Martes, 09 de marzo de 2010

Exposición de monseñor Domingo S. Castagna,  arzobispo emérito de Corrientes para el AÑO SACERDOTAL 2009-2010. (AICA)


san francisco de sales 

La grandeza de Francisco de Sales.  San Francisco de Sales es uno de esos hombres que no necesitan dignidades inventadas por la sociedad - incluso por la eclesiástica - para ser grandes, les basta la santidad. “En el Reino de los cielos los más grandes no son los ministros sino los santos”, afirmaba el Venerable Juan Pablo II, haciéndose eco de un documento anterior de la Congregación para la Doctrina de la Fe. Francisco, desde su juventud, cultiva una altísima espiritualidad. Revela una imagen juvenil de difícil hallazgo en su época y en la nuestra. Los estudiosos de su desarrollo psicológico y espiritual evalúan los signos claros que lo identifican. Nos corresponde, en la línea trazada para estas semblanzas sacerdotales, detenernos en su singular carisma de hombre santo. La santidad constituye, en Francisco de Sales, la armonía y perfección de su talento, sensibilidad, excepcional capacidad de comunicación, dulzura casi celestial y enorme fortaleza. Las virtudes cristianas, llevadas al heroísmo, consolidan su personalidad humana y sacerdotal. Como lo manifestamos en las anteriores semblanzas, la continua y constante relación con Dios expresa el “amén” libre, ofrecido humildemente por los santos - también por él - a la acción de la gracia.

Elegido para el sacerdocio.  Es un santo de quién conocemos sus espirituales frutos; nos haría mucho bien seguir momento a momento el proceso de su crecimiento en la virtud. Conocemos la dura prueba a que es sometido cuando le asalta el temor de que su destino  está sellado por la tenebrosa misión de expresar eternamente la justicia de Dios en el infierno. Su ferviente devoción a María lo saca definitivamente de ese oscuro abismo. Superada la tentación elige el sacerdocio, entre múltiples y brillantes posibilidades  en el mundo.  El suyo es un sacerdocio preparado y vivido en la práctica de las virtudes y en la contemplación. De allí extrae la inspiración para un ministerio orientado a suscitar la fe y a recuperarla del error, como es el caso de la provincia de Chablais. Su juventud, enaltecida y sobrepasada por la virtud, no es óbice para que piensen en él para una responsabilidad eclesial de gran trascendencia. Es nombrado Obispo Coadjutor del Pastor de Ginebra (Annecy) a quien luego sucede. Desde entonces se lo ve moverse ágilmente, sobre todo como misionero y notable predicador. Es un hombre dedicado a su ministerio, en sus diversas formas, tanto en la Iglesia como en el mundo. Pero su gran empeño se manifiesta en la recta conducción de hombres y mujeres a la santidad. Se constituye en un director espiritual muy solicitado, hasta por su propio padre. Son proverbiales sus cartas, especialmente a su más prestigiosa dirigida: Santa Juana Francisca Fremiot de Chantal.

Aprende de Jesús a ser pobre y humilde.  Francisco de Sales sigue al pie de la letra lo que Jesús recomienda a sus discípulos: “Aprendan de mí que soy manso y humilde de corazón”. Todas las virtudes del santo, que son muchas y relevantes, encuentran, en la exhortación del Señor, su exacto sentido. Su estilo de relación con las personas, su paciencia y dulzura, se inspira en el trato íntimo y continuo con Jesús. Allí aprende y se deja modelar interiormente por el Espíritu Santo. Dios le exige un empeño que bordea el martirio oculto. En cierta ocasión es objeto del maltrato verbal, hasta del insulto, de un soberbio caballero; soporta con conmovedora paciencia a aquel señor hasta que se retira malhumorado; su secretario le pregunta: “¿Cómo ha soportado, Monseñor, tan mal trato?” La respuesta es reveladora de su temple virtuoso: “No perderé en veinte segundos lo que me ha costado veinte años de doloroso esfuerzo”. El auxilio sobrenatural para tales decisiones procede de la gracia de Cristo. Gracia que mana para quienes la beben en la contemplación, durante horas de estar con Él. Francisco es un hombre devoto: reza diariamente el Rosario completo, permanece mucho tiempo en oración, se mortifica y jamás rehúsa la atención de quienes acuden a su dirección espiritual.

Doctor de la Iglesia.  Vuelca en sus escritos lo que vive. Lo hace enseñando y abriendo senderos nuevos a sus diversos interlocutores. De esa manera reúne una rica doctrina teológica, formulada en forma inteligible, casi periodística. Es la razón por la que ha sido nombrado celestial Patrono de los periodistas. Es un Pastor de la estirpe de los Padres, particularmente de San Agustín, al dedicarse a escribir - para sus fieles - sus sermones y sus cartas de dirección espiritual. Aunque su producción teológica se halla sistemáticamente ordenada, mantiene su estilo vinculado a la experiencia personal que lo singulariza entre sus contemporáneos y toda la Iglesia.  Enseña lo que aprende, para lo cual no se aparta de una ejemplar sumisión al divino Maestro. En su corazón y en sus labios aflora, de manera constante, la Verdad que sus fieles necesitan de su ministerio. Es escuchado con devoción; su palabra es oportuna, serena y luminosa. Una abultada bibliografía ha constituido la inspiración, hasta hoy, de los mejores teólogos y maestros de la vida espiritual. San Francisco de Sales encarna la espiritualidad ofrecida a sus dirigidos, entre los que se cuentan sacerdotes, religiosas, religiosos e innumerables laicos. Es modelo vivo de lo que enseña.

Su poder de convicción.  Su santidad constituye el paradigma irrefutable de lo que predica. De tal manera que un Obispo vecino suyo, a quien había conferido la Consagración Episcopal, declara con mucha humildad: “Tengo suficiente ciencia teológica para dejar sin palabra - en disputa pública - a los herejes; pero, si pretendo que se conviertan, los mando a Francisco”.  Su extraordinaria mansedumbre y, al mismo tiempo, su clara exposición de la Doctrina de la Iglesia, lo pone en condiciones de convertir regiones enteras - a su misma Diócesis de Ginebra - a la fe católica, masivamente abandonada por causa del protestantismo. De sus enseñanzas, especialmente a sus dirigidos espirituales, se advierte que dispone de una absoluta confianza en la acción de la gracia. Su experiencia personal lo acredita y su proverbial humildad lo autoriza a convertirla  en ciencia y sabiduría. La sencillez del santo Obispo ofrece, a quienes lo observan, la visión clara de la santidad al alcance de todos. Allí él mismo, modelado por el Espíritu, traza caminos nuevos para quienes se ponen bajo  su cuidado espiritual. Cada persona constituye una respuesta inédita a la santidad. Su extraordinaria flexibilidad pastoral lo capacita para distinguir entre las personas - respetuoso como el mismo Dios - y para empeñarse en dar la luz de su propio espíritu a santos como Juana Francisca Fremiot de Chantal.

La armonía de sus virtudes cristianas.  Los santos ofrecen, desde sus experiencias, una lectura exacta y exhaustiva del Evangelio. La dulzura y mansedumbre de Francisco de Sales manifiestan el lado más expresivo de la personalidad de Jesús: es: “manso y humilde de corazón”. Las reacciones severas que ocasionalmente adopta deben ser interpretadas desde su excepcional bondad. La bondad y la verdad no se contradicen, menos en Dios. Existe una armonía perfecta entre el amor y la justicia. Cuando esa armonía se hace añicos, el amor desaparece y la justicia se pone al servicio de la venganza. La virtud constituye esa difícil “armonía”. Francisco, seguidor de Jesús, es un ser admirablemente virtuoso. Como en su homónimo de Asís es la virtud de la pobreza la expresión fisonómica de Cristo - que debe ofrecer a la Iglesia y al mundo - en el de Sales es la bondad y la mansedumbre.  La virtud es equilibrio, capaz de resolver los conflictos más enredados. Su ausencia, como se comprueba en el mundo actual, obstruye todo esfuerzo de reconciliación y de paz. San Francisco de Sales es un componedor, desde el ejemplar comportamiento virtuoso que lo distingue; de otra manera nadie hubiera contado con él para resolver los conflictos que aquejaban a la Iglesia y a la sociedad de su tiempo. El estado actual, de la Iglesia y del mundo, necesita la presencia de seres virtuosos como Francisco. Es, ciertamente, el principal desafío del sacerdote contemporáneo.

Inspira una espiritualidad sacerdotal.  El santo Obispo de Ginebra es obra de la gracia y, también, de su respuesta generosa. Dios otorga su gracia a quienes se disponen humildemente a recibirla. La vida de Francisco, especialmente el desarrollo notable de su ministerio sacerdotal y episcopal, es un constante “fiat” a la voluntad del Padre. La extraordinaria pobreza de su corazón lo pone a merced de la acción del Espíritu Santo. Él mismo lo afirma en sus consejos espirituales: “No pedir nada, no rehusar nada, a ejemplo del Niño Jesús en la cuna”. Así es su vida. No intenta, en su fecunda y pluriforme actividad, más que hacer lo que le piden quienes acuden a él. En ello advierte que es el Padre quien reclama su consentimiento. Se identifica con su Maestro, en la noche de Getsemaní y, por lo mismo, siempre en condiciones de abrazar humildemente la cruz. Los santos saben reconocerse entre ellos. San Juan Bosco lo considera el inspirador de su ministerio con los jóvenes y de los clérigos llamados a encarnar su singular carisma; de allí el nombre distintivo que adopta para ellos: “salesianos”.

Modelo actual de sacerdote santo.  San Francisco de Sales es un modelo actual de santidad sacerdotal. ¡Es impresionante la perennidad de los santos, jamás pierden actualidad! Lo importante es descubrir la esencia íntima de sus vidas. Estimo que queda mucho por decir de San Francisco de Sales. He logrado tener acceso a una extensa biografía del santo escrita por Mons. Trochu, excelente hombre de letras e historiador. Están, además, los escritos del santo, verdaderos clásicos de teología espiritual; entre ellos: “Tratado del amor de Dios”; es provechoso leerlos, como también su abultada correspondencia epistolar. Su camino, como el de Santa Teresita del Niño Jesús, es un rumbo ejemplar hacia la santidad. 

Mons. Domingo Salvador Castagna, arzobispo emérito de Corrientes


Publicado por verdenaranja @ 22:39  | A?o Sacerdotal
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