Jueves, 04 de marzo de 2010

Guión litúrgico para el “Día de Hispanoamérica” , que se celebrará el domingo 7 de Marzo aunque en la diócesis de Tenerife se traslada al domingo 14, sacado de folleto recibido en la parroquia con los materiales para su celebración. 

 

SACERDOTES:
DISCÍPULOS Y MISIONEROS
GUIÓN LITÚRGICO 

Domingo, 7 de marzo de 2010
III Domingo de Cuaresma

Introducción

La celebración del domingo como el día del Señor es la opor­tunidad que nos ofrece la Iglesia para reunirnos los cristianos con el fin de escuchar la Palabra de Dios y alimentarnos con el sacra­mento de la Eucaristía. En el tiempo litúrgico de Cuaresma en el que nos encontramos, la celebración tiene además el tono de la conversión, de acercarnos con mayor sinceridad y humildad al Señor, como escucharemos que nos invitan hoy las lecturas.

Además, la Iglesia en España nos ofrece la oportunidad de vivir la celebración de la liturgia de este domingo de forma frater­na y misionera, uniéndonos a las gentes y los pueblos de Latinoa­mérica y, especialmente, en este Año Sacerdotal, a los sacerdo­tes misioneros que trabajan allí y comparten con ellos. Este recuerdo de todos ellos en este Día de Hispanoamérica lo hace­mos con el lema: "Sacerdotes, discípulos y misioneros", en refe­rencia al Documento de Aparecida y sus líneas maestras.

Acto penitencial

Dios Padre nos ofrece un tiempo de gracia y conversión en Cristo, Señor nuestro. A Él dirigimos nuestras peticiones:

Ten piedad del pueblo que te aclama con fe. Señor, ten piedad.

Concede el don de la conversión a los que en ti confían. Cristo, ten piedad.

Manifiesta tu misericordia a todas las gentes. Señor, ten piedad. 

Monición a las lecturas 

La Palabra de Dios ha de ser acogida con un corazón lleno de fe y gratitud es indispensable para nuestro itinerario de conver­sión.
En este día Dios nos sale al encuentro de la misma manera en que le salió a Moisés, como escuchamos en la primera lectura, y nos habla de su deseo de liberarnos de aquello que nos impide reconocerle como nuestro Creador y nuestro Señor. San Pablo nos dice que esto sucedió y ha sido escrito para que aprendamos nosotros de su ejemplo. Por eso Jesús en el Evangelio no se escandaliza de la magnitud que el mal, el pecado y la crueldad humana pueden alcanzar, sino que invita a confiar en la miseri­cordia que Dios tiene de todos nosotros y aprovechar la oportu­nidad y el tiempo que nos ofrece para cambiar nosotros mismos y nuestros ambientes. 

Ideas para la homilía

La lectura del libro del Éxodo que abre la Liturgia de la Pala­bra de este domingo es la que de forma paradigmática evidencia el amor de Dios por su pueblo y cómo en función de su sal­vación Dios escoge, prepara y envía a personas con una misión concreta. A lo largo de toda la historia de la salvación es evidente que, siempre que Dios hace una llamada especial es con la intención de una misión, de un envío. La llamada no sucede por puro privilegio, sino para hacer partícipe al llamado de su amor misericordioso por todos.

Todo lo que le sucedió a Moisés, dice san Pablo, sucedía "en figura", "como un ejemplo", y fue escrito para que nosotros aprendiéramos que el amor de Dios es irrevocable, que Él nun­ca olvida a su pueblo y tiene siempre ante sus ojos sus necesi­dades y su oración de súplica y de petición.

En el Evangelio Jesús remacha esta enseñanza; ante el escándalo que pueden producir la injusticia, la crueldad, la arbi­trariedad... de los hechos que le cuentan, la reacción de Jesús es serena: constata el endurecimiento del corazón humano por el pecado y las consecuencias que trae y, antes que renegar de Dios, invita a confiar en su misericordia. Dios nos da siempre la posibilidad de cambiar nuestros pensamientos, actitudes, sentimientos, etc., y responder a la gracia de su amor infinito con el fruto del amor a los hermanos, por eso Él nos manifiesta los sentimientos compasivos del corazón del Padre y el camino de conversión para comportarnos como hijos suyos.

"Este Año Sacerdotal constituye para todos los hijos de la Iglesia una ocasión privilegiada para dar gracias a Dios porque en su misericordia infinita ha querido llamar a algunos para que se unan de manera más profunda al corazón sacerdotal de Cris­to [...]. En efecto, la vocación al sacerdocio es un regalo inesti­mable para toda la Iglesia" (Mensaje, Día de Hispanoamérica 2010, n. 2). Los sacerdotes, están llamados a ser "discípulos y Oración de los fieles misioneros", a tener los mismos sentimientos compasivos de Cristo, el Buen Pastor, y a manifestarlos con su testimonio a todos los hombres (cf. ibíd.).

América Latina lleva ya más de cinco siglos de evangeliza­ción, pero aún es tierra de misión (cf. Mensaje, n. 5); además de las muchas carencias que aún la acucian, aún hace falta que la misericordia del Padre se manifieste en muchas de las estruc­turas sociales injustas que persisten. América necesita que los cristianos sean "discípulos y misioneros de Cristo". Para ello es necesario que surjan aquí vocaciones misioneras (cf. ibíd.), que les lleven la buena noticia de la misericordia de Dios. Testigos privilegiados del amor misericordioso del Padre son los sacer­dotes (cf. Mensaje, n. 6).

Oración de los fieles

A Dios, Padre de todos los hombres, dirigimos nuestra ora­ción confiada de hijos:

R/ Escúchanos y sálvanos.

Para que tu Iglesia, y especialmente el Papa, los obispos y los sacerdotes en este Año Sacerdotal, ayuden a los fieles a experi­mentar tu amor misericordioso y sean sus testigos convencidos. Oremos. R/

Para que nunca cese nuestra oración por las necesidades de los que más sufren y los más olvidados. Oremos. R/

Para que los cristianos, ante el escándalo del mal, seamos tes­tigos creíbles de tu misericordia con nuestra palabra y nuestras acciones. Oremos. R/

Para que la Iglesia en América Latina se renueve en la vida cristiana y todos los cristianos lleguen a ser discípulos y misione­ros de Cristo. Oremos. R/

Por los misioneros y misioneras que están en América Latina, para que sigan siendo testigos de la misericordia de Dios para con todos. Oremos. R/

Por la Iglesia en España, para que cultive y fomente las voca­ciones misioneras para América Latina y continúe dando testimo­nio de nuestra fraternidad y solidaridad cristianas. Oremos. R/

Escucha, Padre, la oración de tu pueblo que sólo en ti ha puesto su fe y su esperanza y atiende con tu misericordia a sus peticiones. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Monición de ofertorio

En esta celebración presentamos la ofrendas del pan y del vino: por la fuerza del Espíritu y de la Palabra se transformarán en el Cuerpo y la Sangre de Cristo. Es el ministerio propio del sacerdote y por eso, junto con la ofrenda, va nuestro reconoci­miento y agradecimiento.

Ofrecemos también unas velas para el altar; ellas iluminan la celebración y son símbolo de la Luz de Cristo. Pero también son el signo de nuestra oración: al presentarlas hoy aquí queremos comprometernos a orar por los sacerdotes y especialmente por los misioneros en América Latina.

También presentamos la colecta que hemos realizado; es la ayuda que como hermanos queremos ofrecer a los misioneros que están en América Latina para que continúen su labor con entusiasmo. 

Oración sobre el pueblo y bendición final

Te pedimos, Señor,
que dirijas los corazones de tus fieles
y les concedas benigno la gracia
de permanecer firmes en el amor a ti y al prójimo y de llevar a plenitud tus mandamientos.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

Juan F. Martínez Sáez, FMVD
Colaborador del Secretariado de la Comisión Episcopal
de Misiones y Cooperación entre las Iglesias


Publicado por verdenaranja @ 16:59  | Liturgia
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