S?bado, 06 de marzo de 2010

ZENIT nos ofrece el discurso del Papa Benedicto XVI a los obispos de Escocia, a quienes recibió el viernes 5 de Febrero de 2010 en audiencia con motivo de la visita ad Limina Apostolorum.

Queridos Hermanos Obispos,

Extiendo una cálida bienvenida a todos vosotros en vuestra visita ad Limina a Roma. Os doy las gracias por las amables palabras que el cardenal Keith Patrick O’Brien me ha dirigido en vuestro nombre, y os aseguro mis constantes oraciones por vosotros y por los fieles confiados a vuestro cuidado. Vuestra presencia aquí expresa una realidad que se encuentra en el corazón de cada diócesis católica -su relación de communio con la Sede de Pedro, y por tanto con la Iglesia universal. Iniciativas pastorales que tienen en cuenta esta dimensión esencial proporcionan una auténtica renovación: cuando los vínculos de comunión con la Iglesia universal, y en particular con Roma, se aceptan con alegría y se viven plenamente, la gente de fe puede crecer libremente y obtener una cosecha de buenas obras.

Es una feliz coincidencia que el Año para los Sacerdotes, que toda la Iglesia está celebrando actualmente, marque el cuarto centenario de la ordenación sacerdotal del gran mártir escocés san Juan Ogilvie. Venerado con justicia como un fiel servidor del Evangelio, fue realmente excepcional en su dedicación a un ministerio pastoral difícil y peligroso, hasta el punto de perder su vida. Tomadlo como un ejemplo para vuestros sacerdotes hoy. Me alegra conocer el énfasis que ponéis en la formación continuada de vuestro clero, especialmente a través de la iniciativa “Sacerdotes para Escocia”. El testimonio de sacerdotes que están comprometidos de una manera genuina con la oración y la alegría en su ministerio dan fruto no sólo en la vida espiritual de los fieles, sino también en nuevas vocaciones. Recordad, sin embargo, que vuestras encomiables iniciativas para promover las vocaciones deben estar acompañadas de sostenidas catequesis entre los fieles sobre el verdadero significado del sacerdocio. Poned énfasis en la indispensable función del sacerdote en la vida de la Iglesia, sobre todo al proveer la Eucaristía con la que la misma Iglesia recibe vida. Y animad a los encargados de la formación de seminaristas a hacer todo lo que puedan para preparar una nueva generación de sacerdotes comprometidos y fervientes, bien equipados en el ámbito humano, académico y espiritual para la tarea del ministerio en el siglo XXI.

De la mano de una apreciación adecuada de la función del sacerdote va una correcta comprensión de la vocación específica del laicado. A veces, una tendencia a confundir apostolado laical con apostolado ministerial ha llevado a un concepto ensimismado de su función eclesial. Pero la visión del Concilio Vaticano II es que donde quiera que los fieles laicos vivan su vocación bautismal -en la familia, en casa, en el trabajo- ellos están participando activamente en la misión de la Iglesia para santificar el mundo. Un renovado enfoque sobre el apostolado laical ayudará a aclarar las funciones del clero y el laicado y así darán un fuerte ímpetu a la tarea de evangelizar la sociedad.

Esta tarea requiere una disposición a enfrentarse firmemente a los desafíos presentados por la marea creciente de secularismo en vuestro país. El apoyo a la eutanasia ataca el corazón mismo de la comprensión cristiana de la dignidad de la vida humana. Los desarrollos recientes en ética médica y algunas de las prácticas defendidas en el campo de la embriología dan razón para gran preocupación. Si la enseñanza de la Iglesia es comprometida, incluso ligeramente, en un área como ésta, entonces se hace más duro defender la totalidad de la doctrina católica de una manera integral. Los pastores de la Iglesia, por tanto, deben continuamente llamar a los fieles a una fidelidad completa al Magisterio de la Iglesia, respetando y defendiendo al mismo tiempo el derecho de la Iglesia a vivir libremente en sociedad según sus creencias.

La Iglesia ofrece al mundo una visión positiva e inspiradora de la vida humana, la belleza del matrimonio y la alegría de la paternidad. Esto se arraiga en la infinitud de Dios, transformando y ennobleciendo el amor para todos nosotros, que abre nuestros ojos a reconocer y amar su imagen en nuestro prójimo (cf Deus Caritas Est, 10-11 et passim). Aseguraos de presentar esta enseñanza de esta manera que sea reconocida por el mensaje de esperanza que es. Con demasiada frecuencia, la doctrina de la Iglesia se percibe como una seria de prohibiciones y posiciones retrógradas, mientras que la realidad, como sabemos, es que es creativa y dadora de vida, y se dirige a la realización más plena posible del gran potencial de bien y a la felicidad que Dios ha puesto en cada uno de nosotros.

La Iglesia en vuestro país, como en muchos del Norte de Europa, ha sufrido la tragedia de la división. Es aleccionador recordar la gran ruptura con el pasado católico de Escocia que se produjo hace cuatrocientos cincuenta años. Doy gracias a Dios por el progreso que se ha hecho en la cicatrización de las heridas que eran el legado de ese periodo, especialmente el sectarismo que ha continuado levantando su cabeza incluso en tiempos recientes. A través de vuestra participación en Action of Churches Together in Scotland [Acción de Iglesias Juntas en Escocia], veis que el trabajo de reconstruir la unidad entre los seguidores de Cristo se lleva adelante con constancia y compromiso. Al resistir toda presión para diluir el mensaje Cristiano, fijad vuestra mirada en el objetivo de la plena, visible unidad, para nada menos que poder responder a la voluntad de Cristo.

Podéis estar orgullosos de la contribución realizada por las escuelas católicas de Escocia en la superación del sectarismo y la construcción de buenas relaciones entre comunidades. Las escuelas católicas son una poderosa fuerza para la la cohesión social, y cuando se presenta la ocasión, hacéis bien en subrayar este punto. Mientras alentáis a los profesores católicos en su trabajo, poned especial énfasis en la calidad y profundidad de la educación religiosa, para preparar un artidulado y bien formado laicado Católico, capaz y dispuesto a llevar a cabo su misión “ocupándose de las realidades temporales y ordenándolas de acuerdo con el plan de Dios” (Christifideles Laici, 15). Una fuerte presencia católica en los medios de comunicación, en la política local y nacional, la Justicia, las profesiones y las universidades puede servir sólo para enriquecer la vida nacional de Escocia, como gente de fe que da testimonio de la verdad, especialmente cuando la verdad se pone en cuestión.

A finales de este año, tendré la alegría de estar presente con vosotros y los católicos de Escocia en vuestra tierra natal. Al prepararos para la Visita Apostólica, alentad a vuestra gente a rezar para que sea un tiempo de gracia para el conjunto de la comunidad católica. Que aprovechen la oportunidad de profundizar en su fe y reavivar su compromiso de dar testimonio del Evangelio. Como los monjes de Iona que difundieron el mensaje cristiano a lo largo y ancho de Escocia, dejémosles ser faros de fe y santidad para el pueblo escocés de hoy.

Con estos pensamientos, encomiendo vuestras labores apostólicas a la intercesión de Nuestra Señora, san Andrés, santa Margarita y todos los santos de Escocia. A todos vosotros y a vuestro clero, religiosos y fieles laicos imparto cordialmente mi Bendición Apostólica como prenda de paz y alegría en el Señor Jesucristo. 

[Traducción del original en inglés por Patricia Navas]


Publicado por verdenaranja @ 23:48  | Habla el Papa
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