Domingo, 07 de marzo de 2010

Comentario al evangelio de domingo tercero de Cuaresma – C, publicado en Diario de Avisos el domingo 7 de Marzo de 2010 bajo el epígrafe DOMINGO CRISTIANO

¿Piensa mal y acertarás?

Daniel Padilla

 

Cuando Jesús condenó aquello de "ver la mota en el ojo ajeno y no ver la viga en el propio"; cuando a continuación añadió: "No juzguen y no serán juzgados", no sólo estaba emple­ando un estilo refranero, propio de la sabiduría popular, sino que estaba demostrando un profundo conocimiento de la psicología humana. En efecto, el hombre tiende a emitir juicios precipita­dos sobre las personas y las conductas ajenas. Contempla un suceso, una des­gracia, e inmediatamente se atreve a deducir culpabilidades buscando rápidos argumentos de causa-efecto: "Le ha ocu­rrido a Fulano... Luego, algo habría hecho". Con un juicio temerario de este estilo "acudieron algunos a Jesús". Pilatos, en una redada claramente represiva, había mandado matar a un grupo de gali­leos, nacionalistas exaltados, de ésos que concebían la "implantación del Reino de Dios" incluso por las armas. Pilatos no lo dudó: "Cuando estaban ofreciendo el sacrificio a Dios", los sacrificó a ellos tam­bién. Los que acudieron a contar el suceso a Jesús, veían ya en el hecho "el castigo de Dios". Eran, por tanto, culpables. No, amigos. Jesús no quiere que veamos las cosas así. Ya, en otra ocasión, cuando ante un ciego de nacimiento le preguntaron: "¿Quién pecó: éste o sus padres?", Jesús contestó tajantemente: "Ni éste pecó ni sus padres". Dios no es un guardia de trá­fico que esté al acecho tratando de cazar infracciones para poner después el cas­tigo. El principio que dice: ha ocurrido después de esto, luego ha sido por eso, no casa con la idea de un Dios que vuelve año tras año a ver si la higuera ha dado fruto. La imagen de Dios está retratada, más bien, en aquel padre que solía salir cada tarde a la puerta esperando que, por fin, el hijo pródigo volviese. No para casti­garlo, sino para abrazarlo y hacer una fiesta. Por eso Jesús enfoca su dialéctica en otra dirección, en la del corazón de cada hombre. No sólo en el de aquellos galileos, para que se convirtieran, sino en el de todos: el de Pilatos, el de los guar­dias que los mataron, el de los que lo vie­ron y el de quienes vinieron con la pre­gunta a Jesús. No puede el hombre ir por la vida haciendo juicios definitivos sobre nadie: este es bueno, aquél es malo. Es muy expuesto constituirse en fariseos irreprochables y salir lanzando anatemas a diestra y a siniestra desde la pura letra de la legislación: "Tus discípulos comen espigas; luego son pecadores"; "esa mujer ha sido sorprendida en adulterio, luego debe ser apedreada"; "nosotros cumpli­mos la ley con pelos y señales, por lo tanto somos los maestros de Israel". Cuando Jesús se encontraba con ejemplares de ésos, o arremetía contra ellos llamándo­les "raza de víboras" y "sepulcros blan­queados", o se distraía escribiendo con el dedo en el suelo, sin hacerles ni caso, para levantar después su cabeza y decir como quien no dice nada: "El que de ustedes esté sin pecado, que tire sobre ella la pri­mera piedra". ¡Ahí queda eso! Por eso Jesús -no lo dudemos- no era partidario de ese refrán que dice: "Piensa mal y acer­tarás".


Publicado por verdenaranja @ 9:43  | Espiritualidad
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