunión con Él, la libertad, el trabajo, el compromiso, la sociedad, la amistad, el amor, en fin, todo, adquiere su verdadera consistencia y conduce a vivir la santidad que no es otra cosa que la Vida en plenitud.

Estar en las cosas del Padre es lo que anima el corazón del joven Jesús, lo cual, refleja su identidad profunda de Hijo en plena comunión con su Padre. Estar en las cosas del Padre significa compartir su amor por la humanidad y asumir su propia existencia como don para los hombres, como ofrenda por aquellos que el Padre le ha confiado (Cf. Jn 17, 1-26).

En estos días que dedicamos a la reflexión vocacional, procuren también ustedes estar en las cosas del Padre. Pasen tiempo con Jesús, retírense con Él a descansar y a reflexionar sobre la propia vocación. Repitan sin miedo y con un corazón disponible en su oración: «Habla, Señor, que tu siervo escucha» (Cf. 1 Sam 3,1-21). Estén atentos no sólo a aquello que más les gusta, o que pueda darles más beneficios anímense, sobre todo, a formularle a Jesús la pregunta: «¿Señor, qué quieres de mi?».  Les propongo vivir con intensidad este año que estamos comenzando, los invito a renovar la participación activa en la Iglesia, a buscar un acompañamiento espiritual, a escuchar la voz de Dios en su Palabra, a introducirse en el arte de la oración, a renovar la vida de gracia, en el sacramento de la Reconciliación, a alimentarse con la Eucaristía. Déjense inspirar por el ejemplo de los santos. Estos son algunos de los medios que les ofrece la Iglesia para discernir el llamado de Dios. Queridos jóvenes, les aseguro mi cercanía y acompañamiento con mi oración para que puedan escuchar la voz del Maestro que les dice: «¡Ven, Sígueme!» (Cf. Mc 1, 16-20; 2, 13-14). No tengan miedo, no duden, ni dejen para más adelante su respuesta decidida y valiente al Señor. 

2. La respuesta de Jesús a sus padres angustiados porque no podían encontrarlo, me brinda la oportunidad de dirigir este mensaje a las familias, en particular a los padres. «¿Por qué me buscaban? ¿No sabían que yo debo ocuparme de los asuntos de mi Padre?» (Lc 2,49) son las palabras que habrán estremecido el corazón de María y de José. Jesús les manifiesta tangiblemente su identidad y su misión y ellos renuevan su compromiso de acompañar el misterio que Dios les seguía confiando. El Evangelista Lucas nos dice: «Ellos no entendieron lo que les decía» (Lc 2,50) y esto nos ayuda a adentrarnos sin miedo, como ellos, en el sí generoso a Dios que obra entre nosotros, confiando en que siempre “dispone todas las cosas para el bien de los que lo aman” (Rom 8, 28).

Pienso en el gran desafío que significa para ustedes, mamá y papá, acompañar el misterio de la vocación de sus hijos. En el camino de la educación integral, corresponde también a ustedes ser instrumentos para que ellos puedan descubrir y discernir los signos, los talentos y la voz de Dios, que llama a un proyecto de vida. Por este motivo, la oración es tan fundamental para ustedes, los padres. Meditar, como María (Cf. Lc 2,5), las cosas que Dios va obrando en sus familias y en sus hijos, pedir diariamente la gracia de saber acompañar la obra de Dios en ellos y colaborar activamente en su proceso vocacional. Los invito a que aprovechen este año como una verdadera oportunidad para renovar el amor maternal y paternal que es alma y norma que inspira y guía la acción educativa concreta, enriqueciéndola con los valores de dulzura, constancia, bondad, servicio, desinterés, espíritu de sacrificio, que son el fruto más precioso del amor. [2]

No tengan miedo de permitir e incluso mediar para que sus hijos realicen el proyecto de Dios. No se asusten ni pongan obstáculos si su hijo les cuenta que está pensando en la vida sacerdotal o su hija en la vida consagrada. Conozco el temor que les pueden provocar las noticias que escuchan sobre las dificultades en la vida consagrada. Los invito a dirigir la mirada al testimonio de tantos santos, sacerdotes y consagradas que nos siguen mostrando la felicidad y la plenitud de quien se entrega por entero al servicio del Señor.   

3. Queridos sacerdotes los animo a vivir con intensidad el año sacerdotal. No tengan miedo de manifestar la profunda alegría que experimentan por su vocación. El ministerio vivido alegremente, en la entrega total y cotidiana, es un medio elocuente y fecundo por el que Jesús sigue mostrando al mundo y, en especial, a los jóvenes la belleza del sacerdocio. Les pido que este año fortalezcan los espacios de oración vocacional en sus comunidades, que sigan acompañando a los jóvenes con verdadera solicitud paternal para ayudarlos a descubrir y discernir su vocación. Sean generosos con su tiempo para dedicarlo a la Reconciliación y a la dirección espiritual.  La cuestión vocacional es un tema transversal a toda la pastoral. Por este motivo, les pido que en todas las etapas de la catequesis esté presente y que tenga un lugar privilegiado en la predicación. Impulsen a los agentes de pastoral a tener presente el tema vocacional, propongan su reflexión a las familias y, sobre todo, que esté presente en la pastoral juvenil.

Quiero finalizar este mensaje con las palabras que la Conferencia Episcopal Latinoamericana dirige a todo nuestro continente: “Esta Conferencia hace un llamado urgente a todos los cristianos, y especialmente a los jóvenes, para que estén abiertos a una posible llamada de Dios al sacerdocio o a la vida consagrada; les recuerda que el Señor les dará la gracia necesaria para responder con decisión y generosidad, a pesar de los problemas generados por una cultura secularizada, centrada en el consumismo y el placer. A las familias, las invitamos a reconocer la bendición de un hijo llamado por Dios a esta consagración y a apoyar su decisión y su camino de respuesta vocacional. A los sacerdotes, les alentamos a dar testimonio de vida feliz, alegría,  entusiasmo y santidad en el servicio del Señor.”[3] 

Con la seguridad de mi aprecio y oración por todos, les encomiendo esta necesidad de nuestra diócesis. Necesitamos más santos sacerdotes para realizar entre todos la tarea apasionante de anunciar el Evangelio a nuestro mundo. Que Dios los bendiga y que Nuestra Madre Santísima interceda con nosotros pidiendo trabajadores para la mies de su Hijo.


[1] Benedicto XVI, Discurso Inaugural a la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano, Aparecida 2007.

[2] Cf. Juan Pablo II, Exhortación Apostólica Postsinodal «Familiaris Consortio» 36.

[3] Documento de Aparecida 315


Publicado por verdenaranja @ 22:29
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