S?bado, 13 de marzo de 2010

Mensaje de monseñor Carlos José Tissera, obispo de San Francisco, para la Cuaresma 2010. (AICA) 

“Tu Padre, que ve en lo secreto,
te recompensará” (Mt. 6,4)

Hermanas y hermanos:

Iniciamos la Cuaresma. Cuarenta días de intensa preparación para la gran celebración de la Pascua: la Muerte y la Resurrección del Señor Jesús. Durante este tiempo la Palabra de Dios ocupa un lugar privilegiado en la comunidad cristiana, en el corazón de cada uno, invitándonos con las palabras de Jesús: “conviértete y cree en el Evangelio”. Creer que Él ha muerto y resucitado para nuestra salvación.

Jesucristo, sólo Él, por la fuerza de su Espíritu, puede convertirnos en verdaderos hijos de Dios. Él nos libera de las ataduras de nuestros pecados, todo tipo de pecado que nos encierra en nosotros mismos y nos aleja de Dios y de los hermanos. Esa es la Pascua de Cristo en nosotros. Es el “paso” de las tinieblas a la luz, del pecado a la gracia, del egoísmo al Amor. Esto es lo que produce el encuentro con Jesús. Es encuentro con la plenitud de Vida y de Amor que deseamos desde lo hondo de nuestro ser. Por primera vez Él sale a nuestro encuentro en el Bautismo, que todos renovaremos en la Noche Santa de la Pascua. Y a lo largo de nuestra vida, como en cada Cuaresma, el sigue buscándonos para ese encuentro.

Ese encuentro con Jesús requiere nuestra disposición, nuestra libre determinación. Como medios eficaces para ello, la Iglesia nos recuerda los que Jesús mismo recomendó en el Sermón de la Montaña: la limosna, la oración y el ayuno. Y nos advierte en no hacerlo para ser vistos por los demás, para buscar el halago y la complacencia. Y aclara, como en el caso de la limosna: “que tu mano izquierda ignore lo que hace la derecha”; y por tres veces repite: “y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará”. (Cfr. Mt. 6, 1-6.16-18)

Cuaresma es el tiempo de la misericordia y la compasión, que contemplamos en el Señor Crucificado por amor. Siendo compasivos y misericordiosos, nos vamos identificando con su Pascua. ¿Quién no se ha sentido conmovido al ver el sufrimiento de nuestros hermanos de Haití? Para no quedarnos en el lamento y el comentario, ni siquiera en la sola oración, creo que nos podemos unir, como Diócesis de San Francisco, en un gesto de amor compasivo: una colecta de dinero para aliviar, en algo, sus necesidades más urgentes.

Por ello, invito a cada Cáritas Parroquial de la Diócesis, que del modo que lo vean conveniente con sus sacerdotes, se realice esta Colecta Pro-Haití, en el ámbito de la Parroquia, durante todo el tiempo cuaresmal.

Para Semana Santa, Cáritas Diocesana se encargará de recibir lo recolectado, para enviarlo inmediatamente a Cáritas Nacional, que ya tiene organizada la ayuda al Pueblo de Haití.

Esta ofrenda fraterna ha de brotar de nuestro corazón enardecido de amor en la intimidad de la oración, y fortificado en el desprendimiento de la abstinencia y del ayuno.

Este gesto nos ayuda a vivir lo que decimos en la Oración preparando el Jubileo de nuestra Diócesis: “Jesús, enviado del Padre: danos un corazón misionero, que sea capaz de mirar y amar sin fronteras, con la misma sensibilidad por los pobres y excluidos que Vos tuviste”.

Descarto la generosidad y la buena disposición de todos los agentes pastorales y de todas las personas de la Diócesis de San Francisco.

Maria Santísima, al pié de la Cruz, Madre de la Esperanza, nos acompañe en este camino cuaresmal.

Para todos, mi afecto y bendición.

Mons. Carlos José Tissera, obispo de San Francisco
San Francisco, 9 de febrero de 2010 


Publicado por verdenaranja @ 22:52  | Hablan los obispos
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