Mi?rcoles, 10 de marzo de 2010

Lectio divina para el viernes de la tercera semana de Cuaresma 2010, ofrecida por la Delegación Diocesana de Liturgia de la diócesis de Tenerife.

Lectio viernes 3º 

LECTURA:           “Marcos 12, 28b‑34”

En aquel tiempo, un escriba se acercó a Jesús y le preguntó: «¿Qué mandamiento es el primero de todos?»

Respondió Jesús: «El primero es: "Escucha, Israel, el Señor, nuestro Dios, es el único Señor: amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente, con todo tu ser." El segundo es éste: "Amarás a tu prójimo como a ti mismo." No hay mandamiento mayor que éstos.»

El escriba replicó: «Muy bien, Maestro, tienes razón cuando dices que el Señor es uno solo y no hay otro fuera de él; y que amarlo con todo el corazón, con todo el entendimiento y con todo el ser, y amar al prójimo como a uno mismo vale más que todos los holocaustos y sacrificios.» Jesús, viendo que habla respondido sensatamente, le dijo: «No estás lejos del reino de Dios.» Y nadie se atrevió a hacerle más preguntas.

MEDITACIÓN:          “Amarás”

            En mi camino cuaresmal hoy me dejas el mensaje central. Todo lo que puedas decirme en cualquier otra circunstancia será una consecuencia de este único mandamiento, que se desdobla en dos, como las dos caras de una misma moneda, no se pueda dar el uno sin el otro. Juntos conforman el sentido de la vida de todo el que quiere identificarse como tu discípulo, de mi vida.

            Pero no me los dejas sin más. En cada uno me señalas como un modo o una referencia. El amor a ti no consiste sólo en amarte mucho. Es amarte con toda la totalidad de mi ser, de mi esencia, de mi existencia,  y eso dicho así suena muy bonito, es una totalidad que habla de culmen, y eso me interpela, porque me vuelve a recordar que es un amor que tengo que hacer consciente en cada momento, y pasando por encima de todas las circunstancias, de todas las situaciones y de todas las personas. Y, por supuesto, no es una exclusividad que ponga a los otros en inferioridad de condiciones, en un segundo plano, la segunda parte del mandamiento me lo aclara.

            Porque, cuanto más pleno sea mi amor a ti, más garantizado estará mi amor al prójimo, que se hará más incondicional, más sin condiciones. Y me gusta también el matiz, el modo, o la comparación: un amor que tiene que estar a la altura del amor a mí mismo. No, no significa un amor egoísta, sino un amor que me permite valorarme y amarme como tú lo haces, desde mi verdad, rica y limitada, sabedora de que siempre hay un más. Entender eso en mí es camino para entenderlo en los demás y volcar, sobre todos, sobre ellos y sobre mí, que soy el primer prójimo de mí mismo, la fuerza de tu amor incondicional.

ORACIÓN:           “El don de mis gestos”

            Ya sé, Señor, que mi amor dista mucho de esa totalidad, pero te agradezco la llamada, la comparación. Me recuerdas que el amor es algo real, vital, que el amor a ti no se pierde en la teoría ni en las esferas de una espiritualidad etérea, que tu amor camina de la mano de mi amor, hacia mí y hacia mi prójimo, como fuerza portadora de bien.

            Conozco muchas de mis limitaciones, no te puedo decir que todas, porque a veces me sorprendo a mí mismo en mi capacidad de cometer torpezas, en mi capacidad de herir incluso cuando no lo había pretendido. Te doy las gracias por recordarme, una y otra vez, que el amor cuanto más divino es más humano, y cuando más humano más divino. Adéntrame en la experiencia gozosa del amor sin límites que despierte el don de mis gestos.

CONTEMPLACIÓN:           “Me amas”

Me amas, Señor,
me gusta escucharlo
y necesito decirlo.

Me amas
no sólo con el sentimiento.

Me amas
con la entrega de tu vida.

Me amas
con tu cercanía,
con la fuerza de tu palabra,
con el calor de tu esperanza.

Y el susurro de tu ternura
Y así quieres que ame,
con mi palabra,
con mi entrega,
con mi mano tendida,
con mi ternura,
con mi cercanía.


Publicado por verdenaranja @ 22:42  | Liturgia
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