Domingo, 21 de marzo de 2010

Lectio divina para el martes de la quinta seman de Cuaresma 2010, ofrecida por la Delegación Diocesana de Liturgia de la diócesis de Tenerife.

Lectio martes 5º

 

LECTURA:           “Juan 8, 21‑30”

En aquel tiempo, dijo Jesús a los fariseos: «Yo me voy y me buscaréis, y moriréis por vuestro pecado. Donde yo voy no podéis venir vosotros.»

Y los judíos comentaban: «¿Será que va a suicidarse, y por eso dice: "Donde yo voy no podéis venir vosotros"?»

Y él continuaba: «Vosotros sois de aquí abajo, yo soy de allá arriba: vosotros sois de este mundo, yo no soy de este mundo. Con razón os he dicho que moriréis por vuestros pecados: pues, si no creéis que yo soy, moriréis por vuestros pecados.»

Ellos le decían: «¿Quién eres tú?»

Jesús les contestó: «Ante todo, eso mismo que os estoy diciendo. Podría decir y condenar muchas cosas en vosotros; pero el que me envió es veraz, y yo comunico al mundo lo que he aprendido de él.»

Ellos no comprendieron que les hablaba del Padre. Y entonces dijo Jesús: «Cuando levantéis al Hijo del hombre, sabréis que yo soy, y que no hago nada por mi cuenta, sino que hablo como el Padre me ha enseñado. El que me envió está conmigo, no me ha dejado solo; porque yo hago siempre lo que le agrada.»

Cuando les exponía esto, muchos creyeron en él.

MEDITACIÓN:           

            Sí, es verdad, yo soy de aquí abajo, a veces de muy abajo, y no soy capaz de mirar más allá de a ras de tierra. Lo malo es que muchas veces pienso que las cosas sólo se pueden ver desde esa perspectiva, chata, rastrera, y termino viendo todo raquíticamente, las personas, los acontecimientos, a mí mismo.

            Tú me abres una y otra ves el horizonte. Te empeñas en mostrarme la grandeza de las cosas, el misterio profundo que late en ellas, en el hombre, en la historia, en mí mismo. Y, aunque me cueste, necesito tener ese horizonte abierto. Necesito saber que todo es mucho más rico y profundo que lo que veo y que lo que tratan de enseñarme muchos, que como yo tienen la vista y el corazón encogido. Necesito y quiero abrirme a toda esa riqueza, a toda esa verdad que late en el corazón de todo hombre, porque tú lo has puesto en él.

Tú te has manifestado como el hombre más libre de todos al mismo tiempo que te manifestabas no haciendo nada por tu cuenta, sino aquello que el Padre te decía. Y así nos enseñas que la referencia, la “dependencia” de Dios no hace esclavos, no hace alienados ni seres dependientes, sino auténticos hombres libres, capaces de poner su vida al servicio de los otros, en una actitud liberadora que lleva hasta las últimas consecuencias. La dureza del corazón humano me confirman tus palabras, por eso tu llamada a la conversión me seduce. Y la necesito.

ORACIÓN:            “Ábreme a ti”

           Señor, levántame de mi suelo. Enséñame a ver el tesoro escondido en mi corazón que me habla de tu verdad, de tu amor, del amor limpio y transparente a todos.

            Dame ojos profundos y limpios para ver la grandeza y dignidad de todo ser humano, de la mía propia, y que sea capaz de contribuir a defenderla siempre.

Ábreme a ti y a tu palabra. Que descubra en ella toda la fuerza liberadora que posee, para mí y para los demás. Que ella me permite romper las amarras de todo lo que me aprisiona y no me deja ser yo mismo, todo lo que anula el señorío de mis opciones. Porque sólo en ti late la verdad profunda de lo que somos y de lo que estamos llamados a ser para hacer un hombre y un mundo más humano y humanizador.

CONTEMPLACIÓN:          “Eres mío”

Te veo levantado ante mí,
tu mirada noble
que me habla de perdón.

Tus brazos abiertos,
dispuestos a acogerme,
tus labios entreabiertos
que me dicen:
Eres mío.

Y yo en mi desconcierto,
e inmerso en mis ataduras,
elevo temblorosa mi mirada,
envuelto en mi propia duda.

Y siento el deseo
de arrojarme a ti,
con todas mis fuerzas,
para fundirme contigo,
y dejar que mi corazón,
lata , un instante,
al ritmo de la locura del tuyo.


Publicado por verdenaranja @ 22:28  | Liturgia
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios