Mi?rcoles, 10 de marzo de 2010

 Carta de monseñor Juan Rubén Martínez, obispo de Posadas para el quinto domingo durante el año. (AICA)
(7 de febrero de 2010)

“nuevos sacerdotes” 

Los textos de la Palabra de Dios nos sitúan ante un tema central en la vida de cada cristiano que es la vocación. Vocación significa llamado, llamado de Dios. Es importante considerar que todos los bautizados tenemos una vocación y misión. Lamentablemente nuestro tiempo caracterizado sobre todo por el secularismo nos deja sumergidos en lo inmediato, o bien en una existencia sin sentido, donde desconocemos que todos tenemos una vocación y un proyecto de Dios y por lo tanto una misión.

En el Evangelio de San Lucas (5,1-11), que leemos este domingo, nos presenta la vocación de los primeros discípulos. En realidad el diálogo vocacional se da sobre todo con Simón Pedro. Es interesante como el texto subraya que Pedro se siente un pecador ante el llamado: “Al verlo Simón Pedro, cayó a las rodillas de Jesús, diciendo: “Aléjate de mí Señor, que yo soy un pecador”, pero Jesús lo animó diciéndole: “No temas, desde ahora serás pescador de hombres”. También en la primera lectura que leemos este domingo el profeta Isaías nos habla de su llamado-vocación. Ante la presencia de Dios él se siente “un hombre de labios impuros”, pero termina respondiendo: “Heme aquí, envíame”.

La Palabra de Dios que reflexionamos en este domingo sobre la vocación-llamado nos permite agradecer a Dios el llamado a la vida sacerdotal de tres jóvenes, los diáconos Julio Omar Centurión (de Posadas), Luis Alonso Freiberger (de Ruiz de Montoya) y Gervasio José Pincen Silva (de Apóstoles), que serán ordenados sacerdotes el próximo viernes 12 de febrero a las 20 horas en nuestra Catedral de Posadas. El agradecimiento a Dios se traduce en un profundo gozo en el Señor, ya que estas son las buenas noticias que aunque en general pasan desapercibidas, constituyen un signo de esperanza y expresan tantísimos ejemplos de nuestra juventud que tiene capacidad de amar y de donación de sus propias vidas. Este será un acontecimiento diocesano por una parte porque todos sabemos que en nuestra Diócesis “la mies es mucha y los operarios son pocos”, que el sacerdocio ministerial es un Don de Dios para nuestro pueblo. También es un motivo de agradecimiento porque estos jóvenes que serán sacerdotes son los primeros frutos de nuestro Seminario Mayor “Santo Cura de Ars”, en donde fueron formados. Desde ya queremos invitar a todo el pueblo de Dios a la Misa en que serán ordenados, y será una oportunidad de agradecer a Dios por el sacerdocio ministerial en este año en que toda la Iglesia reza especialmente por este tema.

Es cierto que cuando hablamos o rezamos por las vocaciones en general hacemos referencia a los llamados al sacerdocio o la vida consagrada, pero es importante recordar que todos los bautizados tenemos una vocación y que la mayoría del pueblo de Dios son los laicos que tienen una vocación y misión fundamental, que es la transformación de las realidades temporales, para que haya más valores evangélicos. En esta reflexión quiero subrayar la necesidad que tenemos todos de profundizar en cual es nuestra vocación. Nuestros ambientes lamentablemente no fomentan la plenificación de nuestras vidas, sobre todo la de nuestros jóvenes, desde la propia vocación y misión. El criterio casi habitual es “trabajar o estudiar en aquello que se pueda”, sin tener en cuenta las capacidades personales. Es triste encontrarse con profesionales o dirigentes sociales, políticos, docentes… que ejercen tareas, sin tener ninguna motivación profunda y menos una vocación que los mueva. Cuando pasa esto ellos mismos no terminan siendo felices con lo que hacen, y muchas veces su trabajo lo hacen mal o buscan solo réditos económicos o de poder y no sirven a los demás, buscando su solo beneficio. La vocación en general de toda persona, como imagen y semejanza de Dios nos permite ser colaboradores de Dios y constructores del mundo con nuestro trabajo y servicio. Con más razón la vocación específica que tenemos cada uno nos permite plenificarnos. Los cristianos entendemos que la vocación es un llamado de Dios y una misión. En definitiva es aquello que nos permite en el ser y el hacer servir al bien común. Hoy más que nunca necesitamos gente con vocación y la comprensión que cada vida tiene una razón de ser.

Como en el Evangelio de este domingo y el llamado de los primeros Apóstoles Pedro, Andrés, Santiago y Juan, sentimos el llamado de Dios y queremos animarnos a seguirlo cada uno desde nuestra propia vocación. No importa el lugar donde la desarrollemos, lo más importante es que todo lo que hagamos sea hecho con amor y con intensidad.

¡Un saludo cercano y hasta el próximo domingo! 

Mons. Juan Rubén Martínez, obispo de Posadas 


Publicado por verdenaranja @ 22:30  | Hablan los obispos
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