Viernes, 12 de marzo de 2010

Homilía de monseñor Marcelo Daniel Colombo, obispo de Orán en la misa celebrada con motivo del primer aniversario del alud en la localidad de Tartagal. (AICA)
(Tartagal, 8 de febrero de 2010)

primer aniversario del alud en tartagal
 

Mis queridos hermanos y hermanas,

Hemos escuchado el Evangelio donde el Señor nos invita a considerar con el mayor respeto la vida humana y a no perdernos en consideraciones que parecen religiosas, pero que no lo son cuando subordinan a meras prácticas de un culto vacío, la vida y la dignidad del ser humano. Lejos de mirar a Jesús con el ojo sano del que quiere dejarse enseñar por el Maestro, estos hombres buscan emboscarlo en sus manipulaciones y consideraciones falsamente espirituales. Y Jesús se revela como el hombre libre que da la vida plena al hombre, que viene a traerle una buena noticia. Los discípulos de Jesús escandalizan a estos fariseos porque se muestran como hombres sencillos que van entendiendo el Mandamiento del Amor y quieren vivirlo en todas sus dimensiones. El Maestro vive entre ellos y entonces saben en quién, ellos han puesto su confianza. 

1.   ¿Por qué Dios?

A un año del alud, el Señor nos convoca en esta misa a recordar a las víctimas y los dolores y penas de la ciudad de Tartagal y su gente, a agradecer por la pronta intervención de tantos hombres y mujeres que se pusieron al servicio de sus hermanos y hermanas, y a pedir para que se superen con la mayor prontitud aquellas consecuencias negativas y dañosas que todavía hoy permanecen de aquella terrible ocasión. Especialmente quiere recordar agradecido a las Cáritas de las tres parroquias tartagalenses y a Cáritas Nacional que prontamente se hizo presente con recursos y capacitando a nuestros voluntarios.

Podríamos preguntarnos por qué Dios permite estas cosas, si no fuera porque sabemos conscientemente que  es el hombre, quien se ha encargado de destruir el hábitat con que el Creador nos ha dotado.

Nuestra región, de una belleza natural sin par, con recursos abundantes,  se ha visto modificada sustancialmente por la mano del hombre, a través de la tala indiscriminada de árboles y las masivas perforaciones, entre otras acciones nocivas, a las que deben sumarse en materia de salud, por ejemplo las agresivas fumigaciones, la masiva utilización de PCV en los transformadores eléctricos, la generalizada contaminación del agua, la multiplicación de quemas de residuos cercanos a ríos y arroyos,  que ponen en riesgo la vida de nuestro Pueblo.

A la pregunta más inmediata y fácil, “¿por qué Dios?”, debemos responder con esta otra más atinada, a los verdaderos responsables, “¿Por qué el hombre?”. 

En su Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz, el Papa Benedicto nos urgía precisamente con palabras de fuego para nuestro corazón: Si quieres promover la paz, protege la creación.  Con claridad meridiana nos enseñaba:

El respeto a lo que ha sido creado tiene gran importancia, puesto que «la creación es el comienzo y el fundamento de todas las obras de Dios», y su salvaguardia se ha hecho hoy esencial para la convivencia pacífica de la humanidad. En efecto, aunque es cierto que, a causa de la crueldad del hombre con el hombre, hay muchas amenazas a la paz y al auténtico desarrollo humano integral —guerras, conflictos internacionales y regionales, atentados terroristas y violaciones de los derechos humanos—, no son menos preocupantes los peligros causados por el descuido, e incluso por el abuso que se hace de la tierra y de los bienes naturales que Dios nos ha dado. Por este motivo, es indispensable que la humanidad renueve y refuerce «esa alianza entre ser humano y medio ambiente que ha de ser reflejo del amor creador de Dios, del cual procedemos y hacia el cual caminamos».

Nos hemos empeñado en destruir nuestro mundo. Las consecuencias están inevitablemente a la vista. Tartagal es un doloroso escalón en este absurdo descenso al infierno en la tierra. Lo que el Creador sembró como gracia y don para todos, la belleza de la naturaleza, la vida de nosotros sus hijos, el agua como un bien de inestimable valor, terminan siendo bienes escasos, propiedad de algunos que condenan a sus hermanos a la muerte inevitable. Y nosotros los cristianos estamos con la vida, queremos la vida. 

2. Una agenda ecológica urgente: Renovar la alianza entre el hombre y el medio ambiente.

Desde Tartagal y para toda nuestra región, abarcada en el mapa diocesano, los Departamentos de Orán, Rivadavia, San Martín, y Santa Victoria Este, les pedimos a todos los que tienen en sus manos la posibilidad de actuar con consecuencias favorables para nuestra gente, la inmediata apertura de una agenda ecológica, imprescindible para atenuar el impacto de los daños ambientales ya presentes y múltiples entre nosotros.

No soy un técnico en esta materia, simplemente un ciudadano con responsabilidades especiales por mi condición de pastor de un Pueblo, en una sociedad que se reconoce y quiere ser profundamente cristiana. Por eso, solamente como una indicación de algunas medidas posibles para evaluar y discernir, para discutir e implementar, me permito proponerles un decálogo de posibilidades que Uds. con mayor formación específica, tendrán que analizar y discernir:

  1. Una mayor proactividad en la gestión de gobierno en materia ambiental, por parte de los intendentes municipales y sus colaboradores, así como de los concejales. Años atrás se decía utópicamente “la imaginación al poder”, hoy más que nunca les pedimos un sentido creativo de su propia labor, una capacidad de sobreponerse a intereses propios, que no debieran existir, y sectoriales, en la comprensión de su altísima misión, preocupación para que nuestra gente, criollos y pueblos originarios, no emigre en busca de un futuro incierto, a lugares lejanos, sino que orgullosa de su tierra, de su historia, de su vida, pueda quedarse a construir aquí esa patria soñada. Les pedimos una creatividad bien concreta, puesta al servicio, en particular, de los pobres, para que cada familia tenga lo que necesita para vivir dignamente. Eso también implica, entre otras cosas, presencia efectiva de los municipios en las discusiones del tema “Agua”, junto a la provincia y la empresa proveedora.
  2. No deben erigirse asentamientos en zonas bajas y aledañas a basurales, sino que conforme a la lógica más elemental y a las disposiciones legales sobre loteo, deben garantizarse a las viviendas de los más pobres, espacios sanos donde asegurar la división en calles, con acceso al agua y la luz.
  3. Alejar de las concentraciones urbanas Canales, electroductos, distribuidoras de gas, cableados de servicios y transporte. Sustituir además, la metodología del PVC por otras más modernas.
  4. Garantizar la eficacia de la depuración del agua. Aplicar bien los métodos sencillos que en el pasado se han conocido y han sido eficaces y que se han distorsionados por distintos motivos. No puede ser que las lagunas-plantas depuradoras,  constituyan reservorios de paso del líquido cloacal.
  5. El establecimiento de quemas y basurales regionales, en vistas a reducir la presencia de los múltiples ya existentes y lejos de los cauces de agua. En ellos se tratará la basura y sus lixiviados, mediante métodos convencionales, propendiendo al reciclado de lo utilizable. Las trincheras deben tener sus fondos impermeabilizados para evitar la contaminación de las napas superficiales. Educar para la diferenciación de residuos y la mejor reutilización de los mismos, es una cuestión elemental de supervivencia.
  6. Los municipios deben controlar estrictamente una contravención común: que los desagües pluviales domiciliarios se evacuen por las cañerías de cloacas. Ello provoca que en las viviendas de zonas bajas, afloren por sus rejillas, piletas, bañeras e inodoros, líquidos cloacales extraños. También que las aguas negras, los días de lluvia inunden  calles y plazas.
  7. Un diagnóstico urgente de la situación real de montes y especies arbóreas, y la determinación de medidas que eviten la tala no sólo de especies en extinción, sino también la depredación del resto de los árboles lo cual lo convierten nuestras zonas en verdaderos páramos desérticos. Se pide además que se respeten aquellas decisiones judiciales que se han adoptado en este sentido sin tergiversaciones ni rebuscadas maniobras que buscan evitar su aplicación.
  8. Les pedimos a los señores Intendentes que, teniendo en cuenta  el extenso límite con Bolivia, es imprescindible que procuren que existan -y si existen que se cumplan- convenios binacionales. Aunque no sea a este nivel municipal, la toma de las decisiones, es importante bregar para que se tenga en cuenta que el manejo de las aguas y los desmontes son de una importancia definitoria en la zona (Caraparí, Pilcomayo y Bermejo).
  9. Es necesario un censo de la realidad de la región, donde se establezcan, fehacientemente: situaciones de riesgo ambiental, problemas de salud más frecuentes (como gastrointestinales y respiratorios), la falta de provisión de agua de red, la carencia de desagües cloacales a red, las personas con residencia alejada de hospitales o de establecimientos de salud,  casas o viviendas con superficies inundables, cantidades de personas que habitan cerca de basurales y de establecimientos industriales con riesgo de contaminación y el índice de mortalidad infantil.
  10. La adopción de medidas concretas y complementarias: la sustitución de las no fácilmente degradables bolsas de polietileno, por otras de materiales reciclables, la sustitución de pilas operadas por los mismos vendedores quienes reciban las ya utilizadas contra la entrega de las nuevas, como está legislado en otros puntos del país…


    Mis queridos hermanos y hermanas, como señala el Papa Benedicto nos urge restablecer la alianza entre el hombre y el medio ambiente, entre la Humanidad y la Creación.  Desde Tartagal, desde esta escuela de dolor que nos ha enseñado a renacer de situaciones penosas a consecuencia del desastre, queremos compartir con nuestros hermanos de toda la diócesis, y de todo el país, algunos elementos que nos permitan volver a sentir a ésta, nuestra casa, como el don que Dios ha querido dar a todos sus hijos para vivir en ella y ser felices.  

Mons. Marcelo Daniel Colombo, obispo de Orán


Publicado por verdenaranja @ 23:00  | Homil?as
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