Mi?rcoles, 03 de marzo de 2010

Homilía de Monseñor Carlos Ñáñez, arzobispo de Córdoba en la misa de clausura de la Semana Brocheriana 2010. (AICA)
(26 de enero de 2010)


SEMANA BROCHERIANA 2010 

Queridos hermanos y hermanas:

En esta Eucaristía nosotros queremos hacer memoria del tránsito a la Casa del Padre del Venerable José Gabriel del Rosario Brochero cuya beatificación anhelamos fervientemente. Y también queremos recordar con cariño y gratitud a un gran impulsor de la Causa de beatificación del Cura, el Cardenal Raúl Francisco Primatesta.

Hablamos del tránsito a la Casa del Padre del Cura Brochero es una oportunidad para comenzar si quiera brevemente con una de sus últimas cartas, es la que escribe al Obispo de Santiago del Estero Mons. Yañez, quien había sido compañero suyo en el Seminario y compañero de Ordenación el 4 de Noviembre de 1876. El Cura le decía a su compañero: “Usted recordará que yo había dicho que me iba a morir galopando como un caballo brioso”, esto hace relación a lo que en una oportunidad también había dicho que “yo me felicitaré si Dios me saca de este mundo confesando o predicando el evangelio”. Reconoce el Cura Brochero en su diálogo con el Obispo Yañez que, en realidad, no había tenido en cuenta cuales son, a veces , los caminos desconcertantes y misteriosos de parte de Dios. “Mirá como está el caballo brioso”, “estoy ciego al remate”, refiere al avance de la lepra en su humanidad. Plantea la limitación a la cual está sometido. Entonces, el Cura hace una mixtura creyente de lo que le sucede y dice “pero Dios ha hecho muy al disponer las cosas así”. Qué bonito esto. El toma, digamos así, el partido de la Providencia, “Dios me hecho bien así”, entonces descubre qué es lo que el Señor le propone en esa situación estrecha y dolorosa. “Dios me da tiempo para prepararme para el fin”. Pero le da la oportunidad de rezar por todos los hombres, por los pasados, por los presentes y por los que vendrán. Qué lindo es pensar que Brochero rezó por nosotros. Nosotros hoy hacemos memoria de su tránsito a la Casa del Padre pero aquí mismo, en esas largas jornadas, como él decía, desgranando rosarios, él también rezó por nosotros. Entonces, este es el testimonio de toda la vida del Cura, una vida totalmente dedicada a su misión, a su vocación, una vida totalmente entregada con serenidad, con confianza. Qué bueno esto para todos nosotros los bautizados. Vivir así nuestra relación con el Señor, vivir así nuestra entrega a El. Qué bueno para nosotros, sacerdotes, que el Cura en estas circunstancias hacía realidad lo que el Apóstol le pedía a su discípulo y amigo Timoteo: “reaviva la gracia que está en ti”. Brochero fue sacerdote hasta el fin. Su Misa la llevó a su vida e hizo de su vida una Eucaristía, terminó entregándose en total serenidad y total confianza. En este Año sacerdotal pensar en todo esto. Pensar que la fidelidad no es solamente durar es permanecer en el amor. Así fue la vida de Brochero, hasta el último, hasta que se apagó, totalmente entregado en las manos del Señor.

Pero, también decimos que queremos recordar con cariño y gratitud a un gran impulsor de la Causa de Beatificación, el Cardenal Raúl Francisco Primatesta. Desde joven fue un admirador de Cura Brochero. Una cosa un tanto singular porque en los tiempos de la juventud en Cardenal Primatesta, la figura de Brochero no era tan conocida en el resto del país. En esta zona ciertamente que sí pero en el resto del país no era tan conocido. El Cardenal Primatesta era sacerdote de la Arquidiócesis de La Plata, sin embargo, desde joven tuvo una admiración por el Cura Brochero. Luego ya Arzobispo de Córdoba, junto Mons. Pechuán Marín y luego con Mons. Colomé fue un impulsor de la Causa de Beatificación del Cura, convencido que alguien pudiera ser propuesto como modelo, como ejemplo al sacerdotes de la Argentina. En esa convicción junto con Mons. Colomé promovió, se hizo impulsor de los encuentros nacionales de sacerdotes. Se realizaron todos aquí. Ha sido una oportunidad para todos los sacerdotes del país conociéramos mejor la figura de este Cura que no es un curita simpático con algunas anécdotas risueñas sino que realmente es un gigante alguien que vivió la santidad en serio, porque no se podría pensar de otra manera, contemplar no solo la obra material sino la obra que él realizó evangelizando toda esta inmensa parroquia que le fue confiada. Esos encuentros nacionales de sacerdotes han ayudado a que la figura del Cura sea conocida no solo por el clero de la Argentina sino por todos los miembros de pueblo de Dios que peregrina en nuestra Patria. Qué bonito es contemplar en esta Semana Brocheriana peregrinos de distintas partes del país que se acercan a los restos mortales del Cura para pedir su intercesión, para pedir su ayuda. Algo que debe crecer, de afianzarse precisamente porque esto marcó una de las últimas visitas “Ad límina”, visita que los Obispos hacemos periódicamente al Santo Padre, el cardenal Primatesta hablándole al Papa Juan Pablo II la dimensión de la personalidad y la misión del Cura Brochero. El Papa Juan Pablo II lo escuchaba con atención. Luego que el Cardenal hubo terminada aquella presentación dijo “por lo que dijo usted, eminencia, yo saco la conclusión de que el Cura Brochero es como el Cura de Ars para los sacerdotes argentinos”. El cardenal asintió entusiasta a esa comparación.

Qué bueno, también, recordarlo en este Año Sacerdotal donde el Papa Benedicto nos ha invitado a hacer memoria de los 150 años de la muerte del Cura de Ars. Nosotros, sin ningún tipo de nacionalismos ni nada por el estilo, podemos decir que nosotros también en Brochero tenemos a nuestro Cura de Ars. El empeñó del Cardenal Primatesta, a los sacerdotes de Córdoba, de su Arquidiócesis, siempre nos inspiró un gran cariño y admiración por el Cura Brochero, por sus diversas virtudes. Me acuerdo como le impresionaba aquella anécdota cuando el Cura cruza el río crecido, agarrado a la cola de la mula para ir a asistir a un enfermo. Decía el Cardenal “bastaría eso solo para decir que vivió heroicamente la caridad pastoral “. Todavía más, el Cardenal insistía que el Cura Brochero habiendo venido a una zona que estaba enormemente postergada, sin embargo, había querido para sus feligreses lo mejor de la vida y la espiritualidad cristiana. Convencido que tenía que ofrecer el evangelio y enseñar el catecismo pero ofreciendo algo muy precioso en la tradición y en la vida de la Iglesia como son los Ejercicios Espirituales de San Ignacio. Ejercicios que han sido pensados por San Ignacio para pequeños grupos y en algún caso, casi realmente, para ser dados persona a persona. El Cura tomando esa riqueza realiza esa obra maravillosa de adaptarla de manera tal que adaptar los ejercicios espirituales como un instrumento de evangelización. Así esa maravilla de tandas enormes de hombres y mujeres que a lo largo de los días de ejercicios van dejándose transformar por la gracia. Esa transformación va provocando una autentica promoción, una vida más digna porque es vida en Jesucristo. También esto nos da a nosotros un camino, pensar en este año del Bicentenario de nuestra Patria. En Jesús y desde El podemos tener una Patria mejor, podemos tener una vida más digna. Los cristianos tenemos que convencernos de esto y ponernos manos a la obra, tener la convicción de Brochero que puso en esa sintonía a sus feligreses. Todo desde un encuentro con Jesucristo como San Ignacio propone en los ejercicios espirituales pedir esta gracia: el interno conocimiento de Jesús que por mí se hizo hombre para que yo más le ame y le sirva. Tomar sobre cada uno los intereses del Rey que nos llama a trabajar por su Reino. Más, asumir su bandera para terminar en todo amando y sirviendo. El Cura Brochero hizo de este camino singularísimo un instrumento de evangelización y está presente el testimonio de su obra.

Por eso, nosotros como sacerdotes, queremos recoger esta recomendación del Cardenal Primatesta: “El Cura brindó a su gente lo mejor”, también nosotros como sacerdotes, como obispos, nuestra responsabilidad de ofrecer al santo pueblo de Dios lo mejor. Adaptándolo según las necesidades pero lo mejor. Damos gracias, también, por el servicio y el testimonio del Cardenal Primatesta por sus desvelos pastorales que tanto bien han hecho a la Argentina y que tanto bien ha hecho a nuestra Córdoba. Le pedimos al Señor por intercesión del a Santísima Virgen María, la Purísima, la gracia de ser cristianos verdaderamente comprometidos siguiendo el ejemplo y las recomendaciones del Venerable Brochero y pedimos al Señor de Corazón que pronto pueda regalarnos la gracia de la Beatificación y de la Canonización para que Brochero pueda ser propuesto a todos, el pueblo que peregrina en la Argentina, como modelo de Santidad, como un modelo que nos invita a vivir con alegría nuestra unión con Jesús y en El a la plenitud de la vida. Como decía la Conferencia del Episcopado en Aparecida: “Encontrarnos con Jesús es realmente lo mejor que puede pasarnos”, es lo mejor que nos ha pasado en la vida. Así fue en la vida de Brochero.

Que así sea.

Mons. Carlos José Ñáñez, arzobispo de Córdoba


Publicado por verdenaranja @ 22:25  | Homil?as
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios