Jueves, 18 de marzo de 2010

Subsidio litúrgico para el domingo quinto de Cuaresma - c 2010, ofrecido por el Área de Pastoral Social de la Diócesis de Tenerife.

CELEBRACIÓN DEL DOMINGO 5º DE CUARESMA  -  Ciclo C
21 de marzo de 2010

MONICIÓN DE ENTRADA

Hermanos y hermanas:

Si en nuestra vida nos ponemos como meta el cumplimiento de la ley, de manera literal, seremos incapaces de abrir caminos  nuevos, estaremos siempre mirando al pasado.
En Cristo se nos abren siempre nuevos caminos. Él es el Camino, todo lo hace nuevo. Del corazón de Cristo que es todo misericordia, brota el dinamismo  renovador. Su novedad consiste en preferir la misericordia al sacrificio. Él nos invita a ver a toda persona como misterio que transciende la letra de los preceptos y las leyes.
En el Evangelio de hoy, Jesús nos conmueve. Nos conmueve al contemplar que el Justo que va a ser condenado injustamente nos juzga, no condena. Nos conmueve verlo escribiendo con el dedo sobre el suelo, quizás mostrándonos que la oración y la enseñanza que nos había mostrado poco antes, se iba a concretar en un gesto arrebatador. Conmueve darnos cuenta que muchas veces nos dejamos llevar por juicios fáciles y condenamos a las personas por hechos de los que quizá no han sido culpables. Cuando conocemos a Dios todo cambia. 
 Asistimos a un diálogo conmovedor entre Jesús y la mujer adultera.  Son muchas las lecciones que podemos aprender de esta narración. Una de ellas y muy importante para nuestra sociedad actual, sería la de no juzgar, la de no condenar a nadie porque ninguno estamos libres de pecado.
Comencemos la celebración de la Eucaristía dispuestos a dejarnos transformar por la acción de Dios que se hace misericordia en Jesús
Nos ponemos de pie para recibir cantando al sacerdote que va a presidir  la celebración.

ACTO PENITENCIAL

Ante el Señor todos somos pecadores e imperfectos, reconocerlo es recobrar nuestra dignidad de hijos suyos. Él nos ofrece un perdón ilimitado. Con esta confianza acudimos a Él arrepentidos.

Tú, Jesús, que quieres cambiar nuestro corazón de piedra, por un corazón sensible. ¡Señor, ten piedad!
Tú, que quieres levantar nuestra dignidad caída. ¡Cristo, ten piedad!
Tú, que no quieres que juzguemos ni condenemos a los demás. ¡Señor, ten piedad!

El Señor, que nos alegra con su comprensión y su perdón, nos lleve a la vida eterna.

MONICIÓN A LA PRIMERA LECTURA

         Dios que abrió caminos en el mar, puede abrir caminos en el desierto. Y, también, el que humilla a los orgullosos y soberbios, puede levantar los corazones caídos. Dios no se repite. Él hace nuevas todas las cosas, siempre para salvar y liberar. ¿Lo conocemos de verdad?... Conocer a Dios es experimentar su amor liberador, su misericordia. Escuchemos con atención al profeta Isaías. 

MONICIÓN A LA SEGUNDA LECTURA 

         Cuando conocemos a Dios, todo cambia. Nuestra liberación plena es encontrarnos con Jesucristo. Pablo, desde que se dejó encontrar por Cristo, ya no miró hacia atrás y comenzó su carrera apasionada para seguirle. Escuchemos la experiencia del Apóstol. 

MONICIÓN AL EVANGELIO 

         Jesús se muestra como el testigo de la misericordia. Le presentan a una mujer sorprendida en adulterio y  no le aplica el peso de la Ley. Con su Palabra liberadora, le muestra un camino nuevo a seguir y cuestiona a los acusadores. Dejémonos interrogar sobre nuestras actitudes y acojamos su misericordia.

 ORACIÓN DE LOS FIELES

Oremos al Señor, nuestro Dios, que no quiere juzgarnos sino liberarnos. A cada súplica respondemos: Escúchanos, Padre.

1.- Jesús dice a la mujer: “Yo tampoco te condeno”

Para que la Iglesia sea a los ojos del mundo signo de esperanza, acogiendo a todos, animando y consolando. Roguemos al Señor.

2.- Los judíos dicen: "La ley de Moisés nos manda apedrear a la adúltera".

Para que nuestra sociedad, injusta e hipócrita, que busca lo que escandaliza y fomenta lo que luego condena, asuma su culpa y procure el remedio. Roguemos al Señor.

 3.- La gente dice: "Esta mujer ha sido sorprendida en claro adulterio".

Para que denunciemos toda injusticia o hipocresía contra las mujeres que se sienten despreciadas, maltratadas, amenazadas, discriminadas, asesinadas, y defendamos siempre la dignidad e igualdad propia de los hijos de Dios. Roguemos al Señor.

4.-  Jesús dice a la gente: “El que esté sin pecado, que tire la primera piedra".

Para que no nos creamos mejores que otros, ni nos convirtamos en jueces de los demás, sino que  aprendamos de Jesús a ser comprensivos con todas las personas. Roguemos al Señor.

Para que en esta Cuaresma, todos nosotros pasemos del simple lamento ante los problemas que vivimos  a preguntarnos qué  podemos hacer por los demás. Roguemos al Señor. 

5.-   Hoy celebramos el día del Seminario en nuestra Diócesis:

Para que nuestros seminaristas, tengan experiencia de encuentro con Jesucristo que transforme sus vidas,  sin mirar hacia atrás, como hizo San Pablo. Roguemos al Señor.

Para que todos ellos tengan el apoyo generoso de toda la comunidad y el acompañamiento lúcido de sus formadores. Roguemos al Señor.

 Señor, Dios nuestro, ábrenos a la esperanza. Por Jesucristo, nuestro Señor.

OFRENDAS

Piedras y flores:

Presentamos estas piedras y estas flores, que el Señor nos ayude a transformar “nuestras piedras de agresividad y condena” en flores de acogida, perdón y misericordia con todas las personas.

Estola morada

La estola es signo del sacramento del perdón. Con ella presentamos hoy nuestra disposición para recibir el perdón del Señor y para perdonar siempre.

Pan y vino

Como este pan y vino pronto se transformarán y serán signo de Jesucristo, nosotros queremos experimentar el encuentro con Jesucristo, dejarnos transformar por Él y ser  testigos de su amor y misericordia  en nuestros ambientes.

ACCIÓN DE GRACIAS

Te bendecimos, Padre,  porque en Jesús de Nazaret dejaste al descubierto la hipocresía que nos corroe  por dentro.

Te damos gracias, Jesús, por la lección que nos has dado con tu gesto de perdonar y devolver la dignidad a la mujer  en el Evangelio de hoy.

Gracias, Espíritu Santo porque nos acompañas siempre y nos ayudas a experimentar el amor generoso y misericordioso del Padre y  a  hacerlo vida en nosotros cada día, dejando de ser fiscales aficionados y baratos de los demás.


Publicado por verdenaranja @ 10:48  | Liturgia
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